Posiblemente parezca demasiada insistencia el seguir hablando de la necesaria realización de un nuevo Congreso Argentino de la Cooperación, pero hay un viejo refrán que dice “si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma”.
Decir esto no es reinventar nada nuevo, hay otros refranes muchos mas cáusticos que este, para reprochar indirectamente la lenidad de los dirigentes para asumir las responsabilidades en el cumplimiento de los compromisos contraídos en determinadas situaciones, para concretar aquello que ligeramente se dice para zafar de la posición y aparentar un interés poco inteligente.
Se está convencido o no, no hay términos medios para afrontar el liderazgo que toda gestión demanda, no se puede tener las dudas del famoso personaje de Shakespeare, el ser o no ser.
Ya han transcurrido casi siete años del último Congreso Argentino de la Cooperación, y eso significa mucho tiempo en un país y un mundo que camina velozmente en la búsqueda de cambios para mejorar el sistema de vida de los individuos.
La actividad del movimiento cooperativo argentino no puede navegar cual barco a la deriva sin timón, porque su desarrollo debe responder, y en mucho, de la vertiente que emana de la opinión de todos aquellos que contribuyen con su esfuerzo a alimentarlo, en la ida y vuelta necesaria y permanente del dirigente y asociado en una correcta sincronización.
Los nuevos tiempos que vive el país deben ser forjados entre todos, con la opinión de todos los cooperadores, llamese dirigentes y asociados, como cosa integra responsable en el éxito de la gestión; a no ser que sean atravesados por intereses personales que nada tienen que hacer en un ámbito colectivo.
Podrá decirse como respuesta que para lograr ciertas cosas se hace necesario lograr el consenso necesario para llevarlo a cabo, pero como no hay peor gestión que la que no se hace, lo primero a hacer es trabajar para buscarlo, porque nunca va a venir solo.
Recordemos que el Congreso Argentino de la Cooperación realizado en las postrimerías de la dictadura militar, en 1983, llevo todas sus inquietudes a la Presidencia de la Nación, del país recién nacido a la vida institucional, para hacer conocer la opinión del movimiento cooperativo en la nueva etapa que comenzaba.
Ninguna democracia que se precie como tal puede gobernar ignorando y sin tener en cuenta lo que representa un movimiento cooperativo unido trabajando por el bien del país, y menos aún contra el; porque sería la negación de esa democracia.
Segundo Camuratti
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