viernes, 12 de marzo de 2010

Barajar y dar de nuevo - Primera Parte

Esto es lo que deberían hacer de hoy en más todos los sectores políticos; si elegir entre lo que anhelan para su propio beneficio, o trabajar por el bien común del país.

Estamos transitando una etapa en la vida del país que al avanzar amenaza a convertirse en un problema ideológico, que de tanto menearse sin rumbo fijo y claro, se va transformado en estructural y a través del paso del tiempo deviene en un hecho cultural.

En breve síntesis para iniciar el trato de lo que estamos proponiendo, se hace necesario hacer una evaluación de los sucesos trascurridos hasta el presente, para poder enhebrar conclusiones que permitan antes que pronosticar, desarrollar opiniones que nos lleven a encontrar salidas para las distintas situaciones a través de acciones colectivas.

Si recorremos la historia de un largo tiempo a esta parte en la mayoría de los países y tomando como referencia especialmente a América Latina, (lugar que más nos interesa como espejo), podemos llegar a la conclusión que integramos la fase de la crisis pendular del proceso ideológico en la implantación de las actitudes políticas.

Con la influencia del Consenso de Washington y apoyados en el pensamiento de la derecha vernácula asociado a la aquiescencia de los cuadros militares, se vivieron días aciagos en varios de los países de la joven Latino América con consecuencias trágicas para la civilidad de los mismos.

Así se trocaron débiles democracias en gobiernos autoritarios y cuando no, en atroces dictaduras que costaron años, penurias y muchas vidas a los países que debieron soportarlas, hasta que finalmente se consiguió derrotarlas. De los procesos instalados, luego se formaron gobiernos de distintos sesgos políticos que con proyectos diversos se encaminaron tras la necesidad del sostenimiento constitucional y el pretendido progreso social.

La herencia recibida por los países de la región en estos acontecimientos no fue de lo mejor; cambios estructurales en la economía acompañados del proceso de desinversión y desnacionalización de las empresas, no solo las del estado sino también del sector privado, con una brutal concentración extranjerizante como resultado de las políticas aplicadas. Es decir, la cruda realidad de los efectos neoliberales enunciados, y en la mayoría de los casos, impuestas por la connivencia política de los dirigentes políticos de ese entonces cooptados por el Consenso de Washington.

Como la Argentina no fue una excepción en ese contexto finalmente pudo superar ese ciclo de desencuentros, y en 1983, se instaló nuevamente la democracia definida por la elección de gobiernos que nacieron de la voluntad popular a través del voto de sus habitantes. De ahí en más se fue consolidando el sistema constitucional permaneciendo vigente sin fin de continuidad hasta el presente.

Además del cuadro desolador del modelo que dejaron en su estructura los gobiernos totalitarios y sus adlátere, el cuadro sinóptico impuesto por la normativa de la ley de la fuerza nos muestra que a pesar del tiempo transcurrido, en su esencia se mantienen las consecuencias causadas por las políticas neoliberales aplicadas por las dictaduras, y ahondadas por la democracia en la década de los años noventa; elevado índice de la pobreza y la exclusión social, concentración del sistema financiero y por lógica consecuencia de esa economía una acentuada falta de equidad en la distribución de la riqueza.

Por eso al analizar la situación actual para pormenorizar su estado, encontramos que si bien fueron muchos los cambios en el sistema legado, especialmente en los factores subjetivos, humanitarios y también económicos, muy importantes por cierto, la matriz del modelo sigue vigente y aún no han sido atacadas las principales variables que le dieron identidad, la transferencia de la riqueza se sigue dando beneficiando a los sectores de los que mas tienen.


Hacia donde vamos

La ambivalencia demostrada por la política, casi en general, de defender actitudes enmarcadas dentro del esquema del arte de lo posible sirvió de maquillaje para acompañar proyectos que solo consiguieron patear la pelota para adelante, sin atreverse a enfrentar las verdaderas causas que generan esa disociación que por su permanencia se ha transformado por naturaleza, como decíamos, en un hecho cultural.

Si no existe la contrapartida que conlleve al cambio de modelo; un modelo que intrínsecamente hace centro de su accionar en la inequitativa distribución de la riqueza, no habrá salida.

El día en que los políticos de esta Argentina aún con problemas resuelvan el dilema del famoso personaje de Shakespeare, del ser o no ser, y se sientan herederos de la ética Kantiana del deber ser, dejarán de seguir avalando el libre albedrío del estatus quo, que para lo único que sirve es contribuir a afianzar la realidad existente, olvidando que ya no dan los tiempos de cambiar algo para que nada cambie.

Debe asumirse el compromiso de desempeñar la función del mandato otorgado por el pueblo en el acto electoral comenzando a cumplir lo prometido, dejando de lado el comportarse como “Tirios y Troyanos” en la disputa por el poder personal, olvidando que el poder no es personal, sino que es de un país bien organizado como tal, es decir de todos sus habitantes, si eso se entiende muchos de los grandes problemas que hoy nos acucian podrán resolverse.

Difícil va resultar producir modificaciones en el contexto desigual que enfrentan sectores importantes de la sociedad, si aquellos que desde la política en función de gobierno no arrojan por la borda el lastre de las soluciones coyunturales pendientes del artilugio pragmático. El proyecto de salida para el país deviene de apostar a una salida de largo plazo, consensuado por todos los sectores que respeten y actúen en la función de lograr el equilibrio indispensable para lograrlo.
Segundo Camuratti
(Continuará)

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