Se confunde cuando desde
el imaginario colectivo se incorpora la
visión del cooperativismo como una asociación gremial de un sector de la
sociedad y lo confunde como hecho común; sin tener presente que ello significa
desviar el eje del entramado social que lo compone porque los cooperadores van
por más, al anhelar construir una nueva sociedad con auténticos valores
solidarios que vertebren una equitativa distribución de la riqueza para construir
un mundo más igualitario y fraterno.
No es pecar de soberbia el
pretender esto que decimos, es solo despertar desde lo cognitivo la conciencia
del sujeto, para que entienda que la
exaltación del individuo es solo el producto
de los resultados de acertar en las circunstancias que transmiten acciones que
llevan a la persona humana, como factor social, a disponer de herramientas para
conseguir un mejor sistema de vida.La educación, y especialmente la educación cooperativa nutre y
despierta en el ser humano valores que contribuyen en buena medida a ir
formando conciencia en las personas de que el individualismo como esencia
engendra el aislamiento conduciéndolo por un estrecho corredor que lo lleva a separarse del universo en que vive.
Si tenemos en cuenta esto
vamos a llegar a la conclusión de la imperiosa necesidad de que sin la educación
cooperativa mediante, vamos a tener solo cooperadores anclados
por la práctica del trabajo cotidiano.
En cambio distintos serán
los cooperadores instruidos como seres pensantes
que están consustanciados teóricamente con las pautas éticas que fijan los
principios que norman a la cooperación, desarrollando el sentir colectivo y solidario.
Por lo tanto, aquellos
educadores que logren trasmitir con su tarea el conocimiento detallado, exacto
y real de la esencia y la importancia de la cooperación para el desarrollo de
la humanidad se convierten en genuinos formadores de conciencia para modelar el
nuevo individuo solidario.
Segundo
Camuratti
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