No es la primera vez que hablamos sobre el tema de la solidaridad en
nuestro espacio, tampoco va a ser la última, porque de no hacerlo estaríamos
negando principios claros que hemos sostenido durante muchas décadas.
También es lógico pensar que el supuesto que pregonamos no va ser
fácil instalar en una sociedad sometida, igualmente por varias décadas, por la
presión emanada de una ideología que lleva inmersa en su esencia el factor del
individualismo como actor principal de su naturaleza de origen.
Pero como el ideario cooperativo se nutre de un pensamiento distinto
sobre el modelo de sociedad que debe asumir la persona humana para mantener su
vigencia y la vivencia de la misma, es quien debe tratar de hacer posible lo imposible
buscando todos los medios a su alcance, para encolumnar a quienes asuman la
difícil tarea colectiva de avanzar en la intención de lograrlo.
Entendemos por lo tanto que este es un momento adecuado porque la
etapa eleccionaria recién terminada abre perspectivas por el cambio de personas que pueden llegar también a implantar otros
mecanismos que el país necesita para renovar
no solo consignas, sino además
esquemas y modelos de conducción.
Es el factor colectivo de la
cooperación como motor de desarrollo en distintas actividades, el que enriquece
y fortalece no solo la producción de los hechos, sino que colabora en la tarea
de la creación que necesita el ser
humano para progresar en todos los niveles.
De la misma manera que en su momento dijimos que el cooperativista no
nace, sino que el mismo se hace, hoy decimos que la solidaridad se construye
paso a paso con los mismos argumentos expuestos anteriormente como factor
colectivo; si actuamos igual todo se puede lograr.
Por lo tanto la cooperación bien
entendida debe convertirse en la
verdadera antitesis del individualismo neoliberal modificando la manera de pensar de los
individuos en la cruzada de solidarizar
el contexto social actual para transformar la realidad.
Decimos esto porque debe existir una base teórico práctica que en el día de hoy solo la tienen las cooperativas como verdaderos
exponentes de la unidad en la diversidad, por ser esta la única herramienta que ha logrado ser
funcional y armónica al permitir convivir a los individuos en el medio
multifacético del mundo actual para lograr un país mejor.
Analizando la historia, en
el Congreso Centenario de la Alianza
Cooperativa Internacional en 1.995, se ajustan a la realidad
de un mundo cambiante algunos de los Principios Cooperativos, especialmente el
séptimo, e incorpora dentro de los valores que le dan vida al mismo cuatro
palabras que llevan a institucionalizar con fuerza de ahí en más el acto
solidario; “preocupación por la comunidad”.
Si partimos de la base del
séptimo principio de la cooperación que recomienda la preocupación de lo
cooperativo por la comunidad dentro del contexto social, notamos que la
actividad de la cooperativa no termina
resolviendo la necesidad de la membresía como un fin en si mismo, porque trasciende por reflejo sobre el bien común de la sociedad en el
impulso de incorporar en la actividad cooperativa la actitud solidaria.
Esto lleva a lograr espacios
de integración en objetivos comunes
compartiendo ámbitos vivenciales con métodos sensibles, cuyos contenidos temáticos pueden introducir aspectos
de socialización en la estrategia cooperativa.
La construcción de nuevos
modelos requiere además la asistencia de factores de trascendencia como la educación, que haga centro y ponga énfasis en tres pilares esenciales; tales como
el pensar, el sentir y el hacer de la sociedad
Una educación que lleve a
terminar con el tradicional no se puede y resuelva la controversia
“adultos-juventud” incorporando de una
vez por todas a los jóvenes en la tarea y la conducción de la cooperativa
formando nuevos dirigentes, para un movimiento que necesita abrir nuevos espacios
ideológicos y sociales.
Segundo Camuratti
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