Decíamos en el Blog anterior que se
hace difícil conocer la realidad en números de la composición pormenorizada de la
cantidad de entidades genuinas que integran el movimiento cooperativo
argentino, dado que siguen faltando datos esenciales que acredite su exacta
actualidad para permitirnos establecer
la verdadera dimensión del mismo.
Los datos manifestados por el censo
del año 2007 distan mucho de establecer un parangón con lo que se dice y sucede
actualmente; mencionábamos que de ahí en más nos íbamos a manejar con los datos que
surgieran de las declaraciones que
oportunamente hiciese el Presidente del INAES Dr. Patricio Griffin, pero en la
medida que avanzamos en el análisis de la situación cada día nos encontramos
más confundidos.
El Presidente
del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES), doctor
Patricio Juan Griffin, precisamente en Octubre de 2011, cuando pronuncia una
charla en Buenos Aires en el seminario sobre “Políticas de lucha contra el
lavado de activos y la financiación del terrorismo”, que fuera organizado por la SIGEN (Sindicatura General
de la Nación )
y del cual participaron también el presidente de la UIF , (Unidad de información
Financiera), José Sbatella; el titular de la CNV , (Comisión Nacional de Valores) Alejandro
Vanoli; el Superintendente de Seguros, Francisco Duraron, y el Rector de la Universidad Nacional
de San Martín, Carlos Ruta.
En el
transcurso de esa charla, el funcionario nacional aportó datos que en Argentina
se desconocían hasta ese momento, al
expresar que “de las 38.000 cooperativas existentes, hoy tenemos con matricula
vigente a 17.500, mientras que 21.000 tienen matricula cancelada o suspendida”
Verdaderamente
estos datos asombran por su magnitud, (tanto en más como en menos), porque de
la información del INAES no surgen, lo que nos hace pensar que el movimiento
está viviendo una ficción en la figura de su integración.
Es cierto que
en el último quinquenio se han creado una infinidad de cooperativas de
distintas ramas conjuntamente con sectores propiciados por el estado, que
debieran ser llamadas seudo cooperativas porque sirven para incluir personas
excluidas de la actividad laboral, gestionadas a través de subsidios del estado
u otro tipo de políticas.
Pero lo que
mueve a la reflexión es la disparidad de los datos y la veracidad de los mismos
y a que atenernos para hacer comparaciones sobre la situación actual; lo ideal
sería que el INAES informe periódicamente o anualmente como balance de situación,
cuales son las cifras finales a las que se llega y porque.
A tanto a transcendido el tema, que sorprenden las comunicaciones que invocan esos dichos del Presidente del INAES, tampoco desmentidas, que de ser cierto coloca negro sobre blanco en la historia al movimiento cooperativo argentino actual.
Solamente aparecen dentro de los medios de comunicación privados las denuncias superfluas nunca desmentidas, del dislate del otorgamiento de importantes subsidios a entidades que están coordinadas por la política partidista, en un derroche asistencialista más que solidario, que nada tiene que ver ni que hacer con las cooperativas organizadas.
Pero como no entendemos, si es
cierto, porqué se hacen estas cosas, pensamos
que este acto solo lleva implícito el
rédito político de la intervención estatal a través de los subsidios que los
transforman luego en el pago a cuenta de favores pervirtiendo al cooperativismo
y atándolo al voto cautivo tomando como rehén a la gente.
Por eso hicimos tanto hincapié para el llamado a un Congreso del movimiento cooperativo argentino que dilucide el estado de situación actual y el posicionamiento ideológico e institucional del movimiento.
Segundo Camuratti
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