viernes, 3 de mayo de 2013

El cooperativista no nace, se hace. 2da. parte


Mencionamos anteriormente sobre las distintas corrientes, para mejor decir ideológicas que existen dentro del universo cooperativo, y por lo tanto no habremos de identificarlas como entes de pensamiento uniforme que si bien son respetables todas, no pueden conformar un universo único.
Por otra parte sería un error pretender en un mundo unipolar hoy, que la educación cooperativa constituya un andamiaje que trascienda el objeto social de la corriente que lo impulsa generalizando criterios.
En tanto el movimiento cooperativo continúe tal cual funciona actualmente predicando la integración y esta sea solo informal, lo primero y preferible que se puede aplicar para difundirla es una educación cooperativa que conlleve en la práctica, como hecho ineludible e inexcusable, los principios rectores que le dieron vida a la cooperación en su origen.
Lo secundario pero que no le va en zaga por la importancia que tiene, es el rol  que debieran asumir en el quehacer político sus dirigentes por lo complementario  que esto significa; pero este es un tema del que nos ocuparemos más adelante.
La esencia del problema educativo transita por andariveles internos y externos de la identidad cooperativa, partiendo desde la base del sector social y terminando dentro del sector público.
Desde lo interno corresponde considerar la ventaja, si bien es repetitivo el mensaje, de lo que significa  obrar en conjunto por la propia voluntad de los interesados ayudándose los unos a los otros, es decir cooperando para obtener mejores   resultados por el accionar colectivo, que a través del esfuerzo individual.
Para  poder introducir  la idea de actuar así en la gente, ésta debe saber porque tiene que cooperar y como  hacerlo adecuadamente; es aquí donde debe aparecer la ecuación de la educación cooperativa y por lo tanto, este es el principio sustancial y requisito fundamental para aplicarla.
Aunque pueda aparecer como elemento preconcebido y  natural, en la práctica no está demostrado de manera evidente que esto, por entenderse cosa común se de así  en todas partes.
Aquí debemos considerar los distintos enfoques que se dan dentro del movimiento cooperativo sobre como debería desarrollarse  la educación cooperativa teniendo en cuenta el como y el porque en los  factores orientativos de la línea programática que  asume la función de la entidad cooperativa, y si ella es la que se corresponde.
Hemos sostenido con argumentos precisos el doble carácter que debe asumir la identidad de la cooperativa, ser una “empresa eficiente con contenido social” explicando con esto el cómo y el porqué; lo decimos con claridad para que se entienda que la educación cooperativa debe ser sostenida apuntalando esta concepción con equidad y sin desvíos.
Pueden existir y esta probado que así sea, el motivo de producir en distintas circunstancias una afectación en la enseñanza de la educación cooperativa  valorando excesivamente al como sin preocuparse del porqué.
Es decir, el espíritu de la enseñanza se concentra principalmente en el concepto administrativo de la empresa cooperativa en lo técnico y económico ha modo de objeto principal, (el “como”) dejando de lado el educar de manera eficiente el sentido real del movimiento cooperativo como instrumento de transformación de la manera de pensar del sujeto que la integra para mejorar su condición de vida, (el “porqué”).
Esta manera de encarar la educación promueve un desacople específico y perfecto en la ignorancia del doble carácter con que definimos el funcionamiento de la entidad cooperativa, “empresa eficiente con contenido social”.  
       Segundo Camuratti

 

 

 

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