Siempre la historia será la testigo inapelable de los sucesos que se producen en la vida de
la sociedad, por eso va marcando los hechos como custodia fiel de la memoria.
La situación actual del país da mucha tela para cortar
cuando uno pretende hablar incursionando, como siempre, sobre el movimiento
cooperativo argentino para descifrar lo que pasa y hacia donde quiere ir en la etapa cambiante de un modelo que
después de más de una década de comenzar bien
termina muy mal.
No será fácil conseguir elementos que induzcan a
encontrar los motivos adecuados que
lleven a ello, porque solo la sicología lo puede conseguir llevando el análisis
al extremo de las situaciones neurológicas
Ningún movimiento desaparece de por si olvidando su razón de ser de un día para el
otro, menos cuando los argumentos encajan en
el itinerario del porque se viene la negra noche y los dirigentes no tienen la fuerza suficiente para volver
a las fuentes de la historia sin voluntad y sin causa por falta de motivación,
embaucados aquellos que apoyaron la década ganada por los subterfugios del
subsidio gratis algunos, y otros
esclavos imberbes por la escasez de
principios solidarios haciendo mutis por el foro, en una comedia teatral de enredos cuando no
aspiran otra cosa al no poder ser uno de actores principales por faltarles el amo que siempre los dirigían.
Este cambalache digno de un tango arrabalero que
desensilló hasta que aclare para
después poder engancharse en el tren aunque sean solo furgón de cola en otro ferrocarril que los lleve aupados.
También es cierto que la decadencia del país no se da solo en algunos sectores sino en un
todo, social y económico y principalmente en aquellos que menos tienen y donde
el daño se hace sentir más.
Ningún sector tiene en estos momentos la hegemonía y
la valentía de encarar “per se” la salida de la actual situación, menos aun el
movimiento cooperativo que no encuentra
como y por donde está ubicado ahora en el contexto social, porque no tiene dirigentes
capaces que lo guíen a una buena estación.
Ausentes de poder, la membresía sola no tiene la guía
que se merece y por lo tanto la valentía no exciste, porque la voluntad sola no
alcanza a dar el paso que la lleve a
cortar el cordón umbilical para separarse del cuerpo que le daba vida porque ya a dejado de existir.
Segundo Camuratti
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