viernes, 17 de julio de 2009

El movimiento cooperativo y la juventud

Es lógico pensar que con el correr de los años se fueron dando dentro de la condición humana, los cambios generacionales que lograron que no todos los actores tengan la vivencia ni el conocimiento del tiempo pasado, estos son los actores que definimos como la juventud, porque en su mayoría son seres que no cargan en su mochila los éxitos, los desaciertos y las frustraciones de sus mayores y por lo tanto, no les pesa la historia.
El movimiento cooperativo debe ver en esos jóvenes no solo las reservas que vayan tomando la posta de mano de los veteranos impulsores del movimiento, sino sobre todo, y posiblemente ya mismo, en su propia condición de juventud, para convertirse en activos protagonistas de la labor cooperadora; “ Queremos que los jóvenes se incorporen, que vengan con su impaciencia, con su inmadurez, pero que vengan sobre todo con su innegable cuota de vocación de servir al pueblo, de abnegación, de espíritu creador, de desinterés y de patriotismo”, dicho esto por Don Amero Rusconi en el XVII aniversario del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos en el lugar que fue, durante muchos años, el templo de los actos del movimiento cooperativo de créditos, el Luna Park de Buenos Aires.
Como se puede apreciar, el tema de la juventud en el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos no es nuevo. Comienza en la década del setenta, es decir en la etapa de las Cajas de Créditos, (por entonces la Regional Sur del IMFC tenía un Departamento Juvenil que atendía la actividad), donde ya existían núcleos de jóvenes que actuaban, no solo en las actividades propias de la juventud sino también acompañando en distintas tareas institucionales a los Consejos de Administración de las mismas.
Lo que sucedió en el país a partir del 24 de marzo de 1976, con la instalación de la dictadura militar, resintió la actividad de la juventud no solo en las entidades cooperativas, sino en la mayoría de los lugares donde estas actuaban, sin embargo cuando llegó el momento, muchos de los jóvenes acompañaron el proceso de transformación de las Cajas de Créditos en Bancos Cooperativos.
Bueno es recordar, sin pretender hacer historia, que en el XXVIII Congreso de la Alianza Cooperativa Internacional en 1984, en una de las resoluciones adoptadas se decía enfatizando, “el hecho de que los jóvenes ahora desean participar directamente en la realización del cambio renovador nacional e internacional, haciendo su contribución para la construcción de su propio futuro, al cual se los llama a vivir y trabajar”, decidiendo además, que el año 1985 sea declarado como “Año Internacional de la Juventud”.
Sin aspirar a ser los pioneros en la incorporación al movimiento cooperativo de la juventud, si evaluamos lo realizado por el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos en el sector juvenil, desde la época de los años setenta hasta la decada del noventa, debemos destacar que supo asumirse la importancia que éste tiene y lo realizado puede contabilizarse como muy positivo, abriendo expectativas de desarrollo en la formación de dirigentes enrolados dentro de la corriente cooperativa que éste propicia.
La juventud puede, porque lo está demostrando en los hechos, contribuir a afianzar en su sector el rasgo indeleble de la cooperación, la solidaridad.
Debemos preguntarnos entonces, es necesario el funcionamiento de Comisiones Juveniles en las entidades cooperativas? Si analizamos la actual situación podemos decir que si.
La mayoría de esas Comisiones Juveniles, hoy existentes, han transitado por los distintos talleres desarrollados por el IMFC sobre la teoría y práctica de la cooperación, Historia y Doctrina Cooperativas, Elementos de Legislación Cooperativa, Elementos de gestión, Pautas para la Elaboración y Evaluación de Proyectos Solidarios y a la vez conocer la experiencia del IMFC en la construcción del movimiento cooperativo y su enfoque institucional.
Pero eso no es todo, esos jóvenes no son una isla dentro de la sociedad.
A la par de la capacitación cooperativa que reciben en talleres, la mayoría de ellos están militando en movimientos sociales, conociendo en profundidad los problemas de su sector social y participando para solucionarlos, no a través del asistencialismo- que no estaría mal si fuese por corto tiempo- porque educados en el principio básico de la cooperación, la solidaridad, lo están aplicando. Sin dejar por supuesto, el estudio y las recreaciones propias de su edad.
Esta tarea conjunta que realizan, cooperación-movimiento social, puede llegar si tiene apoyo, a enaltecer la calidad de una nueva clase dirigente dentro del movimiento cooperativo.
De las Comisiones Juveniles, surgieron y surgirán dirigentes no solo para incorporarse a los Consejos de Administración de las cooperativas -aunque muchos ya lo están haciendo- sino también dirigentes sociales con base solidaria que actuarán en otros sectores sociales, junto al movimiento cooperativo, para contribuir a la construcción de un nuevo tejido social.
El cooperativismo necesita, hoy más que nunca, una simbiosis generacional para afrontar los desafíos del mundo actual.









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