viernes, 19 de noviembre de 2010

Cooperativismo, en que andás?


Estamos llegando a fin de año y se hace necesario hacer una evaluación, dentro de lo posible, de los avances, y porque no en algunos casos retrocesos, que se pueden dar dentro del movimiento cooperativo argentino referidos especialmente a la identidad de las instituciones.

Si tomamos en cuenta que el estancamiento en niveles relativos de un movimiento es un retroceso, debemos preocuparnos y analizar que es lo que está pasando.

Vivimos momentos trascendentes en la vida del país y cada día que transcurre notamos que el avance de la politización influye en la actitud de las entidades cooperativas, que están siendo cooptadas por mecanismos que no solo arrastran ideológicamente a los dirigentes, sino también a las entidades embanderándolas en procesos que desvirtúan la esencia de la diversidad conceptual, que debe asumir la membresía de la cooperativa encasillando lo colectivo con partidismos selectos.

Incide en todo esto la penetración, que puede ser legítima si no estuviese condicionada, por los subsidios que se dan conllevando la carga subjetiva intencionada del apoyo político, direccionando una deformación del sistema.

En diversos sitios cooperativos podemos encontrar referencias sobre el movimiento que llegan hasta la crítica, de cooperadores dando cuenta de las necesidades no cumplidas por los organismos rectores, tanto del estado como de las entidades de grado superior, por la inacción respecto de lo que pasa con la educación cooperativa, prácticamente ausente de la escuela pública en muchas provincias del país.

Cuando hacemos centro en la educación del individuo, esta no puede pasar solo por el clásico programa de los ministerios respectivos, sino que falta el acompañamiento en la página curricular de la escuela pública la materia sobre el cooperativismo; ¿o es acaso que no interesa educar personas con sentido solidario para modificar la cultura individualista formada durante tantos años?

¿Formaremos educadores que conociendo los temas sobre las bondades del cooperativismo sean capaces de trasladarlo a los educandos?

El país que crece solo en los índices económicos olvidando la necesidad del cambio cultural modificatorio de la conducta de sus habitantes, se miente a si mismo: junto a la economía debe crecer el individuo como sujeto central del progreso social.

Además, para completar el cuadro sinóptico que cierre la ecuación sobre las necesidades del movimiento cooperativo nos preguntamos; ¿no habrá llegado la hora, después de tanto tiempo y en la etapa que transitamos, (que puede ser de transición para otro modelo de país), que los dirigentes cooperativos llamen a un nuevo Congreso Argentino de la Cooperación para debatir sobre el modelo que anhela el cooperativismo, un país mas equitativo y solidario?

A no ser que se sientan satisfechos de lo actuado hasta el presente y bajen las persianas, convencidos que ellos más no pueden ni saben hacer, si eso es así deberían decirlo.

Segundo Camuratti

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