El editorial correspondiente al mes de septiembre analiza hechos magnificados por las circunstancias políticas que lo atraviesan, desde un absurdo que quizás nunca hubiésemos pensado ni deseado en nuestro país.
Todo camina ateniéndose a un refrán, (creemos de autor desconocido pero que viene al caso), “para que hacerlo fácil si lo podemos hacer difícil”.
Se han trastocado las cosas de tal manera que subvierten el sentido común universal de los estamentos democráticos que fija la Constitución Nacional, de modo que los dirigentes políticos han llegado a dirimir las cosas y discuten las ideas no en los lugares correspondientes al estrato gubernamental sino a través de la Red Social del Twitter, como si fuese un juego o un entretenimiento.
Ha desaparecido la sensibilidad política del gobernante haciendo el papel del que gobierna per se y no para el bien del país; la discusión razonada ya no existe, la reemplaza el epíteto agravante a la condición humana del que no piensa como él.
Los que ayer aplaudían la justicia, hoy son los primeros en denostarla porque los fallos no se ajustan, no a la ley sino a sus intereses particulares.
El respeto al individuo como persona y la preocupación por los demás, tal cual lo plantea el movimiento cooperativo, no ha servido como ejemplo en aquellos que por haber sido elegidos en actos electorales para gobernar, se creen los dueños de la verdad y por lo tanto no admiten la verdad ajena haciendo juicios de valor por la vanidad propia de su ego personal.
Mientras todo esto sucede, el hombre común soporta a ambiguos vendedores de ilusiones, que ofrecen los famosos espejitos de colores que los colonizadores de los países originarios de América entregaban a cambio de llevarse sus riquezas.
Falta aún el transcurso de un largo año para los próximos comicios, tiempo suficiente para que aquellos que pretenden acceder al gobierno del país comiencen a sembrar en terreno fértil, es decir, resolver los problemas existentes en amplios sectores de la sociedad, especialmente aquellos que menos tienen, si es que pretenden cosechar algo.
Segundo Camuratti
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