martes, 2 de octubre de 2012

Homenaje a Floreal Gorini


Es imposible para quienes fuimos sus discípulos dejar pasar el 8° aniversario de su fallecimiento, (03/10/2004), sin rendirle el justo homenaje que se merece por su trayectoria en la vida, y por todas las semillas que sembró en  aquellos lugares por los que transitó, especialmente en el movimiento cooperativo y además en lo político, en su tarea dedicada siempre a favorecer a los más que menos tienen en la búsqueda de sistemas de vida que enaltezcan a la persona humana, y lo hacemos convencidos a pesar que algunos pseudos cooperativistas lo silencien por conveniencias propias.
El tiempo pasa inexorablemente pero cada día que transcurre nos afirma más en el convencimiento que la figura de Floreal nos acompaña de manera permanente en nuestra búsqueda de un país mejor, de un mundo mejor, donde el individuo como persona sea el eje central de la interpretación de un pensamiento, que el mantenía inalterable a través del tiempo como figura conductora, y que se basaba en el cambio que debía producir la sociedad, para lograr una sociedad perfecta de la cual debían participar todos los  hombres y mujeres sin excepción, donde el humanismo, lo moral, lo ético y la solidaridad fuesen el modelo, base sustentable de ese nuevo paradigma. 
Sobre las cooperativas decía con vehemencia; Es importante administrar bien la cooperativa, forma parte de la cultura la buena administración, la honesta y transparente administración.
Fomentar la participación de los asociados en la gestión y el gobierno de la cooperativa. Mostrar la cooperación como otro sistema de gestión de la economía, donde democracia y eficiencia son compatibles.
La solidaridad, uno de los pilares fundamentales del cooperativismo, se ha convertido en una de las herramientas más potentes para el cambio de una  actitud refractaria del mundo individualista y egoísta que nos quieren imponer.”
Tres párrafos claros muestran como era su pensamiento sobre la cooperación pero siempre dio por supuesto que la idea sola no alcanzaba, esa idea debía de ir acompañada con trabajo y a ese trabajo  volcó el esfuerzo de toda una vida para que el anhelo se plasmase en realidad. 
La importancia radica cuando ese pensamiento no solo se utiliza para transitar la vida, sino se convierte en herramienta fundamental y faro, para guiar y transmitir hacia el imaginario colectivo, lineamientos con alto contenido humanitario en beneficio de la sociedad en su conjunto
De la misma manera que con ladrillo tras ladrillo se levanta una casa, con idea tras idea supo delinear un pensamiento, que edificó la importancia que este conlleva en la construcción de la coherencia humana y política, que constituye el ejemplo en el modo de vivir de las personas, y eso trasunta al valor que tiene el significado de vivir como se piensa
Como todos los años pasados quisimos extraer de sus escritos parte de los mensajes que con el pasar del tiempo no han perdido vigencia, y la seguirán teniendo por tiempo indefinido  porque han pasado a formar parte del legado que sus enseñanzas nos dejaron como guía y con ellos estaremos construyendo el recuerdo inolvidable de su persona; como colofón dejamos cosas para pensar escritas por Floreal: 
“Nadie puede pronosticar los años que faltan para llegar a la sociedad realmente humana, pero ya el solo hecho de estar en el camino de la lucha para lograrlo hace a nuestra dignidad…” Floreal Gorini. 

Segundo Camuratti

 

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 16 de septiembre de 2012

Cercanos a fin de año


 

A la vista ya del fin de año se hace necesario e importante elaborar un análisis sobre la situación y las perspectivas del movimiento cooperativo y es nuestro deber hacerlo. Estamos observando la existencia de una revalorización, desde hace un tiempo si se quiere prolongado, del cooperativismo.
Desde  las organizaciones sociales y desde la sociedad misma se expresa también el reconocimiento y la importancia adquirida por la economía social y solidaria.
Entendemos que ha dejado de ser cosa rara en el ideario colectivo, el tema de la cooperación y de la economía social. Esto ha sido producto, probablemente, de la sucesión de crisis que ha sufrido nuestro país y de la capacidad de respuesta que ha demostrado el sector de la economía solidaria.
La expansión del concepto y su concepción altruista constituye una oportunidad y una amenaza al mismo tiempo, que nos faculta a pensar que ésta debe bregar para cumplir un rol positivo y activo dentro del movimiento cooperativo en su accionar, pero además, cuidar para que el sector no sea utilizado como una herramienta de explotación o evasión, o que al mismo tiempo sirva solo para amortiguar el conflicto social.
Integrantes de la sociedad e inmersos en ella, los cooperadores deben esforzarse por instalar en la conciencia cooperativa el factor determinante que conlleve a producir un cambio cultural de transformación social.
Es por ello, que el solo hecho de estar vinculados al servicio de esa sociedad que mencionamos, los cooperadores estamos habilitados para opinar con autoridad, sobre los aciertos y los errores que se generan en la conducción del país en todos los niveles de dirección y ofrecer propuestas concretas para atacar los problemas que de una u otra forma, afectan a vastos sectores de la sociedad.
Haciendo nuestro el principio fundamental que esgrime la cooperación, el interés por la comunidad, nos llevó siempre la necesidad de involucrarnos y hacer frente desde las ideas, cosa esencial, a los problemas sociales relacionados con los aún altos índices de pobreza e indigencia, la extrema desigualdad, las diversas formas de discriminación y la exclusión social que muchos pretenden ignorar con índices disfrazados.
Las cooperativas han demostrado ser actores imprescindibles en la construcción de alternativas que lleven a los países a lograr equilibrios sociales que nos conduzcan a una más equitativa distribución de la riqueza.
El doble carácter de la cooperativa, entendidos estos como empresa eficiente y movimiento social, nos permite analizar y entender desde el punto de vista de la solidaridad, que otro modelo de país más solidario es posible.
Por lo tanto los cooperadores en nombre de su adhesión implícita en el devenir cooperativo, tiene y está en condiciones de desarrollar proyectos destinados a promover una estrategia de cambios esenciales, inspirados en los valores de la solidaridad, la justicia y la democracia, en la búsqueda de una proyección que permita construir una Argentina capaz de garantizar la justicia social para todos, a través de una equitativa distribución de los ingresos que asegure una vida digna para el conjunto de la población.
En concreto, se trata de asegurar la alimentación, el trabajo decente, la salud, la educación y la vivienda para todos que no es poca cosa.
Al mismo tiempo, es clave para el presente y el futuro del país el ejercicio pleno de la soberanía en todos los niveles, para insertarnos en el mundo contemporáneo a partir de una estrategia verdaderamente patriótica, con independencia y dignidad.
Este es, en principio, el escenario en el cual nos encontramos y frente al cual, como individuos preocupados por la sociedad, debemos intensificar nuestra creatividad y el protagonismo desde la cooperación con el consenso de la sociedad.
Las herramientas a utilizar para llevar a cabo tamaño emprendimiento son muchas y variadas, pero lo importante es lograr la alineación de todos aquellos sectores que, con unidad en la diversidad, (muy promocionada   pero no puesta en practica), estén dispuestos a poner manos a la obra y trabajar por un estadio común.
Cuando decimos unidad o integración no significa que se pretenda eliminar las diferencias para concretarla, sino reconociéndolas y respetándolas, trabajar juntos por un proyecto que debe ser común. Mientras tanto lo ideal sería el continuar embarcados en la actividad principal que es la batalla cultural; porque nada se podrá lograr si el imaginario colectivo no recobra la capacidad de memoria y el interés por pensar.
La batalla cultural nos tiene que llevar a buen puerto si la ponemos en práctica cotidianamente, porque si somos capaces de modificar la manera de pensar, si nos convencemos que el individualismo extremista y exacerbado es nocivo, y afirmamos el derecho de las personas a su individualidad en un contexto de solidaridad, fraternidad y socialización, habremos recorrido la mitad del camino para llegar al cambio cultural.

Segundo Camuratti

lunes, 10 de septiembre de 2012

Para que no haya malos entendidos


Cuando se ha transitado cerca de medio siglo dentro de un movimiento cooperativo inspirado en claros principios institucionales, se han visto y escuchado tantas cosas, que memoria de por medio, nos habilita para elaborar opiniones sobre temas que el imaginario colectivo honesto y sincero del integrante común del movimiento cooperativo debe discernir donde empieza y termina el acto solidario de la cooperación.
Jamás en su larga trayectoria de casi dos siglos el cooperativismo  admitió  las medias tintas, por eso estableció sus códigos funcionales a través de la elaboración de sus principios, que con ajustes en el tiempo para mejorarlos aun siguen vigentes.
Sabedores por experiencia que nada es eterno, que el mundo en su avance cambia modelos de vivencia y convivencias, posiblemente en alguna instancia precisa tendrá que modificar o cambiar  cosas para ajustar su funcionamiento a las necesidades humanas de ese nuevo mundo, pero nunca dejará de establecer principios claros sobre su visión y misión que no serán otras que mejorar la situación de vida de quienes se cobijen en el.
Pero lo que se vive actualmente es la realidad existente de un movimiento que aglomera en argentina 10 millones de adeptos y eso es bueno; debemos tenerlo en cuenta porque resulta un buen botín para piratas sociales que quieran apropiarse de el con fines no  confesos.
Cuando en los países florecen las dificultades, por mala praxis de los gobiernos o por los desastres de la naturaleza, algunos conductores solo pretenden salvar lo que se pueda, sin equidad ni ejercicio social; cualquier medida que permita soportar el temporal es buena, así se tergiverse lo construido.
Lo dijimos desde antaño, la cooperación no es caridad y para que esta sirva para la sociedad debe mantenerse dentro de la estructura principista que la contiene, con actitudes genuinas y colectivas, entendiendo que la principal virtud es su funcionamiento y administración  gestionada por los propios asociados, inmersos en el acto solidario de dar para recibir.
Por lo tanto no puede ni debe exigir subsidios para funcionar;  necesita leyes adecuadas para poder funcionar dentro de un determinado esquema social que respete su esencia y si llegase a necesitar apoyo del estado, estos deben ser desarrollados de acuerdo a su carácter intrínseco colectivo que pueden ser  los créditos especiales y/o promociónales como cualquier emprendimiento social y deben ser devueltos al estado  o a quien  los aporta.
Hasta ahí tenemos la figura cooperativa encuadrada en los cánones clásicos de la cooperación, que le ha dado vida y crecimiento hasta el presente.
Pero los países tienen además otras necesidades y una mirada propia sobre como resolver las situaciones generales que lo afecten en determinados momentos de la historia; especialmente la exclusión social, la indigencia, la pobreza, etc. y en su afán de resolver los problemas correspondientes al estado mezclan los tantos; en vez de incorporar nuevas ideas  copia mal las que ya tiene en esos casos   optando livianamente por aquello de “para que inventar  lo que se tiene a mano” desvirtuando la escena cambiando la cooperación por asistencialismo sin equidad.

Segundo Camuratti

 

 

 

 

sábado, 1 de septiembre de 2012

Entidad de la Economía Social Parte Final


Incursionando en la historia de los acontecimientos pasados, encontramos que la  economía social aparece en escritos como proyecto de la sociedad, en tiempos contemporáneos a la instalación orgánica de la cooperación por los Pioneros de Rochdale, prácticamente en la misma década del siglo XIX, y se ha ido instalando  despaciosamente no adquiriendo nunca la proyección que logró el movimiento cooperativo.
La complejidad de su amplio contorno hace difícil, pero no imposible, determinar donde comienza y termina la economía social.  Cuando el transcurso del tiempo da por tierra con la vigencia de la conjunción economía-política,  al abrirse este enlace, consigue  que lo político solo no logre mensurar la magnitud que la economía tiene en lo social, tanto en la cantidad de personas que la integran como en el producto bruto que generan y  que aportan a la sociedad estos sectores.
El hecho de que si bien es reconocida como sector económico y social esta concebida en una diversidad de estructuras  que le han impedido asumir una identidad especifica, tal es así, que en la mayoría de los casos se entiende  como condición propia  de la  relevante figura jurídica del cooperativismo, cosa que no es así.
Por lo tanto es dable discernir que posiblemente la falta del soporte legal que encuadre esa diversidad particular sea uno de los factores que han impedido hasta el momento que sea tenida en cuenta como corresponde.
A pesar de ello podría decirse que igual lograron expandirse en un universo que trasciende las fronteras de infinidad de países adoptando múltiples facetas que en algún momento deberían ser determinadas  para que adquieran  identidad propia.
Sería bueno que por lo menos en nuestro país, quienes  están asumiendo la responsabilidad de legislar lo tengan en cuenta, analizando el tema  con elementos que numéricamente comprendan tanto lo económico  como su incidencia en lo social.
Si lo hacen van a comprobar que hay demasiados  elementos no tenidos en cuenta que pueden ser factores importantes para lograr una distinta distribución de la riqueza y una baja considerable del índice de  pobreza.
Por ser determinantes en el eslabón de la cadena que coadyuva en la tarea de inclusión de sectores marginados del sistema deberían   tener el reconocimiento por la función que cumplen en la economía respondiendo también a resolver problemas sociales y cumplir un rol fundamental en el diseño de un nuevo modelo de país, si se las sabe interpretar como motores de un sector social incluyente dentro de la sociedad, en la intención de contribuir al cambio social.
Entendemos que a llegado la hora de pensar subjetivamente que si la urgencia de lo global es importante, mas vital es lo local cuando los afectados son los sectores menos favorecidos dentro de la sociedad.
El amplio espacio que surgiendo desde la marginalidad atraviesa además el ámbito solidario de la cooperación hace imprescindible que se contemple la conexión  con el circuito público vinculado al sector de los servicios para que la ecuación cierre.
Esto permitirá establecer un sector de “Economía Social”, definido claramente como las “Empresas públicas y las solidarias”, en la creencia de que pueden cumplir un cometido significativo en los sectores estratégicos, constituyendo  una economía que se desarrolle como ariete para demoler la muralla que lleve a una mejor distribución de la riqueza, llevando al individuo a cumplir con la función que dignifica al ser humano: el trabajo, abandonando el asistencialismo.
Cuando la inteligencia y la conciencia colectiva de la política legislativa deje de lado  la parodia del no-quórum como acto público, y se dedique a trabajar conjuntamente a través del consenso por el bien del país respetando las diversidades, tendremos una ley para este sector y otras leyes necesarias que el tiempo actual exija.

Segundo Camuratti

       

 

 

jueves, 23 de agosto de 2012

La integracion horizontal de las cooperativas


El agrupamiento o integración de las cooperativas, según se de el caso, es la herramienta mas adecuada para contribuir por distintas vías a resolver necesidades particulares o conjuntas de las entidades y a la vez de la sociedad a través de solventar proyectos de desarrollo locales y también regionales en el actual sistema económico y social para mejorar los servicios y el beneficio de la membresía de las mismas.
Si partimos de la base del séptimo principio de la cooperación que incorpora el “interés por la comunidad” dentro del quehacer cooperativo, planteado por la Alianza Cooperativa Internacional en su Congreso centenario de 1995, entendemos que la actividad de la cooperativa no debería terminar resolviendo solo la necesidad de la membresía como un fin en si mismo, sino además trascender por acción o reflejo actuando por el bien común de la sociedad.
Por lo tanto debe entenderse que el factor colectivo de la cooperación como motor de desarrollo en distintas actividades, enriquece y fortalece no solo la producción de los hechos sino que colabora en la tarea de creación que necesita el ser humano para progresar en todos los niveles mejorando su calidad de vida.
Esto no es nuevo, en los Principios Cooperativos del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos aprobados por la entidad en 1.966 ya se decía: “Conciben, como objeto primordial de la cooperativa, la satisfacción de las necesidades económicas, sanitarias, educativas y culturales de sus asociados en beneficio de la comunidad”.
Entrando en el tema podemos decir que era una necesidad, porque así lo han demostrado las experiencias hasta el presente, que las cooperativas se integren verticalmente de acuerdo a las distintas ramas que las comprenden en entidades de segundo grado, para lograr y asegurar el desarrollo de la especificidad que representan a través de la economía de escala, ya sean estas propias de la actividad económica que realizan, o en defensa del régimen legal que las encuadra.
Pero la globalización por su gravitación ha instalado un nuevo escenario dentro del contexto de la economía social, con metodologías de mercado que en muchos casos distorsionan la función de las cooperativas, haciendo que esa integración vertical ya no alcance a resolver la ecuación para lo cual se constituyó.
Por lo tanto el movimiento cooperativo para sostener su presencia e incidencia dentro de la sociedad, tiene que modificar actitudes y adecuar su funcionamiento a la realidad actual sin abandonar el sentido solidario de su propuesta, incorporando tres elementos esenciales: el federalismo como instrumento ejecutor del agente colectivo; la aceptación “sine qua non” de la diversidad ideológica en sus núcleos de dirección como organismos prácticos de convivencia institucional, y la integración horizontal de las cooperativas en sus distintas ramas, permitiendo la sinergia que facilite el desarrollo conjunto de servicios que se ajusten no solo a las necesidades locales sino también al fomento regional, construyendo un sistema transversal cooperativo que conservando su pureza doctrinaria colabore en la solución de problemas, que por su importancia, trascienda a la posibilidad de alguna cooperativa en particular como tema especifico.
Esta integración horizontal no puede ni debe inquietar de ninguna manera la función de las entidades de segundo grado, sino que tiende a ampliar el espectro de complementación cooperativa que habrá de reforzar la presencia del acto solidario en los distintos ámbitos en que actúe.
Puede que estas consideraciones necesiten la apertura de un debate amplio para que puedan ser comprendidas, pero es bueno tener en cuenta que el desafío que debe enfrentar el movimiento cooperativo en esta etapa de cambios, merece el aporte de innovaciones que lo adecuen a la hora actual sin perder su esencia solidaria y su capacidad de servicio dentro del sector de la economía social.
         Segundo Camuratti


 

 

 

 

domingo, 19 de agosto de 2012

Entidad de la economia social Pra. Parte


No es fácil deducir si alcanza la influencia y el significado del espacio que pueda llenar un artículo  tratando de resumir la trascendencia que tiene la economía social en esta etapa que transita la sociedad. De cualquier manera estas cosas hay que manifestarlas cuando se está convencido que la materia es importante a tener en cuenta.
No deja de ser interesante lo que se escribe en primera instancia sobre la “economía social”, pero la experiencia nos demuestra que nunca estará dicha la última palabra sobre el  particular. Es lo suficiente valioso el tema que sobrepasa lo que se pretenda expresar en algunas carillas.
En principio, se puede decir que el propio término Economía Social puede resultar reiterativo, pues acaso toda la economía reviste un carácter social, ya que existe para satisfacer necesidades sociales, sea tanto para  fines  específicos o como medio para lograr la obtención de beneficios.
Sin embargo es una expresión que al estar instalada es  asumida plenamente  como concepto  referente del sector de la economía que engloba aquellos grupos sociales, que intentan encarar la producción y los servicios necesarios o complementarios a ella con una organización radicalmente distinta a la empresa capitalista; porque con valores  diferentes y objetivos que los sostienen, actúa como  un modelo que pone en evidencia que la racionalidad económica y el progreso social son criterios compatibles para resolver problemas de determinados estamentos sociales.
En este  universo quedan comprendidas una gran variedad de organizaciones desarrolladas por sectores sociales en actividades de muy distintas características y objetivos,  que sin ser similares,  comparten una cantidad de particularidades que se entienden como requisitos indispensables para integrar el sector de la economía social.
Sin embargo logran determinar un orden económico y social aun no totalmente conformado y alcanzado a explorar porque involucra a un ámbito subjetivo que en ninguna instancia puede ni debe ser  ignorado; nos referimos al individuo como persona y los intereses que pueden perjudicarlo o beneficiarlo  en su manera de vivir.
Por lo tanto entendemos que el campo de la economía social es amplio, a la vez muy complejo y dinámico, por lo tanto, las ciencias sociales están lejos de encontrar criterios universales para determinarlos; al sostener ser entidades sin fines de lucro, transitan en el colectivo imaginario en un espectro tan difuso que va desde los sectores marginales y pasando por el cooperativismo llega hasta las empresas públicas.
Cabe hacernos entonces aquí una pregunta que surge del análisis de situación que despierta en el individuo común cuando oye a cada instante hablar sobre la incidencia de la palabra  “globalización”, que pareciera estar de moda en la hora actual del mundo por ser el real exponente del fruto máximo de la simiente capitalista.
¿Puede tener vigencia el sector de la economía social en el estadio que envuelve  la actividad económica conocida vulgarmente como mercado?
Por supuesto estamos convencidos que sí, porque es un factor importantísimo para resolver problemas derivados de la aplicación de las políticas neoliberales durante décadas que a través de la implantación de economías de mercado generaron desempleo y exclusión social. También podemos agregar como elemento positivo de la economía social que es muy difícil encontrar en ella la intermediación parasitaria que distorsiona en beneficio propio los valores de la actividad generada.  

       Segundo Camuratti

martes, 14 de agosto de 2012

La diversidad, una utopía?


En el transcurso del tiempo  el movimiento cooperativo, otrora referente de ser el  gestor principal de la unidad en la diversidad, ha ido comprobando que la utopía se distancia de la conjugación y va  perdiendo imagen e influencia dentro de la sociedad contemporánea y esto no es hecho casual.
La modernidad  y el avance de las comunicaciones ha ido incorporando e interviniendo con velocidad en los usos y costumbres de la sociedad; a su amparo surgieron otras maneras de pensar y de actuar que fueron  modificando hábitos sostenidos firmemente dentro de la economía social como la solidaridad  y el esfuerzo del trabajo compartido que en nuestro país  posibilitaron un desarrollo sustantivo del cooperativismo en sus distintas vertientes.
La década de los años setenta comenzó a acumular la incidencia de los conceptos instalados por el  neoliberalismo a ultranza traído de la mano a través de la rotura del orden constitucional por la peor dictadura que debió soportar por varios años el país.
Vuelto el país a la plena vigencia de la constitución, los gobiernos que se instalaron por el voto popular que se sucedieron desde entonces, no se  atrevieron   a suprimir esos instrumentos legales  aplicando políticas que  se ajustaran a la realidad de las necesidades de los sectores populares, y además por que las políticas de esos gobiernos siguieron conservando la esencia  general de las leyes de la dictadura sin ánimo de cambiarlas y manteniendo el estatus quo heredado que fue consumido por un importante, en números, de gente que lo fue incorporando de motus propio por falta de otros factores que lo contrarrestasen.
Si bien es cierto que el cooperativismo no era una isla dentro de ese contexto supo mantener su estructura económica y trabajó por recomponer su entorno social dentro de la economía solidaria.
En toda su larga trayectoria el cooperativismo casi nunca se sumo a los cantos de sirena de los gobiernos de turno como movimiento, pero como siempre sucede con los seres humanos, no faltaron dirigentes que trataron de arriar a los cooperadores pretendiendo encolumnarlos detrás de proyectos partidistas afines a sus mismos intereses.
Por lo tanto sofocones de este tipo se pueden dar dentro del cooperativismo que pueden demorar su estrategia de crecimiento, pero podemos asegurar a ciencia cierta que nunca se habrá de trastocar el sentido principista de un movimiento que fiel a su doctrina humanista hizo de la unidad en la diversidad el fundamento ideológico de su base societaria y sabrá sostener el elemento  utópico que le da vida a ese sentimiento generacional de los individuos solidarios.
 Segundo Camuratti