Analizando la actual coyuntura se debería tomar posición en un punto de
inflexión que dé comienzo a una nueva era, en la determinación del que hacer
del movimiento cooperativo argentino para construir un futuro distinto, que nos
lleve a lograr la integración de las corrientes y especificidades detrás de los
principios cooperativos e instando la
participación personal de los dirigentes
para actuar en la gestión
política, pero no partidista, del
sector para mejorar las condiciones
del movimiento dentro de la economía social bregando en su defensa y
desarrollo, pero separando en todo momento la partidocracia militante personal
en que se actúa en la vida privada.
Si no se da vuelta la hoja y se comienza a afirmar el
andar del movimiento cooperativo en la verdadera orientación de su accionar
independiente y universal, encarrilando la vertiente multiclasista y autónoma
como organismo sectorial de la economía social amparado en los principios
claros que le dan vida, entendiendo que el desarrollo se debe constituir en el
pilar de la unidad de personas que trabajan por el bien común.
Entendemos que es hora de volver a las fuentes para
reflotar la esencia que se ha ido
perdiendo con el paso del tiempo, porque los largos años de la influencia del
neoliberalismo despaciosamente a logrado insertar metodologías de trabajo
economicistas, que han contaminado la función del trabajo colectivo
transformando la cultura del nosotros en el yo individualista del mercado
dejando de lado el agente social que le da vida.
El factor y la participación de los asociados
en el gobierno y la gestión de la cooperativa a dejado de ser el motor de la
función social de las entidades, divorciándolas del sentido humanista del
sistema laboral colectivo en el trámite de la empresa cooperativa, no
comprendiendo que en la economía social la democracia y eficiencia son
compatibles en el mercadeo del trabajo.
La educación
cooperativa debe ser el principal bastión para empoderar el gobierno y la
gestión cooperativa con su participación, marcando la diferenciación
sistemática del modelo cooperativo con las economías de mercado teniendo
siempre presente que el cooperativista no nace; se hace.
El último
capitulo de larga extensión de un
proceso que siempre quedara en la historia del movimiento cooperativo
argentino, esta por finalizar sin penas ni gloria para el cooperativismo que una vez más pierde la oportunidad de reivindicarse, por las
muchas desazones que tuvo que deglutir en su transito por la lavada historia
que podrán escribir algunos dirigentes que se auparon a la política partidista,
dejando de lado los principios que decían sostener sobre la cooperación, que
quisieron dormir el sueño de los justos para no tener que enfrentar la epopeya
de la integración.
Segundo
Camuratti
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