Para la
educación cooperativa Pra. Parte
Es muy común dentro del
movimiento cooperativo analizar el tema de la poca participación de las mujeres
y los jóvenes dentro de las cooperativas, pero hasta ahora no se ha encontrado
la formula ideal para lograr la integración
de esos sectores en la dirección de las entidades.
La excusa deriva siempre en
la problemática de género como elemento esencial cuando se habla sobre las
mujeres por una parte, y de falta de
interés al referenciar a la juventud por la otra, sin buscar nuevos caminos que
lleven a concretar ese anhelo importante que permitiría darle a la entidad
cooperativa otra calidad de organización perfeccionando el elemento colectivo de las mismas.
Creemos que no se ha
avanzado en tratar de explorar distintas metodologías que se están aplicando en
países de América latina, especialmente en Colombia, con determinado éxito a
través de la educación cooperativa, que si bien posiblemente no sea totalmente
perfecto, puede ser el inicio de una nueva experiencia que consiga aportar
beneficios para resolver los problemas de integración humana.
El paso del tiempo no
hace mella sobre estudios que, después de transcurrido medio siglo, vuelven a
tener vigencia porque el cambio del entorno y el contexto mundano le otorgan
méritos suficientes para, por lo menos, ser tenidos en cuenta nuevamente para
incorporarlos, luego de analizarlos y elaborarlos total o parcialmente si
hiciese falta, llevándolos a un nuevo debate sobre la educación popular y
porque no al aspecto fundamental de la educación cooperativa.
De trabajos que Paulo Freire en la década de los
años 60 del siglo anterior desarrolló, rescatamos que surgen aspectos positivos
de la incidencia de lo que se dio en llamar el efecto empoderamiento en la vida
de las personas en una importante ecuación, que puede alentar el accionar
colectivo que haría conveniente y necesario, hoy analizar y conjugar, en la convicción
de que la búsqueda de nuevas alternativas que contribuyan a mejorar la proyección
de la educación cooperativa para asegurar
que esta llegue al movimiento cooperativo, con condiciones que logre
superar aquellas antinomias que entorpecen el entendimiento del porqué
colectivo sobre el yo individualista.
Es cierto y lo tenemos en
cuenta, que será difícil en avanzar para mejorar cosas que no se han implantado
aun como debería ser por la lenidad legislativa, que le imposibilita llegar a
la masividad del entorno cooperativo para asegurar su progreso, pero también es
cierto que una cosa no quita la otra, por lo tanto no está de más abrir y
habilitar nuevos caminos de prospección.
Esto no termina aquí,
seguiremos buceando sobre el tema y lo traeremos nuevamente en el afán de
construir espacios de investigación dentro del movimiento cooperativo que
permitan avanzar en un desarrollo más armónico del mismo.
Segundo
Camuratti
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