Para la educación
cooperativa
Sda. Parte
Debemos
tomar y a la vez formar conciencia en el imaginario colectivo cuando decimos de
que la cooperación no puede ser nunca un fin en si mismo, porque tiene y debe
transformarse a través de su función adecuándose a las necesidades y al avance posicional
que la sociedad necesita, para mejorar las condiciones de vida de quienes
participan de ella.
Como
organismo colectivo en todos los ordenes de su integración la cooperación debe
lograr que quienes ingresan a ella por necesidades propias, generadas por las
magras posibilidades que le da el mundo desde siempre a los sectores de menores
recursos, cuando el entorno económico que lo rodea no le asegura un buen pasar
en el nivel de vida impidiendo el desarrollo de la psiquis del individuo, en
la búsqueda que pueda llevarlo a constituirse en el exponente adecuado de la
identidad del grupo humano que integra.
Hasta allí
el ejercicio de la actividad cooperativa mostraba solo una parte de la cara del
beneficio que brindaba a quienes se asociaban a ella, dándole el elemento material de la posibilidad
de transportarlo para modificar ese fin en si mismo.
Con el
advenimiento en 1844 de los pioneros de Rochdale se dio en consecuencia el
sentido correcto de lo que debía ser la cooperación a través de reglas
específicas que encuadraron su funcionamiento; reglas de juego que
trascendieron el servicio económico al incorporar los conocimientos sociales y
culturales que transformaron al individuo conduciéndolo a una instancia de vida
superior.
Además como complemento esencial se
incorporo la educación cooperativa que contribuyó de manera efectiva a un cambio que no pudo avanzar por si solo lo suficiente para incidir en los resultados,
al no conseguir políticamente establecerse
con fuerza dentro de nuestro país a pesar de las leyes promulgadas, porque estas
fueron dejadas de la mano por distintos gobiernos que no acompañaron
debidamente su proceso de desarrollo.
Tan es así
que no alcanzaron hasta el presente ser parte de la educación publica de manera
consecuente, al no ser reguladas y aplicadas constantemente como corresponde,
sobreviviendo solo por las instancias de entes privados vinculados al sector
cooperativo que la tienen en cuenta.
Esta
falencia del estado todavía existe aun y por eso es bueno tener en cuenta otras
vías de afianzamiento y otros elementos idóneos, siempre dentro de la educación
cooperativa, que sin tergiversar lo que hasta hoy se hace, posibilite nuevos
espacios de capacitación que incorporen metodologías nuevas que contribuyan a
que la cooperación avance dentro de la economía social, con la convicción y la
adhesión de quienes participan en ella teniendo en cuenta que el cooperador no
nace, sino que se hace, y para eso, hacen falta políticas que acompañen dentro
del universo educativo en la búsqueda de caminos que contribuyan a afianzarla
dentro de la sociedad, para inculcar en la conciencia colectiva la fidelidad
del cooperador.
Una de
esas vías pueden ser muy bien el empoderamiento en la actitud para lograr la capacitación que necesitan los individuos, ingresando en la cooperación con la convicción
y el tesón del sentido de pertenencia indispensable
por la importancia que esta tiene en la mejora de la calidad de vida de amplios
sectores humanos, tarea que debe ser encarada desde la educación cooperativa de
manera integral para instalarla en los futuros cooperadores.
Segundo Camuratti
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