Incursionando en la
historia de los acontecimientos pasados, encontramos que la economía social aparece en escritos como
proyecto de la sociedad, en tiempos contemporáneos a la instalación orgánica de
la cooperación por los Pioneros de Rochdale, prácticamente en la misma década
del siglo XIX, y se ha ido instalando
despaciosamente no adquiriendo nunca la proyección que logró el
movimiento cooperativo.
La complejidad de su amplio
contorno hace difícil, pero no imposible, determinar donde comienza y termina
la economía social. Cuando el transcurso
del tiempo da por tierra con la vigencia de la conjunción
economía-política, al abrirse este
enlace, consigue que lo político solo no
logre mensurar la magnitud que la economía tiene en lo social, tanto en la
cantidad de personas que la integran como en el producto bruto que generan
y que aportan a la sociedad estos
sectores.
El hecho de que si bien es
reconocida como sector económico y social esta concebida en una diversidad de
estructuras que le han impedido asumir
una identidad especifica, tal es así, que en la mayoría de los casos se
entiende como condición propia de la
relevante figura jurídica del cooperativismo, cosa que no es así.
Por lo tanto es dable
discernir que posiblemente la falta del soporte legal que encuadre esa
diversidad particular sea uno de los factores que han impedido hasta el momento
que sea tenida en cuenta como corresponde.
A pesar de ello podría
decirse que igual lograron expandirse en un universo que trasciende las
fronteras de infinidad de países adoptando múltiples facetas que en algún
momento deberían ser determinadas para
que adquieran identidad propia.
Sería bueno que por lo
menos en nuestro país, quienes están
asumiendo la responsabilidad de legislar lo tengan en cuenta, analizando el
tema con elementos que numéricamente
comprendan tanto lo económico como su
incidencia en lo social.
Si lo hacen van a comprobar
que hay demasiados elementos no tenidos
en cuenta que pueden ser factores importantes para lograr una distinta
distribución de la riqueza y una baja considerable del índice de pobreza.
Por ser determinantes en el
eslabón de la cadena que coadyuva en la tarea de inclusión de sectores
marginados del sistema deberían tener
el reconocimiento por la función que cumplen en la economía respondiendo
también a resolver problemas sociales y cumplir un rol fundamental en el diseño
de un nuevo modelo de país, si se las sabe interpretar como motores de un
sector social incluyente dentro de la sociedad, en la intención de contribuir
al cambio social.
Entendemos que a llegado la
hora de pensar subjetivamente que si la urgencia de lo global es importante,
mas vital es lo local cuando los afectados son los sectores menos favorecidos
dentro de la sociedad.
El amplio espacio que
surgiendo desde la marginalidad atraviesa además el ámbito solidario de la
cooperación hace imprescindible que se contemple la conexión con el circuito público vinculado al sector
de los servicios para que la ecuación cierre.
Esto permitirá establecer
un sector de “Economía Social”, definido claramente como las “Empresas públicas
y las solidarias”, en la creencia de que pueden cumplir un cometido
significativo en los sectores estratégicos, constituyendo una economía que se desarrolle como ariete
para demoler la muralla que lleve a una mejor distribución de la riqueza,
llevando al individuo a cumplir con la función que dignifica al ser humano: el
trabajo, abandonando el asistencialismo.
Cuando la inteligencia y la
conciencia colectiva de la política legislativa deje de lado la parodia del no-quórum como acto público, y
se dedique a trabajar conjuntamente a través del consenso por el bien del país
respetando las diversidades, tendremos una ley para este sector y otras leyes
necesarias que el tiempo actual exija.
Segundo Camuratti
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