Nos encontramos a muy pocos días para que la ciudadanía se exprese sobre quienes serán los que asuman la tarea de renovar los integrantes de la Cámara de Diputados y el Senado de la Nación.
Entendemos que puede ser un buen momento la asunción de los nuevos legisladores electos por el voto popular, para que se vaya cambiando el accionar – o el enfoque para tomar decisiones – cuando se aboquen a la tarea que les demanda la Constitución Nacional.
La democracia representativa fijada por la Constitución, deberá en primera instancia cuidarse al extremo para volver a sus fuentes, tratando de no cambiar el perfil legislativo que le corresponde, habida cuenta que en un pasado muy cercano, se sustituyó lo representativo por lo meramente delegativo trasladando las responsabilidad que les cabe como formadores de leyes a otras áreas de gobierno; en la mayoría de los casos al Poder Ejecutivo.
Los cooperadores siempre hemos sostenido que además del acto electoral y previa reforma constitucional, debe ampliarse el espectro de la democracia, incorporando los elementos legales que correspondan para que la ciudadanía pueda actuar a través de los mecanismos que la transformen en democracia participativa, donde la sociedad pueda intervenir cuando las leyes que se quieran aplicar trascienda a determinados sectores transformando el interés general de la comunidad.
Si bien es cierto que la reforma Constitucional de 1994 incorpora las figuras de la consulta popular y el plebiscito vinculantes, estos mecanismos nunca han sido reglamentados como corresponde y por lo tanto están invalidados para poder ser aplicados en consecuencia.
Esto es algo digno de ser tenido en cuenta porque en la medida que se acentúen los problemas sociales y económicos, (producto de la estructura interna del país y o influenciada por los efectos de la globalización mundial) mayor debe ser la participación de la sociedad con su opinión vinculante en la búsquela del tan ansiado estado de bienestar general, cuyo eje central para poder hacerlo efectivo, conlleva la incorporación de políticas que conduzcan a una equitativa distribución de la riqueza. Si esto que se dice no se hace, todo lo que pueda alegarse al respecto es literatura pura.
Entendemos que puede ser un buen momento la asunción de los nuevos legisladores electos por el voto popular, para que se vaya cambiando el accionar – o el enfoque para tomar decisiones – cuando se aboquen a la tarea que les demanda la Constitución Nacional.
La democracia representativa fijada por la Constitución, deberá en primera instancia cuidarse al extremo para volver a sus fuentes, tratando de no cambiar el perfil legislativo que le corresponde, habida cuenta que en un pasado muy cercano, se sustituyó lo representativo por lo meramente delegativo trasladando las responsabilidad que les cabe como formadores de leyes a otras áreas de gobierno; en la mayoría de los casos al Poder Ejecutivo.
Los cooperadores siempre hemos sostenido que además del acto electoral y previa reforma constitucional, debe ampliarse el espectro de la democracia, incorporando los elementos legales que correspondan para que la ciudadanía pueda actuar a través de los mecanismos que la transformen en democracia participativa, donde la sociedad pueda intervenir cuando las leyes que se quieran aplicar trascienda a determinados sectores transformando el interés general de la comunidad.
Si bien es cierto que la reforma Constitucional de 1994 incorpora las figuras de la consulta popular y el plebiscito vinculantes, estos mecanismos nunca han sido reglamentados como corresponde y por lo tanto están invalidados para poder ser aplicados en consecuencia.
Esto es algo digno de ser tenido en cuenta porque en la medida que se acentúen los problemas sociales y económicos, (producto de la estructura interna del país y o influenciada por los efectos de la globalización mundial) mayor debe ser la participación de la sociedad con su opinión vinculante en la búsquela del tan ansiado estado de bienestar general, cuyo eje central para poder hacerlo efectivo, conlleva la incorporación de políticas que conduzcan a una equitativa distribución de la riqueza. Si esto que se dice no se hace, todo lo que pueda alegarse al respecto es literatura pura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario