jueves, 12 de noviembre de 2015

Ahora debe ser en serio


Explayándonos con sinceridad y sin ponernos colorados por no  haber analizado previamente en profundidad que es lo que nos está pasando como individuos, debemos  reflexionar porque de muchos años a esta parte no estuvimos cumpliendo el papel que nos corresponde dentro de la sociedad cuando hablamos sobre cooperativismo.
Acometemos desde tiempos á un desanimo respecto a la  responsabilidad civil que nos compete como ciudadanos apartándonos del interés común de lo que  significa la sociedad como nudo gordiano del hábitat social.
No razonamos lo que vulgarmente decimos al expresar opiniones  para reflejar lo que sentimos, cuando decimos como excusa baladí por la situación que atravesamos muy sueltos de cuerpo: tenemos el gobierno que nos merecemos.  
Pero lo peor es que estamos convencidos de que eso es así olvidando que las leyes nos otorga derechos y de la misma manera, también nos obliga  con deberes que a veces no cumplimos  haciendo la vista gorda y así nos va.
El movimiento cooperativo se  nutre de gente que necesita  compartir  proyectos colectivos, porque solo no puede resolver sus problemas pero esa persona es como es, pero cuando se  instala allí  y a pesar de  los principios que puede llevar implícito  ese supuesto ser es el mismo, que luego en función de cooperativista  pretende actuar de manera  individual para promoverse  a ser  su propio dirigente.
Este análisis que hacemos  es válido para el movimiento cooperativo  argentino como se ve  en su andar la situación  que  vive en el ámbito de la cooperación en su estructura funcional; esto nos habilita para conocer porque por una parte existe la inserción política de la dirigencia en ella sin darse cuenta que el cooperativismo es también política pero de alto nivel en lo económico y social; pero luego en calidad de dirigente cambia los roles y   pretende introducir en la cooperativa teorías políticas partidistas para beneficio propio, desvirtúa por sus necesidades la naturaleza del conjunto colectivo  reemplazando  el interés común  por la voluntad sustantiva del individuo,  usando la cooperativa para sus propios intereses.
Esto  dicho vulgar y hábilmente en Argentina es como la verdad de la milanesa,  tirar la piedra y esconder la mano diciendo luego muy tranquilo yo no lo hice.
Pero como no nos interesa desvirtuar la política como herramienta social y económica  de la sociedad, decimos que verdaderamente el cooperativista no debería  nunca  ser apolítico porque las ideas son las que hacen progresar a la humanidad en la búsqueda de su libertad social y económica, pero además debemos ser concientes que las cooperativas no deben ser empresas sociales  vinculándolas luego para ser dependientes  a la voluntad de los partidos políticos sean cuales sean.
Tampoco queremos pecar de pesimistas haciendo comentarios alarmistas pero no podemos negar la realidad que vivimos en esta etapa de la vida del país sobre el movimiento cooperativo, que a colmado una década de parálisis e inacción que impiden el avance  de su calidad intrínseca, quizás no de la labor que desarrolla como empresa, pero si de la concepción de su esencia como núcleo humano transformador.
El movimiento cooperativo se  nutre de gente que pretende compartir un proyecto colectivo porque solo no puede resolver sus problemas y esa persona es como es; a pesar de  los principios que lleva implícito ese supuesto ser es el mismo individuo que en función de cooperativista  pero luego actúa  cuando promueve  dirigentes de su mismo palo político para hacer política partidista en la cooperativa y eso no es bueno.

Segundo Camuratti                                (continuara)

                                                          


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