viernes, 12 de marzo de 2010

Barajar y dar de nuevo - Primera Parte

Esto es lo que deberían hacer de hoy en más todos los sectores políticos; si elegir entre lo que anhelan para su propio beneficio, o trabajar por el bien común del país.

Estamos transitando una etapa en la vida del país que al avanzar amenaza a convertirse en un problema ideológico, que de tanto menearse sin rumbo fijo y claro, se va transformado en estructural y a través del paso del tiempo deviene en un hecho cultural.

En breve síntesis para iniciar el trato de lo que estamos proponiendo, se hace necesario hacer una evaluación de los sucesos trascurridos hasta el presente, para poder enhebrar conclusiones que permitan antes que pronosticar, desarrollar opiniones que nos lleven a encontrar salidas para las distintas situaciones a través de acciones colectivas.

Si recorremos la historia de un largo tiempo a esta parte en la mayoría de los países y tomando como referencia especialmente a América Latina, (lugar que más nos interesa como espejo), podemos llegar a la conclusión que integramos la fase de la crisis pendular del proceso ideológico en la implantación de las actitudes políticas.

Con la influencia del Consenso de Washington y apoyados en el pensamiento de la derecha vernácula asociado a la aquiescencia de los cuadros militares, se vivieron días aciagos en varios de los países de la joven Latino América con consecuencias trágicas para la civilidad de los mismos.

Así se trocaron débiles democracias en gobiernos autoritarios y cuando no, en atroces dictaduras que costaron años, penurias y muchas vidas a los países que debieron soportarlas, hasta que finalmente se consiguió derrotarlas. De los procesos instalados, luego se formaron gobiernos de distintos sesgos políticos que con proyectos diversos se encaminaron tras la necesidad del sostenimiento constitucional y el pretendido progreso social.

La herencia recibida por los países de la región en estos acontecimientos no fue de lo mejor; cambios estructurales en la economía acompañados del proceso de desinversión y desnacionalización de las empresas, no solo las del estado sino también del sector privado, con una brutal concentración extranjerizante como resultado de las políticas aplicadas. Es decir, la cruda realidad de los efectos neoliberales enunciados, y en la mayoría de los casos, impuestas por la connivencia política de los dirigentes políticos de ese entonces cooptados por el Consenso de Washington.

Como la Argentina no fue una excepción en ese contexto finalmente pudo superar ese ciclo de desencuentros, y en 1983, se instaló nuevamente la democracia definida por la elección de gobiernos que nacieron de la voluntad popular a través del voto de sus habitantes. De ahí en más se fue consolidando el sistema constitucional permaneciendo vigente sin fin de continuidad hasta el presente.

Además del cuadro desolador del modelo que dejaron en su estructura los gobiernos totalitarios y sus adlátere, el cuadro sinóptico impuesto por la normativa de la ley de la fuerza nos muestra que a pesar del tiempo transcurrido, en su esencia se mantienen las consecuencias causadas por las políticas neoliberales aplicadas por las dictaduras, y ahondadas por la democracia en la década de los años noventa; elevado índice de la pobreza y la exclusión social, concentración del sistema financiero y por lógica consecuencia de esa economía una acentuada falta de equidad en la distribución de la riqueza.

Por eso al analizar la situación actual para pormenorizar su estado, encontramos que si bien fueron muchos los cambios en el sistema legado, especialmente en los factores subjetivos, humanitarios y también económicos, muy importantes por cierto, la matriz del modelo sigue vigente y aún no han sido atacadas las principales variables que le dieron identidad, la transferencia de la riqueza se sigue dando beneficiando a los sectores de los que mas tienen.


Hacia donde vamos

La ambivalencia demostrada por la política, casi en general, de defender actitudes enmarcadas dentro del esquema del arte de lo posible sirvió de maquillaje para acompañar proyectos que solo consiguieron patear la pelota para adelante, sin atreverse a enfrentar las verdaderas causas que generan esa disociación que por su permanencia se ha transformado por naturaleza, como decíamos, en un hecho cultural.

Si no existe la contrapartida que conlleve al cambio de modelo; un modelo que intrínsecamente hace centro de su accionar en la inequitativa distribución de la riqueza, no habrá salida.

El día en que los políticos de esta Argentina aún con problemas resuelvan el dilema del famoso personaje de Shakespeare, del ser o no ser, y se sientan herederos de la ética Kantiana del deber ser, dejarán de seguir avalando el libre albedrío del estatus quo, que para lo único que sirve es contribuir a afianzar la realidad existente, olvidando que ya no dan los tiempos de cambiar algo para que nada cambie.

Debe asumirse el compromiso de desempeñar la función del mandato otorgado por el pueblo en el acto electoral comenzando a cumplir lo prometido, dejando de lado el comportarse como “Tirios y Troyanos” en la disputa por el poder personal, olvidando que el poder no es personal, sino que es de un país bien organizado como tal, es decir de todos sus habitantes, si eso se entiende muchos de los grandes problemas que hoy nos acucian podrán resolverse.

Difícil va resultar producir modificaciones en el contexto desigual que enfrentan sectores importantes de la sociedad, si aquellos que desde la política en función de gobierno no arrojan por la borda el lastre de las soluciones coyunturales pendientes del artilugio pragmático. El proyecto de salida para el país deviene de apostar a una salida de largo plazo, consensuado por todos los sectores que respeten y actúen en la función de lograr el equilibrio indispensable para lograrlo.
Segundo Camuratti
(Continuará)

lunes, 1 de febrero de 2010

Un largo camino a recorrer

Este aspira a ser un espacio de reflexión en la búsqueda de coincidencias colectivas que contribuyan con su ejercicio a diseñar proyectos alternativos para construir un modelo de sociedad distinta incorporando el acto cooperativo como factor de transformación social.

En el epígrafe de la presentación del blog que volvemos a repetir para que quede claro, enunciábamos cual era el propósito de nuestra tarea al considerarla como una actividad de bien común, invitando a participar a la sociedad a través de aquellos ciudadanos que, interesados a colaborar en la función de hacer aportes con ideas y opiniones en el sentido de tomarlo como una carga pública, (el futuro del país amerita este esfuerzo), que posibiliten a elaborar propuestas abarcadoras para modificar la situación de las múltiples necesidades que afronta el país, ante la falta de equidad distributiva expuesta por el sistema hasta el presente, contribuyendo con proyectos a resolver problemas de sectores importantes de la población,(los mas que menos tienen), en la búsqueda del mejoramiento de su sistema de vida, haciendo centro en el factor subjetivo que representa la persona humana.

Estuvimos convencidos desde un primer momento que esto es posible porque existen ejemplos concretos dentro de la sociedad cuando ésta se involucra, a contribuir encarando proyectos concordantes con la manera de actuar de la cooperación, siempre desde el punto de vista del carácter principista que ésta tiene al aplicar el acto solidario en su cometido.

Por eso comenzamos la tarea exponiendo que es una cooperativa y que significa ella ubicándola dentro del sector de las empresas de economía social, sin pretender por eso que esto fuese la expresión exclusiva del ámbito donde debe actuar una cooperativa, dado la esencia superadora que contiene para generar bienestar, no solo dentro de la membresía que la compone, sino mostrando como reflejo hacia el exterior la imagen de lo que significa la democracia participativa en la gestión.

En todo este período fuimos haciendo conocer el pensamiento, (permitaseme la licencia de expresarme en plural), sobre uno de los elementos básicos que debe primar en la acción de la empresa cooperativa, y el porqué su dirección debe ser ejercida por la opinión colectiva de sus componentes, por lo tanto nadie podrá arrogarse el derecho de adueñarse de las decisiones que se deban aplicar para el funcionamiento de la entidad resolviendo por sí, a espaldas del resto del grupo de integrantes que la compone porque no le corresponde.

Mencionar economía social no significa hablar con conceptos abstractos como si ésta fuese una entelequia, solo pretendemos poner blanco sobre negro para que se comprenda, la actividad de sectores importantes de la sociedad que contribuyen con su esfuerzo al proceso económico definiendo un estilo sustentable que coadyuva a resolver situaciones que la economía general no hace; menos la empresa privada porque la actividad no es lucrativa, y tampoco por el Estado porque no puede o no le interesa, por lo tanto no son tenidos en cuenta como expresión de la realidad.

Realizado el diagnostico situacional de las etapas transcurridas en la vida del país de muchos años a esta parte, vemos dominada la orientación de su economía y por ende la estructura social emergente de dicho proceso por criterios y preceptos políticos del neoliberalismo que continúan aún instalados; pese a que algunos políticos con vigencia posicional pequen de inocencia y sigan insistiendo que la etapa neoliberal a sido superada, los hechos los desmienten. Verbigracia; la crisis desatada en la relación Banco Central-Gobierno Nacional es el dato aseverativo mas claro.

Si aún continúa vigente la Ley de entidades financieras de la última dictadura militar y la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central en la década de los 90 es su soporte y obedece a la misma estructura, es muy ingenuo decir porque no se puede alegar bajo ningún concepto, que la etapa neoliberal a sido superada.

Si luego de décadas donde los gobiernos que participaron en la dirección del país no actuaron o no fueron capaces de modificar esta situación y gobernaron acotados por ese sistema podemos mencionar el dicho popular de que “en el pecado está la penitencia”; por lo tanto si no fuimos capaces de cambiar las cosas cuando estaban dadas las condiciones para lograrlo, no vale la pena porque sería incomprensible quejarnos ahora de las consecuencias.

Es por eso que hablamos de “Un largo camino a recorrer”, revertir este proceso llevará mucho tiempo porque la única salida estará dada si las condiciones y la construcción de ese camino se elabora entre todos, con consenso, humildad , sin soberbia, con transparencia, y sin dejar de lado la trascendencia de los movimientos sociales que le aportarán la vivencia y la vigencia que ellos tienen para lograr la encarnadura popular que genere ese otro modelo de país que el pueblo se merece para ser vivido por el bien de todos.

La base sustentable de ese camino no necesita el concreto del cemento ni el pedregal del afirmado; el concreto deberá ser reemplazado por el sustento de las ideas de cambio progresistas en la búsqueda del bien común, y el afirmado, a través de la sana convicción de que eso es posible; solo basta instalar leyes, reglamentaciones y ética en la función de gobierno que ejecuten una equitativa distribución de la riqueza, donde todos participen por igual de acuerdo a la ubicación económica de cada uno en el deber del poner y del recibir.

Por otra parte, la sociedad debe entender y tomar conciencia de la necesidad de la intervención del Estado en la economía como una gran cámara compensadora, que maneje con equilibrio equitativo hacia donde deben dirigirse y a quienes, los fondos generados por el producto bruto interno.

La riqueza no puede ser privilegio de algunos pocos en detrimento de otros, sino de todos los habitantes del país que son quienes la generan; de los que aportan el capital y de todos aquellos que con su trabajo son los artífices que construyen la acumulación de esa riqueza.

De más está decir que en el 2010 continuaremos en el rumbo que nos hemos impuesto aunque a algunos no les agrade. Deberemos entender y acordar que la unidad en la diversidad es la única conjunción que posibilita la búsqueda que permita conllevar la salida hacia un futuro más venturoso.

Segundo Camuratti

sábado, 2 de enero de 2010

Saludos de fin de año

Hace solo siete meses, precisamente en el mes de junio, que nos dimos a la tarea de incursionar a través de un Blog para llegar a sectores vinculados con el cooperativismo y la economía social.

Sabíamos que afrontábamos un desafío concreto al poner en marcha un proyecto nuevo, que podía generar expectativas al tener que encarar aspectos hasta ahora desconocidos en nuestra actividad, el escribir, pero lo hicimos porque queríamos poner en claro ante la gente nuestro pensamiento y cual era la intención.

El haber transitado varias décadas en movimientos sociales, principalmente en el sector cooperativo de crédito, nos habilitaba hacerlo porque conocíamos de antemano la situación por la cual transitaban sectores importantes de la sociedad, en la búsqueda de alternativas que llevasen a mejorar la situación social y económica que muchos padecen.

Siempre sostuvimos la necesidad que tiene el país en modificar sustancialmente aquellas políticas instaladas, mucho tiempo atrás y, que aún siguen vigentes por ser aplicadas con escasas diferencias en el presente, que no resolvieron lo principal, porque siguen haciendo de la inequidad en la distribución de la riqueza el sostén principal de un modelo económico que se hace necesario cambiar.

Convencidos de que otro modelo de país es posible nos dimos a la tarea de colaborar con nuestra modesta opinión, pero a la vez, buscando en el debate con la gente no solo protestas sino ideas que puedan dar cabida a proyectos alternativos, para contribuir a lograr ese objetivo a través de cambios en las políticas económicas y sociales implantadas.

Si tenemos en cuenta lo que pasó en este espacio de tiempo transcurrido, nos sentimos mas que conformes por los resultados obtenidos; cerca de 2.500 entradas al Blog Sentido Solidario nos dan la pauta que se manifestó interés en conocer nuestra opinión y de alguna manera, valoramos y agradecemos los comentarios que se suscitaron al respecto que demostraron su interés sobre los temas expuestos.

Estamos elaborando un balance de lo actuado en este año que fenece y en el mes de enero vamos a exponer las consideraciones a que nos lleve el análisis, en tanto queremos expresar a los seguidores del Blog, como así también a todos aquellos que lo visitaron hasta el presente, un afectuoso saludo y nuestro reconocimiento por la atención prestada deseándoles un Feliz año nuevo.

Esperamos que en el nuevo año continúen las colaboraciones para lograr construir un vínculo permanente dentro de la sociedad trabajando por el bien común recordando aquello de que: “El país se hace desde adentro y por todos, sino no se hace”.

Segundo Camuratti

domingo, 27 de diciembre de 2009

Cooperativismo y política

En el transcurso de las distintas etapas que le tocó asumir en el país al cooperativismo durante el siglo pasado, debió soportar el acoso y la denuncia de que las cooperativas hacían política de parte de los sectores del privilegio, que nunca pudieron asumirlo a pesar de sus virtudes.

Fue precisamente el cooperativismo de créditos quien en mayor medida irritó los ánimos de esos actores, porque supo encausar sus necesidades en las reivindicaciones y la defensa de un sector social que habría perspectivas concretas, sobre la capacidad que el hombre común tiene para acompañar y dirigir los procesos populares.

No cabía ninguna duda que este desafío hería los intereses de los grupos económicos é ideológicos, que habían hecho del manejo del dinero y su incidencia en la economía un instrumento propio y exclusivo para regular a su antojo el bienestar de grupos sociales que ahora entraban a disputar sus intereses.

El arma que pretendieron utilizar fue la misma que siempre les servía para combatir a aquellos que cuestionaron su primacía: el ataque artero, no sobre el centro de la cuestión, sino recurriendo al atajo que creían sería el mas vulnerable, el factor político, logrando instalar incluso dentro del mismo estamento cooperativo, resabios de sentimientos adversos a admitir que las cooperativas al funcionar generaban políticas.

Lo que sucedía no era casual, de la misma manera que no lo fueron las dos dictaduras que subvirtieron el orden institucional del país durante muchos años, porque si hilamos fino nos vamos a encontrar que representaban a los mismos intereses.

Pero allí fallaron, toda actividad económica, social y porqué no cultural tiene un costado político, quien lo niegue miente tratando de confundir la opinión pública precisamente con argumentos que también de por si poseen una alta dosis de política en defensa de intereses particulares.

El tiempo como testigo se encargó de demostrar con claridad el fin perseguido por quienes atacaron en distintas etapas al cooperativismo de créditos: en algo tenían razón cuando lo decían, el problema sí era político, el quid de la cuestión pasaba por tratar de impedir que sectores populares organizados en cooperativas fuesen los encargados de orientar el destino y una buena parte de los fondos generados por el ahorro nacional administrándolo en función del crédito, y cual debería ser el sector social que habría de recibir ese aporte.

En 1995 la Alianza Cooperativa Internacional modifica el 5º articulo de los principios cooperativos y plantea en el artículo 4º la “Independencia política”, que a pesar del tiempo transcurrido no vulnera el criterio anterior sobre lo que en su momento fuera “Neutralidad política y religiosa”; la Alianza no dice no a la palabra “política” porque interpreta el significado justo de lo que quiere decir la misma, asumiendo la palabra en su forma global y no en su esencia local que podría devenir como partidismo, confundiendo a la opinión pública.

El tiempo no pasa en vano y en su transcurso, muchos acontecimientos han sucedido y se modificaron distintas conductas en el desempeño y el crecimiento del movimiento cooperativo para mejor en nuestro país, pero de la misma manera debemos lamentar que el agiornamento que se dio en muchos niveles, no haya alcanzado para trasladar el interés por el tema político y transferirlo como debería haberse hecho al sujeto, dirigente e integrante de la sociedad, por eso decimos que el motivo sigue vigente.

Justo es de entender, que la prédica constante de la condena hacia lo político en las entidades cooperativas por aquellos que quisieron encasillar a las cooperativas como entes amorfos e insulsos ausentes del sentir y las necesidades de la gente, (pretendiendo despojarla de su capacidad de acción y reflexión), dejara sus huellas en la buena fe del imaginario colectivo de los cooperadores; de allí que nos encontremos que en los órganos de gobierno formadores de leyes, los dirigentes cooperativos prácticamente sean muy pocos y por lo tanto brillan por su ausencia, y eso incide cuando se tratan en el parlamento leyes necesarias para el movimiento o aquellas que afectan al sector cooperativo, costando mucho tiempo y esfuerzo el aprobarlas o removerlas.

Es por eso que hoy aún nos preguntamos hasta donde deben mantenerse alejados en la actualidad del quehacer político propiamente dicho los dirigentes cooperativistas.

Si tenemos en cuenta que en sociedades como la nuestra, en que la política en función de gobierno constituye el elemento de dirección de la actividad nacional, cuando en la acción política se resuelven las prioridades nacionales tales como las orientaciones del desarrollo y las formas y montos de la distribución de la riqueza nacional a través de los presupuestos, se defiende o se entrega la soberanía y en definitiva se generan las leyes que en última instancia constituyen las reglas para el juego social, es simplemente absurdo que los dirigentes cooperativistas como sujetos sociales, se marginen de la participación política, demostrando una aparente indiferencia que lo único que consigue es que sectores que no ven con buenos ojos al cooperativismo, o aquellos definidos como anticooperativos abarquen más terreno y ganen mejores posiciones.

Entendemos que para bien del movimiento cooperativo y, en esta instancia, sería lógico y necesario en las actuales circunstancias, que esos dirigentes con libertad de conciencia, se enrolen en partidos cuyos programas sean afines a los postulados cooperativos y militen en ellos, y si logran ser propuestos como candidatos y son electos, actúen sin temor levantando bien alta la bandera del hecho político institucional y el significado que este tiene dentro del esquema solidario del acto cooperativo.

Sería anacrónico el pensar con mentalidad colonial en pleno siglo XXl, que ese dirigente cooperativo, hoy integrante del Consejo de Administración de una cooperativa, deba perder el legítimo derecho que como ciudadano le corresponde, de actuar con su presencia y sus ideas políticas.

Segundo Camuratti

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Tiempos de confusión: ¿cooperativismo o qué?

Estamos transitando tiempos complicados por oportunidades y amenazas que a la vez nos habilitan y nos exigen cumplir nuestro rol activamente como cooperativistas, para que este sector de la economía social no sea utilizado por algunos como una herramienta de explotación o evasión, o al mismo tiempo, que otros lo usen para amortiguar el conflicto social desvirtuando la autogestión autentica y la genuina cooperación.

Estamos transitando como lo dice el epígrafe, momentos complicados en actividades hoy instrumentadas que se enmarcan dentro del sistema cooperativo que no llevan a otra cosa que abrir la discusión de si lo que se hace pertenece y se corresponde con la identidad de la entidad cooperativa.

Por lo tanto no vamos a obviar el desafío aportando nuestro humilde punto de vista sobre el particular: si nos atenemos a lo que define la Alianza Cooperativa Internacional respecto del significado de la organización cooperativa cuando dice; una cooperativa es una asociación autónoma de personas que se han unido voluntariamente para hacer frente a sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales comunes por medio de una empresa de propiedad conjunta y democráticamente controlada, clasificándola además como entidad de servicio sin fines de lucro, definiciones con las cuales coincidimos y estamos totalmente de acuerdo.

Esto es digno de tener en cuenta precisamente cuando aparece en el contexto económico y social del país alternativas puestas en práctica por el Ministerio de Desarrollo Social del país auspiciando el proyecto “Argentina Trabaja” para incorporar al trabajo a 100.000 trabajadores.

Aquí tenemos que dejar en claro que aplaudimos este acontecimiento porque todo aquello que se realice desde el Estado para mejorar la situación de sectores sociales en la actividad del trabajo merece el reconocimiento de la sociedad en su conjunto.

Pero con lo que no coincidimos es como aparece, desdibujando los hechos y generando confusión la figura cooperativa en la organización de los núcleos de trabajo que habrán de tomar a su cargo las tareas a encarar por los mismos, que no se condice en su accionar con el armado y el funcionamiento de la estructura cooperativa tal cual sosteníamos en el comienzo de este trabajo.

No creemos que se hayan producido desvíos en el desarrollo del proyecto porque dentro de la órbita del Ministerio de Desarrollo Social actúa el Organismo que vela por el quehacer cooperativo y mutual, el INAES,- Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social- Presidido por el Doctor Patricio Griffin que conoce e interpreta, entendemos concientemente, lo que es y significa este sector en la actividad económica-social en la vida del país, pero algo sucedió para que el hecho se de así.

Como entendemos que la actividad a desarrollarse en el Plan “Argentina Trabaja” merecía, para afianzarlo dentro de la sociedad, y en beneficio de generar nuevos puestos de trabajo incorporando mas fuerza laboral en la economía del país, darle un carácter asociativo especifico y propio a través de un estatuto o reglamento que lo ubicase plenamente, de echo y de derecho, dentro de esta nueva construcción que lleva adelante el Estado para mejorar el sistema de vida de un sector laboral importante.

Estamos transitando por efectos de la crisis una etapa complicada de la vida del mundo, y por sentirnos dentro de él llegan los coletazos a nuestro país por los remezones que se producen, por lo tanto debemos ser concientes y cuidarnos de que no podemos agregar más confusión que desnaturalice el entendimiento que debe reinar en toda sociedad que se precie como tal, haciéndole perder tiempo precioso en discusiones que demoren la construcción de un país que sirva y beneficie a todos los argentinos.

Segundo Camuratti

domingo, 29 de noviembre de 2009

El cooperativista no nace, se hace. 3ra. Parte

En distintos momentos de la historia la carencia de factores sustentables generados por los sistemas vigentes, especialmente los económicos, obligó al individuo a buscar caminos diferentes para hacerlo. Uno de ellos fue organizarse utilizando el derecho de asociarse con fines útiles como alternativa válida para resolver esos problemas.

Por ese motivo la integración de las personas se dio con un fin específico: constituirse en miembro de un grupo humano con la intención, en la mayoría de veces, para mejorar sus condiciones de vida ó resolver sus otras necesidades a través de una asociación colectiva; la cooperativa, adquiriendo allí la calidad de participante de una entidad, no de cooperativista.

Pero la instalación conveniente de esos proyectos no pueden realizarse exclusivamente con buenas intenciones, deseos ó el acuciamiento de la necesidad; para que ciertamente funcione la entidad cooperativa se necesita organizarla dentro de los cánones fijados por la sociedad como emprendimiento sostenible de origen social. Para lograrlo hacía falta conocimientos y eso solo abría de conseguirse invirtiendo la ecuación a través de la formación propia del individuo orientándolo con el fin específico, incorporando la educación cooperativa.

Esta lo llevó a ir asumiendo en los principios cooperativos la experiencia para pensar y actuar colectivamente, evaluando sus acciones y asociándolas en sintonía al marco incuestionable que fijan esos preceptos; al hacerse cargo de estos conocimientos puede decirse que ese componente de la entidad cooperativa recién comienza a adquirir la formación necesaria para llegar a convertirse en un cooperativista; por eso decimos “que no nace, se hace”.

La reformulación de los principios cooperativos dados en el Congreso Centenario de la Alianza Cooperativa Internacional realizado en Manchester en el año 1995 amplía su acepción, adecuando los mismos a una concepción más subjetiva de las necesidades de los cooperadores, haciendo centro en las exigencias del individuo y la sociedad en el contexto del mundo actual.

1) Libre membresía; 2) Democracia cooperativa -un hombre, un voto-; 3) Participación económica de todos los asociados y justicia distributiva; 4) Autonomía e independencia de toda ingerencia política; 5) Educación, información y capacitación; 6) Integración de la cooperación entre cooperativas y; 7) Compromiso e interés con la comunidad.

Podríamos decir que el marco conceptual de estos nuevos principios rompe con el paradigma individualista del mundo moderno porque hace centro con todos sus efectos, tanto en el asociado como en la sociedad, llevando una nueva manera de actuar al campo colectivo de la cooperación.

Adoptar este pensamiento modifica el aspecto cultural del individuo inculcando en él, con más razón que nunca, el sentir solidario del acto cooperativo contribuyendo con ello a convertirlo en una expresión distinta del vínculo de la empresa con el sector social.

Hasta ahora hablamos de la incidencia de la educación en el asociado de una entidad cooperativa para que cumpla su función de adherente a un sistema sin fines de lucro en el papel de obtener los diversos servicios que esta preste; pero las cooperativas en su organización constitutiva tienen un estatuto y de acuerdo a ellos deben ser regidas por un consejo de administración salido de las filas de los asociados, que tienen que cumplir en la práctica con la administración de la entidad, colectivamente, en la función para lo cual se los designen y por lo tanto serán los encargados de la gestión de la misma.

Esos consejeros habrán de capacitarse para cumplir su gestión y para su formación, si es que no la tienen, es muy probable que necesiten adquirir conocimientos administrativos propios de la empresa a asumir que deben estar en consonancia con la esencia de la propiedad cooperativa; es dable admitir que esa capacitación debe provenir indefectiblemente a través de la educación cooperativa orientada con esos fines.

Segundo Camuratti (Continuará)

lunes, 16 de noviembre de 2009

El cooperativista no nace, se hace. 2da Parte

Mencionamos anteriormente las distintas corrientes y el criterio ideológico heterogéneo que la mayoría de estas tienen dentro del universo cooperativo, por lo tanto no habremos de identificarlas como entes de pensamiento uniforme, y que si bien todas son respetables no pueden amalgamar un encuadramiento único.

Por otra parte sería un error pretender en un mundo unipolar hoy, que la diversidad de la educación cooperativa construya un andamiaje que trascienda el objeto social de la corriente que la impulsa adoptando esquemas sistemáticos.

En tanto el movimiento cooperativo continúe tal cual funciona actualmente predicando la integración y esta sea solo informal, lo primero y preferible que se puede aplicar para difundirla es una educación cooperativa que conlleve en la práctica, como hecho ineludible e inexcusable, los principios rectores que le dieron vida a la cooperación en su origen.

Lo secundario pero que no le va en zaga por la importancia que tiene, es el rol que debieran asumir en el quehacer político sus dirigentes por lo complementario que esto significa; pero este es un tema del que nos ocuparemos más adelante.

La esencia del problema educativo transita por andariveles internos y externos de la identidad cooperativa, partiendo desde la base del sector social y terminando dentro del sector público.

Desde lo interno corresponde considerar la ventaja, si bien es repetitivo el mensaje, de lo que significa obrar en conjunto por la propia voluntad de los interesados ayudándose los unos a los otros, es decir cooperando para obtener mejores resultados por el accionar colectivo, que a través del esfuerzo individual.

Para poder introducir la idea de actuar así en la gente, ésta debe saber porque tiene que cooperar y como hacerlo adecuadamente; es aquí donde debe aparecer la ecuación de la educación cooperativa y por lo tanto, este es el principio sustancial y requisito fundamental para aplicarla.

Aunque pueda aparecer como elemento preconcebido y natural, en la práctica no está demostrado de manera evidente que esto, por entenderse cosa común se de así en todas partes.

Aquí debemos considerar los distintos enfoques que se dan dentro del movimiento cooperativo sobre como debería desarrollarse la educación cooperativa teniendo en cuenta el como y el porque en los factores orientativos de la línea programática que asume la función de la entidad cooperativa, y si ella es la que se corresponde.

Hemos sostenido con argumentos precisos el doble carácter que debe asumir la identidad de la cooperativa, ser una “empresa eficiente con contenido social” explicando con esto el cómo y el porqué; lo decimos con claridad para que se entienda que la educación cooperativa debe ser sostenida apuntalando esta concepción con equidad y sin desvíos.

Pueden existir y esta probado que así sea, el motivo de producir en distintas circunstancias una afectación en la enseñanza de la educación cooperativa valorando excesivamente al como sin preocuparse del porqué.

Es decir, el espíritu de la enseñanza se concentra principalmente en el concepto administrativo de la empresa cooperativa en lo técnico y económico ha modo de objeto principal, (el “como”) dejando de lado el educar de manera eficiente el sentido real del movimiento cooperativo como instrumento de transformación de la manera de pensar del sujeto que la integra para mejorar su condición de vida, (el “porqué”).

Esta manera de encarar la educación promueve un desacople específico y perfecto en la ignorancia del doble carácter con que definimos el funcionamiento de la entidad cooperativa, “empresa eficiente con contenido social”.
(Continuará)