Estamos llegando a momentos de cambios
importantes en lo que resta del año y por lo tanto, aparece la oportunidad de hacer una evaluación necesaria sobre el avance calificativo y
cualitativo que necesita el movimiento cooperativo argentino, referidos
especialmente a mejorar la identidad y
el perfil de las empresas de economía social.
Si tomamos conciencia que el estancamiento en
niveles relativos de un movimiento es un retroceso, debería preocuparnos para
analizar que es lo que está pasando.
Vivimos momentos trascendentes en la vida del
país y cada día que transcurre notamos que el avance transversal de la
politización ideológica, influyendo en la actitud de las entidades
cooperativas, que están siendo cooptadas por mecanismos que no solo arrastran
ideológicamente a los dirigentes, sino también a las entidades embanderándolas
en procesos que desvirtúan la esencia de la diversidad conceptual de un
movimiento multifacético que lleva en la
mayoría de los casos a asumir a la membresía cooperativa, emblocando al agente
colectivo humano con partidismos
selectivos aboliendo la pluralidad doctrinaria del factor cooperativo.
Incide en todo esto la penetración que puede
ser legítima si no estuviese condicionada por los subsidios que se suelen dar,
conllevando la carga subjetiva intencionada del apoyo político, direccionando
así una deformación del sistema cooperativo.
En diversos sitios cooperativos podemos
encontrar referencias sobre el movimiento que llegan hasta la crítica, de cooperadores
dando cuenta de las necesidades no cumplidas por los organismos rectores, tanto
del estado como de las entidades de grado superior, por la inacción respecto de
lo que pasa con la educación cooperativa, prácticamente ausente de la escuela
pública en muchas provincias del país.
Cuando hacemos centro en la educación cooperativa
del individuo, esta no puede pasar solo por el clásico programa de los ministerios
respectivos, sino que debe asentarse en el
acompañamiento en la página curricular de la escuela pública sobre lo que es o
significa el cooperativismo en el acto
solidario del ser humano; ¿o es acaso que no interesa educar personas
con sentido solidario para modificar la cultura individualista formada durante
tantos años de individualismo procaz.
¿Formaremos educadores que conociendo los temas
sobre las bondades importantes del cooperativismo sean capaces de trasladarlo a
los educandos?
El país que crece solo en los índices
económicos olvidando la necesidad del cambio cultural modificatorio de la
conducta de sus habitantes, se miente a si mismo: junto a la economía debe
crecer el individuo como sujeto central del progreso social.
Además, para completar el cuadro sinóptico que
cierre la ecuación sobre las necesidades del movimiento cooperativo nos preguntamos;
¿no habrá llegado la hora, después de tanto tiempo y en la etapa que
transitamos, (que puede ser de transición para otro modelo de país), que los
dirigentes cooperativos llamen a debatir sobre el modelo que anhela el
cooperativismo, un país mas equitativo y solidario?
A no ser que se sientan satisfechos de lo
actuado hasta el presente y bajen las persianas, convencidos que ellos más no
pueden ni saben hacer, si eso es así deberían decirlo para que lo hagan otros.
Segundo Camuratti
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