jueves, 8 de noviembre de 2012

Para construir el porvenir


La identidad cooperativa, sus principios y valores junto a los logros y experiencias acumuladas por el movimiento solidario que la encarna a través de tantos años, son una vertiente esencial de ese fermento incontenible que prepara el porvenir y trasciende su especifica actividad adoptando, de una vez y para siempre, un doble carácter: por un lado como empresa y por otro, como organización social preocupada por los intereses de la comunidad que forma parte.
Este doble carácter ce las cooperativas, como empresas no lucrativas y como movimiento social, debe incidir por la experiencia lograda para encontrar salidas adecuadas a las necesidades de la sociedad.
La tarea apasionante que la convoca es de una dimensión gigantesca por sus implicancias, porque al igual que los precursores de la cooperación, el anhelo de de transformar la realidad cuando esta es injusta.
Que hace falta para lograrlo? Ante todo, la convicción de que es necesario y posible. Y a partir de allí, trabajar cotidianamente para hilvanar los retazos dispersos del llamado campo  popular que aun carece de proyectos comunes propios.
Lo primario es la batalla cultural por una nueva cultura solidaria y por incorporar un pensamiento crítico que desarrolle conciencia de que no es inevitable el destino de la decadencia y el sometimiento de la sociedad al arbitrio del poder dominante de turno.
Y especialmente, que la construcción de ese proyecto superador  demanda un poder político convencido de ser capaz de hacerlo realidad y sustentarlo en el tiempo que sea necesario con unidad de criterio y constancia en la tarea.
La cooperación a dado siempre muestras concretas de su aptitud para aunar voluntades y orientar positivamente a su membresía en base a un conjunto pequeño y sencillo de principios rectores; democracia, participación, educación solidaria y preocupación por la comunidad, teniendo presente además que hace un aporte para  resolver los problemas de un mundo en crisis.
La humanidad toda enfrenta desafíos sin precedentes, cuya solución o persistencia involucra a las generaciones presentes y futuras. Se trata de una encrucijada  que plantea peligros de extrema gravedad, pero también ofrece la oportunidad de cimentar las bases para un profundo cambio civilizatorio.
En primer término urge instalar en el centro de la agenda internacional una estrategia de paz justa y duradera, sin hegemonías de ninguna naturaleza, tanto para detener los conflictos en curso, como para  terminar o prevenir enfrentamientos entre los pueblos.
Es imprescindible garantizar el cumplimiento y el goce pleno de todos los derechos humanos, incluyendo los económicos, sociales y culturales y entre ellos, uno igualmente esencial aunque no figure en los textos oficiales: el derecho a creer en las utopías que se convertirán en realidad gracias a la lucha y al esfuerzo mancomunado de millones de hombres y mujeres en todos los continentes, en cada región y aun en los espacios de convivencia cotidiana.

Segundo Camuratti

 

 

 

domingo, 21 de octubre de 2012

Pensando el cooperativismo


Entendemos que a esta altura del año a llegado el momento de reflexionar sobre algunos temas referentes al cooperativismo argentino, que asemeja estar instalado en una meseta casi estática que le impide avanzar como  lo debería hacer, todo movimiento que se precie de ser un componente importante y necesario en la vida de todo país.
Manifestar como ejemplo de la construcción cooperativa una razón de ser, puede ser el incentivo más importante a exhibir por las realizaciones cooperativas, demostrativo de que las entidades nacidas en la necesidad de cubrir espacios vacíos de la sociedad con solidaridad y ayuda mutua teniendo como base la autogestión, pueden avanzar demoliendo uno de los pilares sostenedores de las estructuras del capitalismo; la intermediación parasitaria y la exclusión social.
Sería muy bueno tener en cuenta  lo que vulgarmente se dice  que para muestra basta un botón; lo que pretendemos  reflejar con esto son las muchas entidades privadas caídas en la marcha de su actividad por las políticas de libre mercado, que renacieron como el ave fénix de sus cenizas por la gestión de sus trabajadores, que se dieron a la tarea de reflotar esos emprendimientos y hoy integrados en la economía social como cooperativas resuelven la inclusión y dinamizan la economía.
El tesón de su empeño los llevó a conseguir un encuadramiento laboral que los pone a cubierto de la voracidad capitalista que pretendía reconquistar sin costos lo que ellos mismos destruyeron.
Nada se consigue sin esfuerzo, mas aún si ese esfuerzo es colectivo porque lleva inmerso el acto solidario de dar para recibir, demostrativo de lo que se puede hacer cuando se está convencido de lo que se hace.
Lo queríamos dar como ejemplo de la vigencia subjetiva de la cooperación para levantar los ánimos; la cooperación no se puede  caer nunca mientras la persona humana no se agote como un fin en si mismo, abandonando el habito de pensar.
Por eso se hace necesario un llamado de atención en la etapa  que transitamos, para que los dirigentes políticos y sociales de todos los sectores dejen sus desencuentros personales, y pongan en uso sus facultades mentales  comenzando a pensar en positivo por sobre las reminiscencias vulgares de antaño y  sus propias pretensiones,  para acordar un país respetando las diversidades teniendo presente que este se hace entre todos sino no se hace.

Segundo Camuratti 

lunes, 8 de octubre de 2012

Luego de la tempestad, la calma


Nunca hemos sido proclives a ejercer el apresuramiento cuando los temas son importantes y transcienden al marco colectivo del andamiaje social, como es la cooperación en las distintas vertientes que pululan en nuestro país.
Es por eso, que ante el suceso acaecido por el Congreso Argentino de las Cooperativas celebrado en la ciudad de Rosario en el mes de setiembre, hicimos un compás de espera para pronunciarnos sobre el tema que es de envergadura, y por lo tanto, es indispensable decantar las fuentes para ver o conocer lo que queda de ello.
Esto es necesario porque veníamos reclamando de largo tiempo a esta parte el no cumplimento de los compromisos tomados por las mismas entidades que asumieron nuevamente la responsabilidad de llevar adelante el Congreso; luego de haber fracasado ampliamente en el compromiso contraído con las declaraciones efectuadas al concluir  en el año 2004 el anterior congreso.
Tal vez se podrá argumentar con razón, que las personas no son las mismas, pero las entidades si son las mismas; por lo tanto están obligados los continuadores de las mismas a dar cuenta de los errores,(u horrores que no es lo mismo) cometidos y quienes los hicieron.
Dentro del movimiento cooperativo argentino debe existir continuidad,  responsabilidad y  rendición de cuentas de los dirigentes por  las políticas que se aplican, y más aun si el hecho le cabe a entidades  que por ser de tercer grado agravan por su envergadura en mayor medida los acontecimientos al dejarlos pasar ignorándolos.
Lo  peor que le puede suceder al cooperativismo argentino es perder credibilidad ante la sociedad, porque su principal capital  es la confianza de ella en  sus dirigentes; si eso se pierde lo demás puede contabilizarse  en la jerga popular como todo verso.
La nueva etapa del congreso además del diagnostico de situación tiene que avanzar en militar, en tiempo y forma, todo lo planteado en la declaración del mismo para llevarlo a cabo, para que lo que se dice no se transforme en una edulcorada expresión de deseos  que después duerma el sueño perenne de los justos.
Cuando se publiquen todas las declaraciones del Congreso Argentino de las Cooperativas y luego de nuestro análisis, haremos las consideraciones necesarias sobre el tema para colaborar con el halago o la crítica constructiva,  al avance del movimiento cooperativo argentino.
Segundo Camuratti

martes, 2 de octubre de 2012

Homenaje a Floreal Gorini


Es imposible para quienes fuimos sus discípulos dejar pasar el 8° aniversario de su fallecimiento, (03/10/2004), sin rendirle el justo homenaje que se merece por su trayectoria en la vida, y por todas las semillas que sembró en  aquellos lugares por los que transitó, especialmente en el movimiento cooperativo y además en lo político, en su tarea dedicada siempre a favorecer a los más que menos tienen en la búsqueda de sistemas de vida que enaltezcan a la persona humana, y lo hacemos convencidos a pesar que algunos pseudos cooperativistas lo silencien por conveniencias propias.
El tiempo pasa inexorablemente pero cada día que transcurre nos afirma más en el convencimiento que la figura de Floreal nos acompaña de manera permanente en nuestra búsqueda de un país mejor, de un mundo mejor, donde el individuo como persona sea el eje central de la interpretación de un pensamiento, que el mantenía inalterable a través del tiempo como figura conductora, y que se basaba en el cambio que debía producir la sociedad, para lograr una sociedad perfecta de la cual debían participar todos los  hombres y mujeres sin excepción, donde el humanismo, lo moral, lo ético y la solidaridad fuesen el modelo, base sustentable de ese nuevo paradigma. 
Sobre las cooperativas decía con vehemencia; Es importante administrar bien la cooperativa, forma parte de la cultura la buena administración, la honesta y transparente administración.
Fomentar la participación de los asociados en la gestión y el gobierno de la cooperativa. Mostrar la cooperación como otro sistema de gestión de la economía, donde democracia y eficiencia son compatibles.
La solidaridad, uno de los pilares fundamentales del cooperativismo, se ha convertido en una de las herramientas más potentes para el cambio de una  actitud refractaria del mundo individualista y egoísta que nos quieren imponer.”
Tres párrafos claros muestran como era su pensamiento sobre la cooperación pero siempre dio por supuesto que la idea sola no alcanzaba, esa idea debía de ir acompañada con trabajo y a ese trabajo  volcó el esfuerzo de toda una vida para que el anhelo se plasmase en realidad. 
La importancia radica cuando ese pensamiento no solo se utiliza para transitar la vida, sino se convierte en herramienta fundamental y faro, para guiar y transmitir hacia el imaginario colectivo, lineamientos con alto contenido humanitario en beneficio de la sociedad en su conjunto
De la misma manera que con ladrillo tras ladrillo se levanta una casa, con idea tras idea supo delinear un pensamiento, que edificó la importancia que este conlleva en la construcción de la coherencia humana y política, que constituye el ejemplo en el modo de vivir de las personas, y eso trasunta al valor que tiene el significado de vivir como se piensa
Como todos los años pasados quisimos extraer de sus escritos parte de los mensajes que con el pasar del tiempo no han perdido vigencia, y la seguirán teniendo por tiempo indefinido  porque han pasado a formar parte del legado que sus enseñanzas nos dejaron como guía y con ellos estaremos construyendo el recuerdo inolvidable de su persona; como colofón dejamos cosas para pensar escritas por Floreal: 
“Nadie puede pronosticar los años que faltan para llegar a la sociedad realmente humana, pero ya el solo hecho de estar en el camino de la lucha para lograrlo hace a nuestra dignidad…” Floreal Gorini. 

Segundo Camuratti

 

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 16 de septiembre de 2012

Cercanos a fin de año


 

A la vista ya del fin de año se hace necesario e importante elaborar un análisis sobre la situación y las perspectivas del movimiento cooperativo y es nuestro deber hacerlo. Estamos observando la existencia de una revalorización, desde hace un tiempo si se quiere prolongado, del cooperativismo.
Desde  las organizaciones sociales y desde la sociedad misma se expresa también el reconocimiento y la importancia adquirida por la economía social y solidaria.
Entendemos que ha dejado de ser cosa rara en el ideario colectivo, el tema de la cooperación y de la economía social. Esto ha sido producto, probablemente, de la sucesión de crisis que ha sufrido nuestro país y de la capacidad de respuesta que ha demostrado el sector de la economía solidaria.
La expansión del concepto y su concepción altruista constituye una oportunidad y una amenaza al mismo tiempo, que nos faculta a pensar que ésta debe bregar para cumplir un rol positivo y activo dentro del movimiento cooperativo en su accionar, pero además, cuidar para que el sector no sea utilizado como una herramienta de explotación o evasión, o que al mismo tiempo sirva solo para amortiguar el conflicto social.
Integrantes de la sociedad e inmersos en ella, los cooperadores deben esforzarse por instalar en la conciencia cooperativa el factor determinante que conlleve a producir un cambio cultural de transformación social.
Es por ello, que el solo hecho de estar vinculados al servicio de esa sociedad que mencionamos, los cooperadores estamos habilitados para opinar con autoridad, sobre los aciertos y los errores que se generan en la conducción del país en todos los niveles de dirección y ofrecer propuestas concretas para atacar los problemas que de una u otra forma, afectan a vastos sectores de la sociedad.
Haciendo nuestro el principio fundamental que esgrime la cooperación, el interés por la comunidad, nos llevó siempre la necesidad de involucrarnos y hacer frente desde las ideas, cosa esencial, a los problemas sociales relacionados con los aún altos índices de pobreza e indigencia, la extrema desigualdad, las diversas formas de discriminación y la exclusión social que muchos pretenden ignorar con índices disfrazados.
Las cooperativas han demostrado ser actores imprescindibles en la construcción de alternativas que lleven a los países a lograr equilibrios sociales que nos conduzcan a una más equitativa distribución de la riqueza.
El doble carácter de la cooperativa, entendidos estos como empresa eficiente y movimiento social, nos permite analizar y entender desde el punto de vista de la solidaridad, que otro modelo de país más solidario es posible.
Por lo tanto los cooperadores en nombre de su adhesión implícita en el devenir cooperativo, tiene y está en condiciones de desarrollar proyectos destinados a promover una estrategia de cambios esenciales, inspirados en los valores de la solidaridad, la justicia y la democracia, en la búsqueda de una proyección que permita construir una Argentina capaz de garantizar la justicia social para todos, a través de una equitativa distribución de los ingresos que asegure una vida digna para el conjunto de la población.
En concreto, se trata de asegurar la alimentación, el trabajo decente, la salud, la educación y la vivienda para todos que no es poca cosa.
Al mismo tiempo, es clave para el presente y el futuro del país el ejercicio pleno de la soberanía en todos los niveles, para insertarnos en el mundo contemporáneo a partir de una estrategia verdaderamente patriótica, con independencia y dignidad.
Este es, en principio, el escenario en el cual nos encontramos y frente al cual, como individuos preocupados por la sociedad, debemos intensificar nuestra creatividad y el protagonismo desde la cooperación con el consenso de la sociedad.
Las herramientas a utilizar para llevar a cabo tamaño emprendimiento son muchas y variadas, pero lo importante es lograr la alineación de todos aquellos sectores que, con unidad en la diversidad, (muy promocionada   pero no puesta en practica), estén dispuestos a poner manos a la obra y trabajar por un estadio común.
Cuando decimos unidad o integración no significa que se pretenda eliminar las diferencias para concretarla, sino reconociéndolas y respetándolas, trabajar juntos por un proyecto que debe ser común. Mientras tanto lo ideal sería el continuar embarcados en la actividad principal que es la batalla cultural; porque nada se podrá lograr si el imaginario colectivo no recobra la capacidad de memoria y el interés por pensar.
La batalla cultural nos tiene que llevar a buen puerto si la ponemos en práctica cotidianamente, porque si somos capaces de modificar la manera de pensar, si nos convencemos que el individualismo extremista y exacerbado es nocivo, y afirmamos el derecho de las personas a su individualidad en un contexto de solidaridad, fraternidad y socialización, habremos recorrido la mitad del camino para llegar al cambio cultural.

Segundo Camuratti

lunes, 10 de septiembre de 2012

Para que no haya malos entendidos


Cuando se ha transitado cerca de medio siglo dentro de un movimiento cooperativo inspirado en claros principios institucionales, se han visto y escuchado tantas cosas, que memoria de por medio, nos habilita para elaborar opiniones sobre temas que el imaginario colectivo honesto y sincero del integrante común del movimiento cooperativo debe discernir donde empieza y termina el acto solidario de la cooperación.
Jamás en su larga trayectoria de casi dos siglos el cooperativismo  admitió  las medias tintas, por eso estableció sus códigos funcionales a través de la elaboración de sus principios, que con ajustes en el tiempo para mejorarlos aun siguen vigentes.
Sabedores por experiencia que nada es eterno, que el mundo en su avance cambia modelos de vivencia y convivencias, posiblemente en alguna instancia precisa tendrá que modificar o cambiar  cosas para ajustar su funcionamiento a las necesidades humanas de ese nuevo mundo, pero nunca dejará de establecer principios claros sobre su visión y misión que no serán otras que mejorar la situación de vida de quienes se cobijen en el.
Pero lo que se vive actualmente es la realidad existente de un movimiento que aglomera en argentina 10 millones de adeptos y eso es bueno; debemos tenerlo en cuenta porque resulta un buen botín para piratas sociales que quieran apropiarse de el con fines no  confesos.
Cuando en los países florecen las dificultades, por mala praxis de los gobiernos o por los desastres de la naturaleza, algunos conductores solo pretenden salvar lo que se pueda, sin equidad ni ejercicio social; cualquier medida que permita soportar el temporal es buena, así se tergiverse lo construido.
Lo dijimos desde antaño, la cooperación no es caridad y para que esta sirva para la sociedad debe mantenerse dentro de la estructura principista que la contiene, con actitudes genuinas y colectivas, entendiendo que la principal virtud es su funcionamiento y administración  gestionada por los propios asociados, inmersos en el acto solidario de dar para recibir.
Por lo tanto no puede ni debe exigir subsidios para funcionar;  necesita leyes adecuadas para poder funcionar dentro de un determinado esquema social que respete su esencia y si llegase a necesitar apoyo del estado, estos deben ser desarrollados de acuerdo a su carácter intrínseco colectivo que pueden ser  los créditos especiales y/o promociónales como cualquier emprendimiento social y deben ser devueltos al estado  o a quien  los aporta.
Hasta ahí tenemos la figura cooperativa encuadrada en los cánones clásicos de la cooperación, que le ha dado vida y crecimiento hasta el presente.
Pero los países tienen además otras necesidades y una mirada propia sobre como resolver las situaciones generales que lo afecten en determinados momentos de la historia; especialmente la exclusión social, la indigencia, la pobreza, etc. y en su afán de resolver los problemas correspondientes al estado mezclan los tantos; en vez de incorporar nuevas ideas  copia mal las que ya tiene en esos casos   optando livianamente por aquello de “para que inventar  lo que se tiene a mano” desvirtuando la escena cambiando la cooperación por asistencialismo sin equidad.

Segundo Camuratti

 

 

 

 

sábado, 1 de septiembre de 2012

Entidad de la Economía Social Parte Final


Incursionando en la historia de los acontecimientos pasados, encontramos que la  economía social aparece en escritos como proyecto de la sociedad, en tiempos contemporáneos a la instalación orgánica de la cooperación por los Pioneros de Rochdale, prácticamente en la misma década del siglo XIX, y se ha ido instalando  despaciosamente no adquiriendo nunca la proyección que logró el movimiento cooperativo.
La complejidad de su amplio contorno hace difícil, pero no imposible, determinar donde comienza y termina la economía social.  Cuando el transcurso del tiempo da por tierra con la vigencia de la conjunción economía-política,  al abrirse este enlace, consigue  que lo político solo no logre mensurar la magnitud que la economía tiene en lo social, tanto en la cantidad de personas que la integran como en el producto bruto que generan y  que aportan a la sociedad estos sectores.
El hecho de que si bien es reconocida como sector económico y social esta concebida en una diversidad de estructuras  que le han impedido asumir una identidad especifica, tal es así, que en la mayoría de los casos se entiende  como condición propia  de la  relevante figura jurídica del cooperativismo, cosa que no es así.
Por lo tanto es dable discernir que posiblemente la falta del soporte legal que encuadre esa diversidad particular sea uno de los factores que han impedido hasta el momento que sea tenida en cuenta como corresponde.
A pesar de ello podría decirse que igual lograron expandirse en un universo que trasciende las fronteras de infinidad de países adoptando múltiples facetas que en algún momento deberían ser determinadas  para que adquieran  identidad propia.
Sería bueno que por lo menos en nuestro país, quienes  están asumiendo la responsabilidad de legislar lo tengan en cuenta, analizando el tema  con elementos que numéricamente comprendan tanto lo económico  como su incidencia en lo social.
Si lo hacen van a comprobar que hay demasiados  elementos no tenidos en cuenta que pueden ser factores importantes para lograr una distinta distribución de la riqueza y una baja considerable del índice de  pobreza.
Por ser determinantes en el eslabón de la cadena que coadyuva en la tarea de inclusión de sectores marginados del sistema deberían   tener el reconocimiento por la función que cumplen en la economía respondiendo también a resolver problemas sociales y cumplir un rol fundamental en el diseño de un nuevo modelo de país, si se las sabe interpretar como motores de un sector social incluyente dentro de la sociedad, en la intención de contribuir al cambio social.
Entendemos que a llegado la hora de pensar subjetivamente que si la urgencia de lo global es importante, mas vital es lo local cuando los afectados son los sectores menos favorecidos dentro de la sociedad.
El amplio espacio que surgiendo desde la marginalidad atraviesa además el ámbito solidario de la cooperación hace imprescindible que se contemple la conexión  con el circuito público vinculado al sector de los servicios para que la ecuación cierre.
Esto permitirá establecer un sector de “Economía Social”, definido claramente como las “Empresas públicas y las solidarias”, en la creencia de que pueden cumplir un cometido significativo en los sectores estratégicos, constituyendo  una economía que se desarrolle como ariete para demoler la muralla que lleve a una mejor distribución de la riqueza, llevando al individuo a cumplir con la función que dignifica al ser humano: el trabajo, abandonando el asistencialismo.
Cuando la inteligencia y la conciencia colectiva de la política legislativa deje de lado  la parodia del no-quórum como acto público, y se dedique a trabajar conjuntamente a través del consenso por el bien del país respetando las diversidades, tendremos una ley para este sector y otras leyes necesarias que el tiempo actual exija.

Segundo Camuratti