viernes, 17 de febrero de 2012

Educación cooperativa y el empoderamiento Sda. Parte

Debemos tomar y a la vez formar conciencia en el imaginario colectivo cuando hablamos de que la cooperación no puede ser nunca un fin en si mismo, porque tiene y debe transformarse a través de su función, y adecuarse a las necesidades y al avance que la sociedad necesita para mejorar las condiciones de vida de quien participa de ella.

Como organismo colectivo en todos los ordenes de integración la cooperación debe lograr que quienes ingresan a ella por necesidades propias generadas por las magras posibilidades que le da el mundo desde siempre; cuando el entorno económico que lo rodea no le asegura un buen pasar, impide el desarrollo de la psiquis del individuo que consiga llevarlo a constituirse en el exponente adecuado de la representación de sus bondades en el grupo humano que integra.

Hasta allí el ejercicio de la actividad cooperativa muestra solo la cara del beneficio que esta brinda a quienes se asociaban a ella dándoles el elemento material de esta producción transportándolo a la situación de sostener ese fin en si mismo.

Con el advenimiento en 1844 de los pioneros de Rochdale se dio en consecuencia el sentido correcto de lo que debía ser la cooperación a través de reglas específicas que encuadraron su funcionamiento; reglas que trascendieron el servicio económico incorporándole los conocimientos sociales y culturales que transformaron al individuo conduciéndolo a una instancia de vida superior.

La aplicación de la educación cooperativa contribuyó de manera efectiva al cambio pero no avanzo lo suficiente para incidir en los resultados, porque no consiguió establecerse en nuestro país a pesar de las leyes promulgadas y dejada de la mano por los gobiernos que no acompañaron debidamente su proceso de desarrollo.

Tan es así que no alcanzó hasta el presente ser parte de la educación publica de manera consecuente, regulada y aplicada constantemente, sobreviviendo solo por la constancia de entes privados vinculadas al sector cooperativo que la tienen en cuenta.

Esta falencia del estado todavía existe aun por eso es bueno tener en cuenta otras vías de afianzamiento y otros elementos, siempre dentro de la educación cooperativa, que sin tergiversar lo que hasta hoy se hace, posibilite nuevos espacios de capacitación que incorporen metodologías que contribuyan a que la cooperación avance dentro de la economía social con la convicción y la adhesión de quienes participan en ella teniendo en cuenta que el cooperador no nace, sino que se hace, y para eso, hacen falta políticas que acompañen dentro del universo educativo en la búsqueda de caminos que contribuyan a afianzarla dentro de la sociedad y para lograr la fidelidad del cooperador.

Una de esas vías puede ser muy bien el empoderamiento de la actitud y la capacitación que adquieran los individuos para ingresar en la cooperación con convicción, y el tesón de la importancia que esta tiene en la mejora de la calidad de vida de amplios sectores humanos, tarea que debe ser encarada desde la educación cooperativa para instalarla.


Segundo Camuratti

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