Bueno
es volver a tenerlo en cuenta porque en blogs anteriores tratamos el tema sobre
las distintas corrientes ideológicas de las que se nutre el universo cooperativo,
y por lo tanto no debemos identificarlas como entes de pensamiento uniforme,
que si bien son respetables por que
apuntan todas hacia el mismo fin, no
suelen conformar un universo único.
Por
otra parte sería un error pretender en un mundo unipolar hoy, que la educación
cooperativa constituya un andamiaje que trascienda el objeto social de la
corriente que lo impulsa al generalizar criterios diversos o dispersos.
En
tanto el movimiento cooperativo continúe tal cual funciona actualmente
predicando la integración y esta sea solo formal, lo primero y preferible que
se puede aplicar para difundirla, es una educación cooperativa que conlleve en
la práctica como hecho ineludible e inexcusable, enarbolando los principios
rectores que le dieron vida a la cooperación en su origen y prioricen la
integración cooperativa y su diversidad en su máxima extensión.
Lo
secundario pero que no le va en zaga por la importancia que tiene, es el rol que
debieran asumir en el ordenamiento institucional del cooperativismo sus dirigentes en la implantación de lo que significa
la educación cooperativa.
La
esencia del problema educativo transita por andariveles internos y externos de
la identidad de la cooperativa, partiendo desde la base del sector social y
terminando dentro del sector económico.
Desde
lo interno corresponde considerar la ventaja si bien es repetitivo el mensaje,
de lo que significa obrar en conjunto por la propia voluntad de los interesados
ayudándose los unos a los otros, es decir cooperando para obtener mejores
resultados por el accionar colectivo, mas que a través del esfuerzo individual.
Para
poder introducir la idea de actuar así en la gente, ésta debe entender porque
tiene que cooperar y como hacerlo adecuadamente; es aquí donde debe aparecer la
ecuación de la educación cooperativa y por lo tanto, este es el principio sustancial
y requisito fundamental para aplicarla.
Aunque
pueda aparecer como elemento preconcebido y natural, en la práctica no está
demostrado de manera evidente que esto
se entienda como hecho colectivo, y dandose así en todas partes.
Aquí
debemos considerar los distintos enfoques que se dan dentro del movimiento
cooperativo sobre como debería desarrollarse la educación cooperativa, teniendo
en cuenta el como y el porque en los factores orientativos de la línea
programática que asuma la función de la entidad cooperativa, y si ella es la
que se corresponde separando lo
colectivo de lo individual.
Hemos
sostenido siempre, porque esto está escrito, con argumentos precisos el doble
carácter que debe asumir la identidad de la cooperativa, ser una “empresa eficaz
y eficiente con contenido social” explicando con esto el cómo y el porqué; lo
decimos con claridad para que se entienda que la educación cooperativa debe ser
sostenida apuntalando esta concepción principista con equidad y sin desvíos.
Puede
existir y esta probado que así sea, el motivo de producir en distintas
circunstancias una afectación en la enseñanza de la educación cooperativa
valorando excesivamente al como sin analizar el porqué.
Es
decir, el espíritu de la enseñanza se concentra principalmente en el concepto
administrativo de la empresa cooperativa en lo técnico y económico ha modo de
objeto principal, (el “como”) lo que no es malo, pero deja de lado el educar de
manera eficiente en el sentido real del movimiento cooperativo como instrumento
de transformación en la manera de pensar del sujeto que la integra para mejorar
la condición de vida colectiva, (el “porqué”) lo que es mejor.
Esta
manera especifica de encarar la educación promueve un desacople específico que
ignora ese doble carácter con que definimos el funcionamiento de la entidad
cooperativa en el deber ser: “empresa
eficaz y eficiente con contenido social”.
Segundo Camuratti
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