jueves, 10 de abril de 2014

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Para la educación cooperativa                                    Sda. Parte

Debemos tomar y a la vez formar conciencia en el imaginario colectivo cuando decimos de que la cooperación no puede ser nunca un fin en si mismo, porque tiene y debe transformarse a través de su función adecuándose a las necesidades y al avance posicional que la sociedad necesita, para mejorar las condiciones de vida de quienes participan de ella.
Como organismo colectivo en todos los ordenes de su integración la cooperación debe lograr que quienes ingresan a ella por necesidades propias, generadas por las magras posibilidades que le da el mundo desde siempre a los sectores de menores recursos, cuando el entorno económico que lo rodea no le asegura un buen pasar en el nivel de vida  impidiendo  el desarrollo de la psiquis del individuo, en la búsqueda que pueda llevarlo a constituirse en el exponente adecuado de la identidad del grupo humano que integra.
Hasta allí el ejercicio de la actividad cooperativa mostraba solo una parte de la cara del beneficio que brindaba a quienes se asociaban a ella,  dándole el elemento material de la posibilidad de transportarlo para modificar ese fin en si mismo.
Con el advenimiento en 1844 de los pioneros de Rochdale se dio en consecuencia el sentido correcto de lo que debía ser la cooperación a través de reglas específicas que encuadraron su funcionamiento; reglas de juego que trascendieron el servicio económico al incorporar los conocimientos sociales y culturales que transformaron al individuo conduciéndolo a una instancia de vida superior.
Además como complemento esencial se incorporo la educación cooperativa que  contribuyó de manera efectiva a  un  cambio que no pudo avanzar por si solo  lo suficiente para incidir en los resultados, al no conseguir políticamente  establecerse con fuerza dentro de nuestro país a pesar de las leyes promulgadas, porque estas fueron dejadas de la mano por distintos gobiernos que no acompañaron debidamente su proceso de desarrollo.
Tan es así que no alcanzaron hasta el presente ser parte de la educación publica de manera consecuente, al no ser reguladas y aplicadas constantemente como corresponde, sobreviviendo solo por las instancias de entes privados vinculados al sector cooperativo que la tienen en cuenta.
Esta falencia del estado todavía existe aun y por eso es bueno tener en cuenta otras vías de afianzamiento y otros elementos idóneos, siempre dentro de la educación cooperativa, que sin tergiversar lo que hasta hoy se hace, posibilite nuevos espacios de capacitación que incorporen metodologías nuevas que contribuyan a que la cooperación avance dentro de la economía social, con la convicción y la adhesión de quienes participan en ella teniendo en cuenta que el cooperador no nace, sino que se hace, y para eso, hacen falta políticas que acompañen dentro del universo educativo en la búsqueda de caminos que contribuyan a afianzarla dentro de la sociedad, para inculcar en la conciencia colectiva la fidelidad del cooperador.
Una de esas vías pueden ser muy bien el empoderamiento en la actitud para lograr la  capacitación que necesitan los individuos,  ingresando en la cooperación con la convicción y el tesón del sentido de pertenencia  indispensable por la importancia que esta tiene en la mejora de la calidad de vida de amplios sectores humanos, tarea que debe ser encarada desde la educación cooperativa de manera integral para instalarla en los futuros cooperadores.
Segundo Camuratti

 

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