Como se mezclan los tantos
06 de Julio de 2013
Cuando se ha transitado cerca de medio siglo
dentro de un movimiento cooperativo inspirado en claros principios
institucionales, se han visto y escuchado tantas cosas, que memoria de por
medio, nos habilita para elaborar opiniones sobre temas que el imaginario
colectivo honesto y sincero del integrante común del movimiento cooperativo no
puede discernir.
Jamás en su
larga trayectoria de casi dos siglos el cooperativismo admitió
las medias tintas, por eso estableció sus códigos funcionales a través
de la elaboración de sus principios, que con ajustes en el tiempo para
mejorarlos aun siguen vigentes.
Sabedores por
experiencia que nada es eterno, que el mundo en su avance cambia modelos de
vivencia y convivencias, posiblemente en alguna instancia precisa tendrá que
modificar o cambiar cosas para ajustar
su funcionamiento a las necesidades humanas de ese nuevo mundo, pero nunca
dejará de establecer principios claros sobre su visión y misión que no serán
otras que mejorar la situación de vida de quienes se cobijen en el.
Pero lo que se
vive actualmente es la realidad existente de un movimiento que aglomera en
argentina mucho más de 10 millones de adeptos y eso es bueno; debemos tenerlo
en cuenta porque resulta un buen botín para piratas sociales que quieran
apropiarse de el con fines no confesos.
Cuando en los
países florecen las dificultades, por mala praxis de los gobiernos o por los
desastres de la naturaleza, algunos conductores solo pretenden salvar lo que se
pueda, sin equidad ni ejercicio social; cualquier medida que permita soportar
el temporal es buena así se destroce lo construido; eso es lo que muchos creen.
Lo dijimos
desde antaño, la cooperación no es caridad y para que esta sirva para la
sociedad debe mantenerse dentro de la estructura principista que la contiene,
con actitudes genuinas, entendiendo que la principal virtud es su
funcionamiento y administración
gestionada por los propios asociados, inmersos en el acto solidario de
dar para recibir.
Por lo tanto no
puede ni debe exigir subsidios para funcionar: necesita leyes adecuadas para
poder actuar dentro de un determinado esquema social que respete su esencia y
si llegase a necesitar apoyo del estado, estos deben ser desarrollados de
acuerdo a su carácter intrínseco colectivo que pueden ser los créditos especiales y/o promociónales
como cualquier emprendimiento social y deben ser devueltos al estado si es este quien lo aporta.
Hasta ahí
tenemos la figura cooperativa encuadrada en los cánones clásicos de la
cooperación, que le ha dado vida y crecimiento hasta el presente.
Pero los países
tienen además otras necesidades y una mirada propia sobre como resolver las
situaciones generales que lo afecten en determinados momentos de la historia;
especialmente la exclusión social, la indigencia, la pobreza, etc. y en su afán
de resolver los problemas correspondientes del estado mezclan los tantos, en
vez de incorporar nuevas ideas mal copia las que ya tiene; en esos casos se
suele optar livianamente por aquello de “para que inventar lo que se tiene a mano” desvirtuando la
escena.
Segundo Camuratti
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