jueves, 1 de septiembre de 2016

Abulia o anemia?



Siempre la historia será la testigo inapelable  de los sucesos que se producen en la vida de la sociedad, por eso va marcando los hechos como custodia fiel de la memoria.
La situación actual del país da mucha tela para cortar cuando uno pretende hablar incursionando, como siempre, sobre el movimiento cooperativo argentino para descifrar lo que pasa y hacia donde quiere ir  en la etapa cambiante de un modelo que después de más de una década de comenzar bien  termina muy mal.
No será fácil conseguir elementos que induzcan a encontrar los motivos  adecuados que lleven a ello, porque solo la sicología lo puede conseguir llevando el análisis al extremo de las situaciones neurológicas
Ningún movimiento desaparece de por si  olvidando su razón de ser de un día para el otro, menos cuando los argumentos  encajan en el itinerario del porque se viene la negra noche y los dirigentes   no tienen la fuerza suficiente para volver a las fuentes de la historia sin voluntad y sin causa por falta de motivación, embaucados aquellos que apoyaron la década ganada por los subterfugios del subsidio gratis  algunos, y otros esclavos imberbes  por la escasez  de  principios solidarios haciendo mutis por el foro, en  una comedia teatral de enredos cuando no aspiran otra cosa al no poder  ser uno de  actores principales por faltarles  el amo que siempre los  dirigían.
Este cambalache digno de un tango arrabalero que desensilló hasta que  aclare para después poder engancharse en el tren aunque sean solo  furgón de cola en otro ferrocarril  que los lleve aupados.  
También es cierto que la decadencia del país  no se da solo en algunos sectores sino en un todo, social y económico y principalmente en aquellos que menos tienen y donde el daño se hace sentir más.
Ningún sector tiene en estos momentos la hegemonía y la valentía de encarar “per se” la salida de la actual situación, menos aun el movimiento cooperativo que no  encuentra como y por donde está ubicado ahora en el contexto social, porque no tiene dirigentes capaces que lo guíen a una buena estación.
Ausentes de poder, la membresía sola no tiene la guía que se merece y por lo tanto la valentía no exciste, porque la voluntad sola no alcanza a dar el paso que  la lleve a cortar el cordón umbilical para separarse del cuerpo que  le daba vida porque ya a dejado de existir.
 Segundo Camuratti




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