No estamos hablando del escenario político, allí diríamos unidad en la diversidad teniendo en cuenta que ello también es necesario, sino de otro sector cuya magnitud y valor social esta llamado a ser uno de los baluartes que pueden resultar ideales para resolver muchos de los problemas apremiantes de la humanidad; estamos citando a la cooperación.
Aunque parezca fácil decir integración esta no lo es; el tema se hace difícil porque aun no están dadas las condiciones estructurales dentro del actual sistema cooperativo, por lo tanto sigue siendo una materia pendiente.
Es obviamente conocido que dentro de sus características de entidades de servicios sin fines de lucro, las cooperativas y los distintos movimientos donde pueden estar integradas, tanto sean locales, regionales, nacionales o quizás universales, no revisten cualidades uniformes en su andamiaje y por ende en su funcionamiento.
Podríamos decir para ser ecuánimes al descifrar el concepto anterior que si bien en su mayoría respetan los principios esenciales que conforman la organización de la entidad cooperativa, deben afrontar las características económicas y sociales del lugar donde están actuando y respetar, lo que no es poco, el armado legal que las rigen que además no son uniformes ni compatibles generalmente.
De allí lo único genérico que conllevan es la actividad de servicio que brindan a sus asociados para resolver las necesidades de la propuesta estatutaria que le da origen.
Por eso decíamos anteriormente que se hace difícil integrarlas dentro de la estructura general impuesta por los hechos dentro del movimiento cooperativo, especialmente del país.
El armado institucional del movimiento cooperativo argentino no incursiona utilizando todos los mecanismos que brinda la ley que las rige, porque las entidades cooperativas de grado superior, especialmente las de segundo grado, han adoptado por lo general actitudes sectoriales y verticales de acuerdo a la especificidad de la rama cooperativa que las cobija, independientemente de la ubicación geográfica que las cooperativas ostentan, buscando defender la actividad económica y social especifica del sector.
Por lo tanto se hace difícil por ejemplo, establecer cadenas integrando cooperativas de trabajo o productivas de distintas ramas con aquellas cooperativas que utilizan esos mismos insumos para industrializarlos o venderlos en locales cooperativos; lo mismo pasa con las cooperativas de servicio.
No podemos hablar de integración si la ley que las rige desde el 02/05/1973, es decir 37 años, todavía aún no a elaborado la reglamentación de la norma que rija a las cooperativas de trabajo. ¿Qué a hecho el movimiento cooperativo en su conjunto para insistir, si insistir, a las autoridades para que esto se cumpla?
La organización vertical solo trasciende a su especificidad para beneficiar a sus asociadas, (cosa que no está mal) no entendiendo que el movimiento cooperativo va a existir solamente si tiene la amplitud de establecer una comunidad que no haga distingo de sectores, en vez de que cada cual cultive su quinta propia, y trabaje para una salida de conjunto del movimiento cooperativo.
Por si fuera poco la globalización de la economía por propia gravitación ha instalado un nuevo escenario dentro del contexto de la economía social, con metodologías de mercado que en muchos casos distorsionan la función de las cooperativas, haciendo que esa integración vertical ya no alcance a resolver la ecuación para lo cual se constituyó.
Mientras la integración vertical del movimiento se de únicamente sobre la especificidad de rama será difícil integrar el movimiento cooperativo en su conjunto, a menos que se produzca un aggiornamento de sus dirigentes que les permita entender que se hace necesaria una apertura horizontal que trascienda la verticalidad existente.
Una integración horizontal que no puede ni debe inquietar de ninguna manera la función de las entidades de segundo grado, sino que tiende a ampliar el espectro de complementación cooperativa que habrá de reforzar la presencia del acto solidario en los distintos ámbitos en que actúe.
Puede que estas consideraciones necesiten la apertura de un debate amplio para que puedan ser comprendidas, pero es bueno tener en cuenta que el desafío que debe enfrentar el movimiento cooperativo en esta etapa de cambios, especialmente la integración, merece el aporte de innovaciones que lo adecuen a la hora actual sin perder su esencia solidaria y su capacidad de servicio dentro del sector de la economía social.
¿No será acaso que se ha equivocado el camino pretendiendo integrar desde arriba cuando hay que empezar a hacerlo desde abajo?.
Segundo Camuratti
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