domingo, 3 de febrero de 2013

Cooperativismo y educación


Bueno es volver a tenerlo en cuenta porque en blogs anteriores tratamos el tema sobre las distintas corrientes ideológicas de las que se nutre el universo cooperativo, y por lo tanto no debemos identificarlas como entes de pensamiento uniforme, que si bien son respetables  por que apuntan todas hacia el mismo fin, no  suelen conformar un universo único.
Por otra parte sería un error pretender en un mundo unipolar hoy, que la educación cooperativa constituya un andamiaje que trascienda el objeto social de la corriente que lo impulsa al generalizar criterios diversos y dispersos.
En tanto el movimiento cooperativo continúe tal cual funciona actualmente predicando la integración y esta sea solo informal, lo primero y preferible que se puede aplicar para difundirla, es una educación cooperativa que conlleve en la práctica como hecho ineludible e inexcusable, los principios rectores que le dieron vida a la cooperación en su origen y prioricen la integración cooperativa y su diversidad.
Lo secundario pero que no le va en zaga por la importancia que tiene, es el rol que debieran asumir en el ordenamiento institucional del cooperativismo  sus dirigentes en la implantación de lo que significa la educación cooperativa.
La esencia del problema educativo transita por andariveles internos y externos de la identidad de la cooperativa, partiendo desde la base del sector social y terminando dentro del sector económico.
Desde lo interno corresponde considerar la ventaja si bien es repetitivo el mensaje, de lo que significa obrar en conjunto por la propia voluntad de los interesados ayudándose los unos a los otros, es decir cooperando para obtener mejores resultados por el accionar colectivo, mas que a través del esfuerzo individual.
Para poder introducir la idea de actuar así en la gente, ésta debe entender porque tiene que cooperar y como hacerlo adecuadamente; es aquí donde debe aparecer la ecuación de la educación cooperativa y por lo tanto, este es el principio sustancial y requisito fundamental para aplicarla.
Aunque pueda aparecer como elemento preconcebido y natural, en la práctica no está demostrado de manera evidente que esto si se entiende como hecho colectivo, se de así en todas partes.
Aquí debemos considerar los distintos enfoques que se dan dentro del movimiento cooperativo sobre como debería desarrollarse la educación cooperativa teniendo en cuenta el como y el porque en los factores orientativos de la línea programática que asuma la función de la entidad cooperativa, y si ella es la que se corresponde separando  lo colectivo de lo individual.
Hemos sostenido siempre, porque esto está escrito, con argumentos precisos el doble carácter que debe asumir la identidad de la cooperativa, ser una empresa eficaz y eficiente con contenido social explicando con esto el cómo y el porqué; lo decimos con claridad para que se entienda que la educación cooperativa debe ser sostenida apuntalando esta concepción principista con equidad y sin desvíos.
Puede existir y esta probado que así sea, el motivo de producir en distintas circunstancias una afectación en la enseñanza de la educación cooperativa valorando excesivamente al como sin analizar el porqué.
Es decir, el espíritu de la enseñanza se concentra principalmente en el concepto administrativo de la empresa cooperativa en lo técnico y económico ha modo de objeto principal, (el como) lo que no es malo, pero deja de lado el educar de manera eficiente en el sentido real del movimiento cooperativo como instrumento de transformación en la manera de pensar del sujeto que la integra para mejorar la condición de vida colectiva, (el porqué) lo que es mejor.
Esta manera de encarar la educación promueve un desacople específico que ignora ese doble carácter con que definimos el funcionamiento de la entidad cooperativa  en el deber ser: empresa eficaz y eficiente con contenido social.

Segundo Camuratti

 

 

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