domingo, 26 de diciembre de 2010

EDITORIAL Diciembre 2010


A transcurrido un largo año y siempre que esto sucede es conveniente recapacitar sobre lo que ha transcurrido como referente a tener en cuenta.

Creo que ya lo dijimos pero es bueno recordarlo: para el movimiento cooperativo argentino, aunque muchos lo nieguen con algunas espectaculares paradas, a sido un año insulso, falto de color.

Algunos excelentes periodistas que por sus antecedentes personales hacen excelentes notas, mezclando pasado y presente para mostrar los éxitos idos, (especialmente aquellos que ya no están para darle matiz al espectáculo), con los que todavía no terminaron de nacer, dando por sobreentendido que todo lo que se dice es verdad con elementos que pueden llevar al engaño, porque todo es relativo.

Es bueno nutrirse de datos sobre el cooperativismo, pero no tanto, cuanto estos llevan como fin desvirtuar la realidad de lo que acontece.

El país tiene entidades de tercer y segundo grado, que si mostrasen interés en conocer la salud del sector cooperativo estarían en condiciones de elaborar un mapa concreto y preciso sobre el estado de las cooperativas, contabilizando la verdadera situación sin el atravesamiento del factor político que le da una grandilocuencia que no tiene.

Es cierto que el movimiento cooperativo tiene excelencia en muchos niveles, pero siempre cosechados tal cual lo dice la cooperación con el esfuerzo propio y la ayuda mutua, si neteamos todo aquello de que hacen gala ciertos organismos oficiales buscando agua para su molino la realidad es otra; no es todo oro lo que reluce.

El cooperativismo argentino tiene las mismas dificultades que un sector importante del pueblo argentino.

No existe otra colaboración estatal que la subsidiaria que distorsiona el acto cooperativo genuino, y vale como ejemplo mostrar los números y los hechos de la tarea legislativa del año que termina, que salvo los auspicios que validan el cartel publicitario de algunos actos ante el mundo, en todo un año no ha avanzado sobre leyes necesarias que lleven a mejorar el funcionamiento de algunas ramas del mismo.

La integración entre las distintas vertientes del cooperativismo argentino prácticamente no existe, lo único que esta en pie cuando de unidad se habla es la figura excluyente y dominante que está encarnada por el verbo diversidad.

De otro Congreso Argentino de la Cooperación, mas urgente hoy que nunca, nadie habla con ciencia cierta, es un tema tabú, porque a los organismos de control oficiales el cooperativismo autogestionado no les interesa, mientras puedan avanzar con el cooperativismo prebendarlo del subsidio que genere sufragios en víspera de las próximas elecciones; en tanto las entidades de clase superior del movimiento sonríen disfrutando los halagos de las crónicas bien escritas.

¿Hasta cuando avanzará esto sin llegar a la hipocresía?

Segundo Camuratti

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