Estando cerca de fin de año pensábamos hacer un
balance desapasionado de lo que paso en el lapso de tiempo transitado, para
dejarlo escrito y con opiniones concretas de lo que se hizo y como nos fue en
la vida de un movimiento cooperativo que siempre hemos tenido en cuenta de lo
que fue, de lo que es y de lo que debemos hacer para lograr avances positivos
en la gestión, para capitalizar el progreso de un movimiento que es esencial en
la vida el crecimiento del país.
Pero un movimiento que no se mueve no es
movimiento porque deja o
mejor dicho fue dejando en el camino los principios que le dan sustento,
al abandonar el subjetivo nosotros por el yo
individualista al ser cooptado por políticas partidistas que nada tienen
que ver con el factor solidario del cooperativismo, atando el caballo
detrás del carro en beneficio propio
olvidando a sus congéneres; cuando el árbol comienza a tapar el bosque se pierde la noción de lo que significa la
sociedad.
Estamos a solo una semana del cierre de una etapa
que anhelábamos que podía convertirse
en una epopeya, porque superaba en más de 3 decenios la vuelta a la
constitucionalidad democrática de un país, que había afrontado muchos traspiés
en su historia pero desgraciadamente llegamos agotados por el esfuerzo y la
desazón calzando muletas y bastones para poder sostenernos, confundidos y
angustiados, por problemas internos que no se han podido consensuar para lograr
la fortaleza espiritual de convivir en paz y armonía.
La renovación política de la facultad democrática de
los organismos presidenciales de gobierno en el 2015, admitía prever sinceramente que la continuación de este
importante hecho cerraba capítulos trascendentales que llegaban para olvidar épocas
pasadas entronadas en el rencor y la. divergencia social.
Pero en este momento la grieta demuestra que sigue
abierta y es muy grave desde cualquier punto de vista porque trastoca el
entendimiento de la sociedad, demostrando que lo pasado no esta pisado y que
resquemores anteriores están aflorando
nuevamente, para generar desencuentros que no ayudan al anular los ejes de la convivencia ciudadana.
Por esto nos preguntamos; ¿en este escenario social
puede funcionar y desarrollarse un movimiento nacido para sostener el factor
subjetivo de la persona humana tratando
de instalar el acto solidario?
Por eso no sabemos calcular los números del balance
que debemos hacer porque pareciera que ignoramos la realidad, al pretender
sembrar solidaridad en un terreno que no es fértil sin ponerles antes el abono
de la educación cooperativa y el trabajo artesanal de los dirigentes.
Algo esta fallando
en el movimiento cooperativo y si no se repiensa hacia donde se va, nos
podemos quedar sin solidaridad y sin movimiento.
Segundo Camuratti
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