lunes, 24 de agosto de 2009

De qué cooperativismo hablamos

(Primera entrega)

“Haciendo juicio de valor debemos tener en cuenta que son únicamente los principios cooperativos los encargados de amalgamar lo económico con lo social; por lo tanto, en la medida en que no sean saldadas las viejas cuentas de la sociedad, en la medida en que la justicia social y la solidaridad sigan siendo sólo un objetivo a cumplir, y en la medida en que el disfrute del progreso y la tecnología no sean un justo bien de los pueblos, la cooperación como transformadora de la sociedad seguirá teniendo plena vigencia”.


Segundo Camuratti



Posiblemente el paso del tiempo corra mas velozmente de lo que querríamos, pero hay que aceptarlo porque por otra parte tampoco existe la posibilidad de no hacerlo; pero lo que no podemos ni debemos hacer es ignorar los hechos acontecidos en su transcurso.

Solemos leer algunos artículos sobre la cooperación, que analizan tangencialmente el comportamiento que ésta adquiere a través de parámetros que no se condicen con la realidad llevando por ello a confundir el centro de la cuestión.

Por lo tanto, cuando tenemos que hablar sobre la cooperación, nada mejor que examinar de donde surgieron los elementos propios que le fueron dando vida, y la ubicaron dentro de la sociedad con la presencia que hoy tiene y las distintas corrientes que la componen.

Como toda propuesta o creación del o los individuos, cuando se ponen en marcha ideas con objetivos direccionados a construir determinados hechos, estos casi nunca han logrado conservar el contexto inicial ni la unanimidad de criterios sobre el fin de lo que se pretendía concretar.

Por lo tanto para hablar de cooperativismo no podemos partir de una foto o de acontecimientos producidos en determinada época, que si bien pueden marcar a fuego un momento en el punto de partida de un modelo, no fueron por si la primera semilla germinada.

La mayoría de quienes trataron y siguen tratando los orígenes de la cooperación parten, si se quiere, del hecho gestado por los Pioneros de Rochdale en 1844.

Pero si retrocedemos el análisis en el tiempo anterior a Rochdale, nos vamos a encontrar que la cooperación fue aplicada, tal vez con distinto éxito, es cierto, pero con las mismas intenciones, por generaciones previas a esa fecha. Más aún, podríamos decir que siempre existió, de manera inmanente en menor o mayor medida en la humanidad.
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Posiblemente por ello, no es tenido en cuenta que hubo otros actores importantes en la historia de la cooperación, que merecen ser considerados en esta etapa que pretendemos transitar, que no aspira a cumplir un papel revisionista, pero sí llevarnos a las fuentes buscando el origen de los hechos.

Las duras condiciones de vida implantadas por la revolución industrial en el siglo XVlll y la gran injusticia social que generó ese hecho estimularon una nueva forma de pensamiento igualitario, encarnado y difundido de alguna manera por aquellos que en determinado momento fueron denominados como socialistas utópicos, basados en la obra utópica de Tomás Moro. (1)

Llamados así por su romanticismo e idealismo, concebían una sociedad perfecta de la cual debían participar todos los hombres y mujeres sin excepción, donde el humanismo, lo moral, lo ético y la solidaridad fuesen el modelo, agregando a esto como esencial la necesidad de la propiedad común. En esos claros conceptos podemos encontrar las bases sustentables de la cooperación.

(1) Uno de los ganados por las influencias de esta corriente europea, Esteban Echeverria, fue quien las trajo a nuestro país alrededor de 1830.
(Continuará)

jueves, 6 de agosto de 2009

La integracion horizontal de las cooperativas

El agrupamiento o integración de las cooperativas, según se de el caso, es la herramienta mas adecuada para contribuir por distintas vías a resolver necesidades particulares o conjuntas de las entidades y a la vez de la sociedad a través de solventar proyectos de desarrollo locales y también regionales en el actual sistema económico y social para mejorar los servicios y el beneficio de la membresía de las mismas.

Si partimos de la base del séptimo principio de la cooperación que incorpora el “interés por la comunidad” dentro del quehacer cooperativo, planteado por la Alianza Cooperativa Internacional en su Congreso centenario de 1995, entendemos que la actividad de la cooperativa no debería terminar resolviendo solo la necesidad de la membresía como un fin en si mismo, sino además trascender por acción o reflejo actuando por el bien común de la sociedad.

Por lo tanto debe entenderse que el factor colectivo de la cooperación como motor de desarrollo en distintas actividades, enriquece y fortalece no solo la producción de los hechos sino que colabora en la tarea de creación que necesita el ser humano para progresar en todos los niveles mejorando su calidad de vida.

Esto no es nuevo, en los Principios Cooperativos del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos aprobados por la entidad en 1.966 ya se decía: “Conciben, como objeto primordial de la cooperativa, la satisfacción de las necesidades económicas, sanitarias, educativas y culturales de sus asociados en beneficio de la comunidad”.

Entrando en el tema podemos decir que era una necesidad, porque así lo han demostrado las experiencias hasta el presente, que las cooperativas se integren verticalmente de acuerdo a las distintas ramas que las comprenden en entidades de segundo grado, para lograr y asegurar el desarrollo de la especificidad que representan a través de la economía de escala, ya sean estas propias de la actividad económica que realizan, o en defensa del régimen legal que las encuadra.

Pero la globalización por su gravitación ha instalado un nuevo escenario dentro del contexto de la economía social, con metodologías de mercado que en muchos casos distorsionan la función de las cooperativas, haciendo que esa integración vertical ya no alcance a resolver la ecuación para lo cual se constituyó.

Por lo tanto el movimiento cooperativo para sostener su presencia e incidencia dentro de la sociedad, tiene que modificar actitudes y adecuar su funcionamiento a la realidad actual sin abandonar el sentido solidario de su propuesta, incorporando tres elementos esenciales: el federalismo como instrumento ejecutor del agente colectivo; la aceptación “sine qua non” de la diversidad ideológica en sus núcleos de dirección como organismos prácticos de convivencia institucional, y la integración horizontal de las cooperativas en sus distintas ramas, permitiendo la sinergia que facilite el desarrollo conjunto de servicios que se ajusten no solo a las necesidades locales sino también al fomento regional, construyendo un sistema transversal cooperativo que conservando su pureza doctrinaria colabore en la solución de problemas, que por su importancia, trascienda a la posibilidad de alguna cooperativa en particular como tema especifico.

Esta integración horizontal no puede ni debe inquietar de ninguna manera la función de las entidades de segundo grado, sino que tiende a ampliar el espectro de complementación cooperativa que habrá de reforzar la presencia del acto solidario en los distintos ámbitos en que actúe.

Puede que estas consideraciones necesiten la apertura de un debate amplio para que puedan ser comprendidas, pero es bueno tener en cuenta que el desafío que debe enfrentar el movimiento cooperativo en esta etapa de cambios, merece el aporte de innovaciones que lo adecuen a la hora actual sin perder su esencia solidaria y su capacidad de servicio dentro del sector de la economía social.






miércoles, 22 de julio de 2009

Proyeccion solidaria del ideario Sanmartiniano

Con motivo de cumplirse en el mes de agosto un nuevo aniversario de la muerte del Gral. Don José de San Martín, queremos evocarlo porque la importancia del tema lo amerita sumándonos por este medio al homenaje que el país le tributa permanentemente, haciendo conocer algunos aspectos de su personalidad – dignos de tener en cuenta - encarnados en su gestión libertadora.
El procerato del Gral. San Martín en la historia argentina consagra una vocación puesta en el fundamental propósito de conquistar una patria libre e independiente para su pueblo.
Ese objetivo imperecedero de los argentinos de todos los tiempos –cualesquiera fuesen las circunstancias – se condice con el ideario expresado desde siempre por el movimiento cooperativo.
Guardián de las fronteras de la joven República, fiel custodio de la soberanía nacional y paladín de la libre determinación, la ejemplar trayectoria del Libertador de América constituye una prenda de invalorable vigencia que en un nuevo aniversario de su muerte, queremos poner en consideración de la sociedad argentina a través de la opinión pública en general.
En la coyuntura nacional e internacional harto difícil en que le toca estructurarse, el ejército sanmartiniano puso sus miras en el desarrollo de la riqueza vernácula, y en procurar su constitución y posterior mantenimiento mediante aportes equitativos de acuerdo a la condición social de cada uno de los contribuyentes.
Ese pensamiento de honda raigambre solidaria le confieren el mérito de adalid de “la idea intuitiva de la cooperación” en la configuración de sus planes, según lo sostiene en su biografía el General Bartolomé Mitre.
Su aporte sustantivo a la Declaración de la Independencia constituye otro inalienable galardón al que debe sumarse el perfil consecuentemente democrático de su pensamiento y de su acción expuesto en la proclama de Agosto de 1822 al pueblo de Chile, hace precisamente 187 años cuando manifiesta, “que mis promesas para los pueblos que he hecho la guerra están cumplidas: hacer su independencia y dejar a su voluntad la elección de sus gobiernos”.
Las inquietudes de este singular arquetipo apuntan a la unidad de acción a través de la integración de todos los sectores, ratificando otro de los principios fundamentales del movimiento cooperativo.
Es propicia la oportunidad al concluir esta adhesión conmemorativa, reproducir la frase final de la Declaración emitida por el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos en 1978, al evocarse el bicentenario de su nacimiento. “El mandato y el ejemplo concretos de San Martín son invulnerables y siempre vigentes. Solo el esfuerzo y el trabajo común y cotidiano – en este caso el de las organizaciones cooperativas – con la razón y el sentimiento puestos en una Argentina de ascendente proyección futura podremos ofrecer a nuestro país, a la América y al mundo, el autentico ideal sanmartiniano de una nación en paz, unida y prospera”.
Demás esta decir a pesar del tiempo transcurrido que estos conceptos sostenidos por los valores y principios de la cooperación, siempre deberán tener plena vigencia dentro del movimiento cooperativo argentino.

martes, 21 de julio de 2009

Tiempos de reflexion

Cuando tenemos que hablar sobre la cooperación, nada mejor que examinar de donde surgieron los elementos propios que le fueron dando vida, y la ubicaron dentro de la sociedad con la presencia que hoy tiene y las distintas corrientes que la componen.

Estos diferentes enfoques o lectura de la doctrina cooperativa es ideológico y se manifiesta luego en la actividad de la cooperativa como tal. Por lo tanto, todo análisis que se intente hacer sobre la cooperativa debe tener un alto índice de subjetividad.

Al pretender introducirnos hoy en la problemática que nos incumbe hablando como cooperativistas, lo primero que tenemos que definir analizando, es que entendemos por cooperativismo, si conocemos e interpretamos los valores que le dan vida a sus principios.

Nos parece oportuno y conveniente si coincidimos en ese contexto, que dediquemos tiempo a reflexionar acerca de si los principios y la doctrina cooperativa tienen aún vigencia, pues si nos atenemos a los propagandistas del pensamiento único, el desarrollo cultural, social y económico alcanzado por la sociedad actual -fundamentado en el capitalismo neoliberal vigente casi a nivel mundial-, la humanidad habría alcanzado su horizonte y se proyecta sin oposición ni resistencia.

Entendemos que corresponde a los cooperadores, en primera instancia, hacer un relevamiento preciso sobre la aplicación de los principios cooperativos y si son tenidos en cuenta para que esos valores universales se expresen en la acción de entidades que tienen una sola premisa: el servicio en beneficio de las personas, sujetos esenciales de la cooperativa.

El idioma universal que lleva implícito el sello de la solidaridad a través de las empresas de economía social, nos va diciendo con franqueza -porque no puede hacerlo de otro modo- que cuando se elaboran objetivos concretos en las cooperativas, los avances que se producen obedecen solo cuando se realiza una correcta aplicación de los principios cooperativos.

Aquí es bueno recordar algunas cosas, porque a veces notamos que la realidad es otra, inmersas en el mundo capitalista, - reflejo del régimen dominante en la mayor parte del planeta - muchas cooperativas han tomado el camino de la adaptación al sistema, incluyendo en su labor cotidiana los vicios y los males de las entidades capitalistas.

Si así sucede, se estaría fallando en la lectura e interpretación de lo que antes decíamos que debería hacerse, equivocando el camino y adoptando maneras de actuar que no se ajustan al pensamiento subjetivo implícito en la gestión cooperativa. La disyuntiva sigue existiendo aún hoy entre lo que significa – si bien puede aparecer como un juego de palabras – la cooperativa empresa o la empresa cooperativa, partiendo de la base de dónde empieza y cómo termina la función.

Son dos modelos distintos de entidades que no responden a la misma intención. Por un lado, está la cooperativa empresa, estructurada como un fin en sí mismo, confundiendo al sujeto con el objeto, adaptándose al sistema dominante, constituyéndose en empresa económica al estilo capitalista, olvidando al sujeto social que es el asociado de la misma.

Por el otro, está la empresa cooperativa, respetuosa de los principios cooperativos, que tiene al asociado como el centro de sus servicios en la actividad y lo trata con equidad y solidaridad en su preocupación por los demás, trabajando junto a él para cambiar el modelo que lo perjudica, tratando de transformar la realidad, si esta realidad lo subyuga.

Queda claro que esta última es la que va a tener las mayores dificultades para actuar dentro del sistema capitalista que rige actualmente en la mayoría de los países, pero puede funcionar y ser exitosa, porque sin adaptarse al sistema se nutre del apoyo de los asociados trabajando para servir a ellos.

Sabido es que las cooperativas tienen que actuar en un marco legal que no les es favorable; por lo tanto, no es fácil desarrollar entidades de economía social con legislaciones o reglamentos que no las contemplan como tales. Pero, por duro que sea el diagnóstico, la propuesta debe ser la lucha y la reivindicación del movimiento para lograr leyes que la contemplen como entidades de la economía social sin fines de lucro, única herramienta en la defensa de los intereses de la mayoría de los cooperadores y un instrumento imprescindible para la construcción de una sociedad que privilegie la ayuda mutua, la solidaridad y la equidad distributiva.

viernes, 17 de julio de 2009

El movimiento cooperativo y la juventud

Es lógico pensar que con el correr de los años se fueron dando dentro de la condición humana, los cambios generacionales que lograron que no todos los actores tengan la vivencia ni el conocimiento del tiempo pasado, estos son los actores que definimos como la juventud, porque en su mayoría son seres que no cargan en su mochila los éxitos, los desaciertos y las frustraciones de sus mayores y por lo tanto, no les pesa la historia.
El movimiento cooperativo debe ver en esos jóvenes no solo las reservas que vayan tomando la posta de mano de los veteranos impulsores del movimiento, sino sobre todo, y posiblemente ya mismo, en su propia condición de juventud, para convertirse en activos protagonistas de la labor cooperadora; “ Queremos que los jóvenes se incorporen, que vengan con su impaciencia, con su inmadurez, pero que vengan sobre todo con su innegable cuota de vocación de servir al pueblo, de abnegación, de espíritu creador, de desinterés y de patriotismo”, dicho esto por Don Amero Rusconi en el XVII aniversario del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos en el lugar que fue, durante muchos años, el templo de los actos del movimiento cooperativo de créditos, el Luna Park de Buenos Aires.
Como se puede apreciar, el tema de la juventud en el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos no es nuevo. Comienza en la década del setenta, es decir en la etapa de las Cajas de Créditos, (por entonces la Regional Sur del IMFC tenía un Departamento Juvenil que atendía la actividad), donde ya existían núcleos de jóvenes que actuaban, no solo en las actividades propias de la juventud sino también acompañando en distintas tareas institucionales a los Consejos de Administración de las mismas.
Lo que sucedió en el país a partir del 24 de marzo de 1976, con la instalación de la dictadura militar, resintió la actividad de la juventud no solo en las entidades cooperativas, sino en la mayoría de los lugares donde estas actuaban, sin embargo cuando llegó el momento, muchos de los jóvenes acompañaron el proceso de transformación de las Cajas de Créditos en Bancos Cooperativos.
Bueno es recordar, sin pretender hacer historia, que en el XXVIII Congreso de la Alianza Cooperativa Internacional en 1984, en una de las resoluciones adoptadas se decía enfatizando, “el hecho de que los jóvenes ahora desean participar directamente en la realización del cambio renovador nacional e internacional, haciendo su contribución para la construcción de su propio futuro, al cual se los llama a vivir y trabajar”, decidiendo además, que el año 1985 sea declarado como “Año Internacional de la Juventud”.
Sin aspirar a ser los pioneros en la incorporación al movimiento cooperativo de la juventud, si evaluamos lo realizado por el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos en el sector juvenil, desde la época de los años setenta hasta la decada del noventa, debemos destacar que supo asumirse la importancia que éste tiene y lo realizado puede contabilizarse como muy positivo, abriendo expectativas de desarrollo en la formación de dirigentes enrolados dentro de la corriente cooperativa que éste propicia.
La juventud puede, porque lo está demostrando en los hechos, contribuir a afianzar en su sector el rasgo indeleble de la cooperación, la solidaridad.
Debemos preguntarnos entonces, es necesario el funcionamiento de Comisiones Juveniles en las entidades cooperativas? Si analizamos la actual situación podemos decir que si.
La mayoría de esas Comisiones Juveniles, hoy existentes, han transitado por los distintos talleres desarrollados por el IMFC sobre la teoría y práctica de la cooperación, Historia y Doctrina Cooperativas, Elementos de Legislación Cooperativa, Elementos de gestión, Pautas para la Elaboración y Evaluación de Proyectos Solidarios y a la vez conocer la experiencia del IMFC en la construcción del movimiento cooperativo y su enfoque institucional.
Pero eso no es todo, esos jóvenes no son una isla dentro de la sociedad.
A la par de la capacitación cooperativa que reciben en talleres, la mayoría de ellos están militando en movimientos sociales, conociendo en profundidad los problemas de su sector social y participando para solucionarlos, no a través del asistencialismo- que no estaría mal si fuese por corto tiempo- porque educados en el principio básico de la cooperación, la solidaridad, lo están aplicando. Sin dejar por supuesto, el estudio y las recreaciones propias de su edad.
Esta tarea conjunta que realizan, cooperación-movimiento social, puede llegar si tiene apoyo, a enaltecer la calidad de una nueva clase dirigente dentro del movimiento cooperativo.
De las Comisiones Juveniles, surgieron y surgirán dirigentes no solo para incorporarse a los Consejos de Administración de las cooperativas -aunque muchos ya lo están haciendo- sino también dirigentes sociales con base solidaria que actuarán en otros sectores sociales, junto al movimiento cooperativo, para contribuir a la construcción de un nuevo tejido social.
El cooperativismo necesita, hoy más que nunca, una simbiosis generacional para afrontar los desafíos del mundo actual.









viernes, 26 de junio de 2009

87º Dia Internacional de la Cooperación

Bueno es recordar que quienes llevaron la moción de instituir un día para recordar el significado de la cooperación fueron los representantes argentinos que concurrieron al congreso de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) realizado en Suiza en la ciudad de Basilea en septiembre de 1921, adoptándose allí, producto de esa propuesta conmemorar en todo el mundo el Día Internacional de la Cooperación. Luego de algunos vaivenes para unificar la fecha adecuándola a un orden mundial, la reunión del Comité Ejecutivo de la Alianza realizado en 1922 estableció definitivamente la celebración acordando la fecha, a la estacionalidad del primer sábado de julio de cada año. "Para que en una misma fecha, en todo el mundo, se demostrase la solidaridad de los cooperadores y la eficacia de su organización como medio de emancipación económica y garantía de paz universal".
Como lo hacemos anualmente los cooperadores en Argentina no podríamos dejar de pasar desapercibido el Día Internacional de la Cooperación, en este caso el octogésimo séptimo, un homenaje que los cooperadores rendimos, para recordar un sistema que representa el sentir de un amplio sector de la humanidad, que con su actividad y actitud, enaltece a las personas y contribuye al desarrollo humanista de quienes lo practican.
Celebrarlo significa además reunirnos con la trascendencia de una doctrina, que ha contribuido en mucho a inculcar dentro de la sociedad el genuino acto de la solidaridad.
Es un alto en el camino que lo hacemos teniendo en cuenta que esta evocación, no puede representar otra cosa que el homenaje correspondiente a rememorar el acontecimiento, porque este día no modifica en general por sí la esencia de lo que significa la cooperación; la construcción se hace de manera permanente, día a día, poniendo en práctica y aplicando los principios y los valores que le dan vida.
Partimos de la base de que el sentido de la cooperación representa la oposición al individualismo extremista que domina a la sociedad, especialmente la actual; sin desmerecer un ápice lo colectivo contribuye a afirmar el derecho de la persona a su individualidad, en un contexto de solidaridad y fraternidad, rechazando el pragmatismo que hace del utilitarismo el medio, que pretende encarnar como criterio de verdad en el pensamiento del individuo.
No es eventual ni tampoco nuevo, podría decirse que la cooperación siempre estuvo presente en la vida del ser humano desde que tuvo uso de la razón.
Hoy mas que nunca debemos trabajar en la difusión y debate de las ideas, llevando a que éstas se constituyan en el aporte y el baluarte de nuestro entendimiento para el esclarecimiento de la comunidad, esa tarea es indispensable dentro de una sociedad, que de muchos años a esta parte esta siendo influenciada mediaticamente por quienes, en el mejor de los casos proponen cambiar algo, tratando de cuidar de que lo que se cambie no perjudique sus intereses, que no son precisamente los intereses de los sectores que menos tienen. Estamos transitando etapas preocupantes en el camino de la recuperación del país, dentro de múltiples contradicciones que hacen temer el modelo de lo que se desea o pretende como país.
Pareciera que el eje central sobre el que giran los proyectos político-económicos, no es otro que el crecimiento del país global, sin tener en cuenta las diversidades que se dan en las distintas capas sociales que conforman el marco social.
Solo el avestruz comete el error de esconder la cabeza para no ver la realidad, porque por mas que se vayan acortando las distancias en determinados sectores, a este ritmo, las brechas tienen tal magnitud que llevará muchos años cerrarlas, en tanto, importantes sectores sociales sufren las consecuencias.
Si no se pasa de la etapa global a lo local no hay solución ni salida, porque el tema es uno solo, no es que no se pueda sino que no se quiere, o no se tiene la valentía para hacerlo.
La dinámica que pretende introducir el capitalismo a través de sus políticas, intenta evidenciar que el crecimiento económico es el elemento esencial para generar bienestar, pero está demostrado que este crecimiento económico no produce por sí sólo condiciones de progreso social para todos, ya que se presenta acompañado de la exclusión y la inequidad social en el más alto nivel.
Quiérase aceptarlo o no, en menor o mayor medida, estamos siendo afectados por la globalidad de una crisis que trasciende fronteras.
Se hace necesario repasar hechos por los cuales el movimiento cooperativo viene trabajando de mucho tiempo a esta parte, en la búsqueda de salidas a las necesidades que determinados sectores sociales demandan.
Es relevante en esta etapa analizar la Declaración de la Alianza Cooperativa Internacional con motivo de la celebración del 87º día Internacional de la Cooperación titulada “Impulsando la recuperación global a través de las Cooperativas” donde dice que “Cada vez más personas están eligiendo el modelo de empresa cooperativo para responder a las nuevas realidades económicas.
¿Por qué son las cooperativas capaces de sobrevivir e incluso prosperar en situaciones de crisis e incluso más allá?
Es el modelo. La empresa cooperativa es un modelo de empresa alternativo, que en lugar de centrarse en los beneficios, se centra en las personas, incrementando el poder de las personas en el mercado, mientras guía sus operaciones sobre la base de los valores y principios cooperativos.
Están garantizando que los precios se mantengan en límites razonables, y que los bienes de consumo al por menor, alimentos y servicios, sigan siendo seguros, fiables y de buena calidad.
Al hacerlo, están demostrando que el negocio cooperativo es sostenible y que las empresas basadas en valores éticos, pueden tener éxito y contribuir a la recuperación económica sostenible.
Economistas, el mundo académico y la comunidad internacional están desesperados buscando respuestas sobre la forma de estimular una recuperación mundial y, al hacerlo, están empezando a cuestionar el actual modelo económico que ha perdido la confianza de los responsables políticos, así como de la mayoría de las personas.
Se trata de analizar la regulación de los mercados y en particular, de las instituciones financieras, para garantizar operaciones más éticas y transparentes. En su búsqueda, sin embargo, también están redescubriendo y reconociendo el potencial de las cooperativas para contribuir de manera significativa a un nuevo sistema económico.
También reconocen su contribución a la recuperación de los países, y cada vez más, estimulan a sus ciudadanos a considerar las empresas cooperativas para sus finanzas, para incrementar su productividad y su bienestar general.
El movimiento cooperativo tendrá que trabajar con los responsables políticos para garantizar que se reconozca la naturaleza específica de las cooperativas. No deberían estar sobre reguladas, y debe ser comprendida su naturaleza contraria al riesgo. Una respuesta política consistente y bien articulada es crucial para garantizar que no se vean perjudicadas por los cambios en el entorno regulatorio. Sólo con políticas apropiadas, las cooperativas seguirán siendo capaces de impulsar la recuperación mundial”.
El movimiento cooperativo se enfrenta a una oportunidad sin igual. Debe superar el reto y demostrar que el modelo alternativo de empresa cooperativa es el mejor interprete para solucionar los problemas de las sociedades a través de su basamento; La economía social.
Para terminar nos resta preguntarnos; ¿Conocerán estas realidades y serán tenidas en cuenta estas consideraciones cuando asuman los nuevos legisladores electos en la jornada del 28 de junio en nuestro país? Si lo hacen, se hará justicia.







martes, 16 de junio de 2009

Inicio de una nueva etapa

Nos encontramos a muy pocos días para que la ciudadanía se exprese sobre quienes serán los que asuman la tarea de renovar los integrantes de la Cámara de Diputados y el Senado de la Nación.
Entendemos que puede ser un buen momento la asunción de los nuevos legisladores electos por el voto popular, para que se vaya cambiando el accionar – o el enfoque para tomar decisiones – cuando se aboquen a la tarea que les demanda la Constitución Nacional.
La democracia representativa fijada por la Constitución, deberá en primera instancia cuidarse al extremo para volver a sus fuentes, tratando de no cambiar el perfil legislativo que le corresponde, habida cuenta que en un pasado muy cercano, se sustituyó lo representativo por lo meramente delegativo trasladando las responsabilidad que les cabe como formadores de leyes a otras áreas de gobierno; en la mayoría de los casos al Poder Ejecutivo.
Los cooperadores siempre hemos sostenido que además del acto electoral y previa reforma constitucional, debe ampliarse el espectro de la democracia, incorporando los elementos legales que correspondan para que la ciudadanía pueda actuar a través de los mecanismos que la transformen en democracia participativa, donde la sociedad pueda intervenir cuando las leyes que se quieran aplicar trascienda a determinados sectores transformando el interés general de la comunidad.
Si bien es cierto que la reforma Constitucional de 1994 incorpora las figuras de la consulta popular y el plebiscito vinculantes, estos mecanismos nunca han sido reglamentados como corresponde y por lo tanto están invalidados para poder ser aplicados en consecuencia.
Esto es algo digno de ser tenido en cuenta porque en la medida que se acentúen los problemas sociales y económicos, (producto de la estructura interna del país y o influenciada por los efectos de la globalización mundial) mayor debe ser la participación de la sociedad con su opinión vinculante en la búsquela del tan ansiado estado de bienestar general, cuyo eje central para poder hacerlo efectivo, conlleva la incorporación de políticas que conduzcan a una equitativa distribución de la riqueza. Si esto que se dice no se hace, todo lo que pueda alegarse al respecto es literatura pura.