domingo, 29 de noviembre de 2009

El cooperativista no nace, se hace. 3ra. Parte

En distintos momentos de la historia la carencia de factores sustentables generados por los sistemas vigentes, especialmente los económicos, obligó al individuo a buscar caminos diferentes para hacerlo. Uno de ellos fue organizarse utilizando el derecho de asociarse con fines útiles como alternativa válida para resolver esos problemas.

Por ese motivo la integración de las personas se dio con un fin específico: constituirse en miembro de un grupo humano con la intención, en la mayoría de veces, para mejorar sus condiciones de vida ó resolver sus otras necesidades a través de una asociación colectiva; la cooperativa, adquiriendo allí la calidad de participante de una entidad, no de cooperativista.

Pero la instalación conveniente de esos proyectos no pueden realizarse exclusivamente con buenas intenciones, deseos ó el acuciamiento de la necesidad; para que ciertamente funcione la entidad cooperativa se necesita organizarla dentro de los cánones fijados por la sociedad como emprendimiento sostenible de origen social. Para lograrlo hacía falta conocimientos y eso solo abría de conseguirse invirtiendo la ecuación a través de la formación propia del individuo orientándolo con el fin específico, incorporando la educación cooperativa.

Esta lo llevó a ir asumiendo en los principios cooperativos la experiencia para pensar y actuar colectivamente, evaluando sus acciones y asociándolas en sintonía al marco incuestionable que fijan esos preceptos; al hacerse cargo de estos conocimientos puede decirse que ese componente de la entidad cooperativa recién comienza a adquirir la formación necesaria para llegar a convertirse en un cooperativista; por eso decimos “que no nace, se hace”.

La reformulación de los principios cooperativos dados en el Congreso Centenario de la Alianza Cooperativa Internacional realizado en Manchester en el año 1995 amplía su acepción, adecuando los mismos a una concepción más subjetiva de las necesidades de los cooperadores, haciendo centro en las exigencias del individuo y la sociedad en el contexto del mundo actual.

1) Libre membresía; 2) Democracia cooperativa -un hombre, un voto-; 3) Participación económica de todos los asociados y justicia distributiva; 4) Autonomía e independencia de toda ingerencia política; 5) Educación, información y capacitación; 6) Integración de la cooperación entre cooperativas y; 7) Compromiso e interés con la comunidad.

Podríamos decir que el marco conceptual de estos nuevos principios rompe con el paradigma individualista del mundo moderno porque hace centro con todos sus efectos, tanto en el asociado como en la sociedad, llevando una nueva manera de actuar al campo colectivo de la cooperación.

Adoptar este pensamiento modifica el aspecto cultural del individuo inculcando en él, con más razón que nunca, el sentir solidario del acto cooperativo contribuyendo con ello a convertirlo en una expresión distinta del vínculo de la empresa con el sector social.

Hasta ahora hablamos de la incidencia de la educación en el asociado de una entidad cooperativa para que cumpla su función de adherente a un sistema sin fines de lucro en el papel de obtener los diversos servicios que esta preste; pero las cooperativas en su organización constitutiva tienen un estatuto y de acuerdo a ellos deben ser regidas por un consejo de administración salido de las filas de los asociados, que tienen que cumplir en la práctica con la administración de la entidad, colectivamente, en la función para lo cual se los designen y por lo tanto serán los encargados de la gestión de la misma.

Esos consejeros habrán de capacitarse para cumplir su gestión y para su formación, si es que no la tienen, es muy probable que necesiten adquirir conocimientos administrativos propios de la empresa a asumir que deben estar en consonancia con la esencia de la propiedad cooperativa; es dable admitir que esa capacitación debe provenir indefectiblemente a través de la educación cooperativa orientada con esos fines.

Segundo Camuratti (Continuará)

lunes, 16 de noviembre de 2009

El cooperativista no nace, se hace. 2da Parte

Mencionamos anteriormente las distintas corrientes y el criterio ideológico heterogéneo que la mayoría de estas tienen dentro del universo cooperativo, por lo tanto no habremos de identificarlas como entes de pensamiento uniforme, y que si bien todas son respetables no pueden amalgamar un encuadramiento único.

Por otra parte sería un error pretender en un mundo unipolar hoy, que la diversidad de la educación cooperativa construya un andamiaje que trascienda el objeto social de la corriente que la impulsa adoptando esquemas sistemáticos.

En tanto el movimiento cooperativo continúe tal cual funciona actualmente predicando la integración y esta sea solo informal, lo primero y preferible que se puede aplicar para difundirla es una educación cooperativa que conlleve en la práctica, como hecho ineludible e inexcusable, los principios rectores que le dieron vida a la cooperación en su origen.

Lo secundario pero que no le va en zaga por la importancia que tiene, es el rol que debieran asumir en el quehacer político sus dirigentes por lo complementario que esto significa; pero este es un tema del que nos ocuparemos más adelante.

La esencia del problema educativo transita por andariveles internos y externos de la identidad cooperativa, partiendo desde la base del sector social y terminando dentro del sector público.

Desde lo interno corresponde considerar la ventaja, si bien es repetitivo el mensaje, de lo que significa obrar en conjunto por la propia voluntad de los interesados ayudándose los unos a los otros, es decir cooperando para obtener mejores resultados por el accionar colectivo, que a través del esfuerzo individual.

Para poder introducir la idea de actuar así en la gente, ésta debe saber porque tiene que cooperar y como hacerlo adecuadamente; es aquí donde debe aparecer la ecuación de la educación cooperativa y por lo tanto, este es el principio sustancial y requisito fundamental para aplicarla.

Aunque pueda aparecer como elemento preconcebido y natural, en la práctica no está demostrado de manera evidente que esto, por entenderse cosa común se de así en todas partes.

Aquí debemos considerar los distintos enfoques que se dan dentro del movimiento cooperativo sobre como debería desarrollarse la educación cooperativa teniendo en cuenta el como y el porque en los factores orientativos de la línea programática que asume la función de la entidad cooperativa, y si ella es la que se corresponde.

Hemos sostenido con argumentos precisos el doble carácter que debe asumir la identidad de la cooperativa, ser una “empresa eficiente con contenido social” explicando con esto el cómo y el porqué; lo decimos con claridad para que se entienda que la educación cooperativa debe ser sostenida apuntalando esta concepción con equidad y sin desvíos.

Pueden existir y esta probado que así sea, el motivo de producir en distintas circunstancias una afectación en la enseñanza de la educación cooperativa valorando excesivamente al como sin preocuparse del porqué.

Es decir, el espíritu de la enseñanza se concentra principalmente en el concepto administrativo de la empresa cooperativa en lo técnico y económico ha modo de objeto principal, (el “como”) dejando de lado el educar de manera eficiente el sentido real del movimiento cooperativo como instrumento de transformación de la manera de pensar del sujeto que la integra para mejorar su condición de vida, (el “porqué”).

Esta manera de encarar la educación promueve un desacople específico y perfecto en la ignorancia del doble carácter con que definimos el funcionamiento de la entidad cooperativa, “empresa eficiente con contenido social”.
(Continuará)

lunes, 19 de octubre de 2009

El cooperativista no nace, se hace. 1ra Parte

Es muy común desde el decir popular sobre la vocación exhibida por personas, “nació para ser tal o cual cosa”, apuesta remanida para calificar la actitud de aquellos que consiguieron instalarse en el candelero de los éxitos al cumplir con determinada función.

Pero en el examen que se puede hacer de la historia arrancando de muy lejos en el tiempo, la realidad nos marca concretamente que la cooperación nació de muchos factores como una concepción para cambiar el sistema de vida resolviendo necesidades de sectores importantes de la sociedad.

Desde el socialismo utópico al día de hoy, pasando a través de Owen, Saint Simón, Fourier y la Sociedad Equitativa de los Pioneros de Rochdale, el camino recorrido por el cooperativismo en nuestro país y todo lo transcurrido con posibilidades ciertas de aplicación y funcionamiento, se dieron en aras de proyectos devenidos para resolver necesidades propias de sectores importantes a través de organismos colectivos y desarrollados en la medida que la intención y la experiencia recogida en el hacer, (trasmitida muchas veces de generación en generación) fuese marcando el camino a seguir.

En el transcurso de los acontecimientos se establecieron normas que luego transformadas y fijadas como principios decían lo que se debía hacer y como se podrían llevar a cabo, y las instrumentaron para que cumplieran esos fines sin trasgredir los códigos propios que le imprimían los forjadores de las iniciativas.

Se fue generando sin habérselo propuesto originariamente quienes lo impulsaban, un sistema alternativo de economía solidaria enfrentada a la economía individual del mercado lucrativo subyacente, que marcó por su trascendencia ganar espacio dentro de las comunidades.

Es cierto y debemos tenerlo en cuenta que todo lo sucedido no fue casual, hubo ideas concretas de lo que se quería hacer.

En concurrencia, pudieron establecer definitivamente esas ideas que las necesidades no pasaban solo por resolver las penurias del individuo como tal, sino que el sistema tenía otras carencias; estas eran poder incorporar a pleno al individuo socio de una cooperativa que por sí actuaba como agente pasivo, al círculo del accionar colectivo transformándolo en actor activo del proceso cooperativo.

Para ello no existía un instrumento superior que la educación, teniendo presente que la educación era el soporte indispensable para sustituir la ecuación del conocimiento practico a través de lo didáctico referido a la esencia de la cooperación; allí comienza a emerger la educación cooperativa como elemento necesario para acompañar los procesos de desarrollo cooperativo encuadrados dentro de premisas concretas afines con los postulados de un servicio solidario.

Convencidos que el cooperativismo debía cumplir con una función transformadora en la manera de pensar de la sociedad, al incorporar el acto solidario dentro de un andamiaje colectivo influenciado por el origen individual de sus integrantes, debía de tratar de encarrilarlo aceptando y respetando la diversidad plural de los intervinientes en lo que llamaríamos la sociedad cooperativa, teniendo en cuenta las distintas lecturas que se pueden hacer de la realidad de las corrientes que se expresan en el espectro cooperativo, sin pretender uniformarlos.

Justo es de entender cuando hablamos de educación que esta debe ser la prioridad de un país que necesita desarrollarse como Nación y por lo tanto debe ser responsabilidad del Estado contribuir a su implantación desde lo público, admitiendo la participación de otros sectores en las distintas especificidades que componen el entretejido social y económico.

jueves, 1 de octubre de 2009

Homenaje a un ilustre cooperativista

Dentro de muy pocos días, el 3 de octubre, habrá de cumplirse un lustro de la desaparición de quien fuera uno de los mas destacados dirigentes del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos: Floreal Gorini.

Es por eso que no podíamos estar ausentes desde la columna de Sentido Solidario para rendirle el justiciero homenaje recordatorio a quien fuera el más claro ideólogo de un largo periodo de tiempo en la vida del Instituto Movilizador.

Pero es nuestro deber tener presente que este acto evocativo, es solo una fecha, porque la presencia de quien hablamos está vigente de manera permanente en el sentir de un amplio sector de cooperadores, y nos afirma más en el convencimiento de lo que fue su trayectoria en su paso por la vida, elemento digno de imitar por la presente y futuras generaciones.

Traemos a la memoria, decimos, la figura de un dirigente que entendió que respetando los principios y trabajando con convencimiento se puede avanzar a pesar de las adversidades que se deban afrontar.

De la misma manera que con ladrillo tras ladrillo se levanta una casa, con idea tras idea supo delinear un pensamiento, que edificó la importancia que este conlleva en la construcción de la coherencia humana y política, que constituye el ejemplo en el modo de vivir de las personas, y eso trasunta al valor que tiene el significado de vivir como se piensa.

La importancia radica cuando ese pensamiento no solo se utiliza para transitar la vida, sino se convierte en herramienta fundamental y faro, para guiar y transmitir hacia el imaginario colectivo, lineamientos con alto contenido humanitario en beneficio de la sociedad en su conjunto.

Los mismos principios que marcaron la integridad de su conducta llevaban implícito un pensamiento hecho carne que supo definir, con claridad y seriedad cual debía ser la salida para resolver situaciones, teniendo siempre presente aquello de que el fin no justifica los medios.

Desde ese entonces el itinerario de su vida fue marcado en un solo sentido, la defensa de los intereses de sus iguales, por eso no tuvo términos medios, siempre sus consignas, su actitud y su trabajo, estuvieron encaminados con un único objetivo, el bien común de los que menos tienen.

De esa larga etapa podemos rescatar buceando en sus escritos, si sabemos leerlos, párrafos enteros de distintas épocas con un solo hilo conductor, su preocupación por los demás y el bienestar del hombre, teniendo en cuenta el devenir del futuro y sus implicancias sobre la humanidad.

Su destino diríamos, nació prácticamente junto a los trabajadores y se profundiza en las múltiples ocupaciones que desarrolló, conduciendo un colectivo, fabricando sombreros o como bancario, y las llevo a cabo siempre intentando representar los intereses de su clase sin concesiones.

Esa vocación de servicio lo llevaría a incorporarse al movimiento cooperativo de crédito que estaba emergiendo, precisamente cuando comenzaba a manifestarse que faltaba el financiamiento a través del crédito en el campo popular para su desarrollo, y el IMFC iniciaba la inmensa tarea de construir un sistema financiero alternativo, que sirviera a los sectores populares.

Su experiencia sindical y política junto a una camada de importantes é inolvidables cuadros sociales y políticos, alimentaron desde el inicio, la faceta diferencial que debía interpretar ese cooperativismo desde el Instituto Movilizador, tal es así que en esos primeros años se comenzaba a perfilar lo que Gorini denominaría mas adelante, como una corriente especifica y por lo tanto distinta del cooperativismo, que el no dudaba de asociarla al objetivo socialista de construcción social, sosteniendo que la movilización y la participación popular consciente por una nueva sociedad, eran factores fundamentales para definir el curso transformador de la cooperación.

Para quienes fuimos sus discípulos siempre tuvo a mano la palabra justa, el consejo, una clase didáctica mas, transmitiéndonos el enorme caudal de conocimientos que acumuló en su larga y fecunda militancia en distintos movimientos, ya fueran estos gremiales, sociales o en su quehacer político siempre tenido en cuenta.

El mejor homenaje que le podemos rendir a Floreal es transcribir un párrafo de un discurso en un acto por el Día Internacional de la Cooperación que pinta de cuerpo entero su manera de pensar.

“Por eso la cooperación se plantea junto al trabajo y a la educación como una tarea constante, permanente, regular. Porque solo la cultura elevará al hombre, y el hombre hará transformar el trabajo y llegará a hacer que la máquina trabaje por él, y que lo suplante en aquellas tareas más brutales, inhumanas y pesadas”.

Aquí debemos detenernos todos un instante para preguntarnos: ¿Cuánto de filosofía y de humanismo tiene este razonamiento fundado en solo cuatro palabras: Hombre – Cultura - Educación –Transformación -. Cuatro palabras que fueron el paradigma del pensamiento de Floreal Gorini en su vida.

Segundo Camuratti

De qué cooperativismo hablamos - Parte final

Por lo tanto el factor colectivo de la cooperación como motor de desarrollo en distintas actividades, puede enriquecer y fortalecer no solo la producción de los hechos sino que colabora en la tarea de integración necesaria entre lo económico y lo social a que aspira el ser humano para progresar solidariamente en todos los niveles, constituyéndose por su calidad en el conglomerado humano gestor de la autentica unidad en la diversidad.

No deja de ser encomiable que las cooperativas hayan construido un sistema económico que aún funcionando sin fines de lucro en una economía de mercado, representan además un modelo que por su práctica democrática no sólo en la conducción empresarial, sino en la distribución de la riqueza, ha demostrado que con apoyo social puede fortalecer a los sectores pequeños y medianos de la producción y los servicios.

Estamos transitando una etapa complicada, de oportunidades y amenazas al mismo tiempo que nos habilita y nos exige a que cumplamos nuestro rol activamente, como cooperativistas, para que el sector no sea utilizado por algunos como una herramienta de explotación o evasión, o al mismo tiempo, que otros lo usen para amortiguar el conflicto social desvirtuando la autogestión autentica y la genuina cooperación.

La puesta en valor de las bondades de la cooperación en sus variados aspectos no puede resolver todo por sí, porque las cooperativas sufren la influencia de la presión económica y cultural del entorno capitalista; sabido es que las cooperativas tienen que funcionar en un marco normativo desfavorable, al no ser objeto de tratamientos específicos en materia legislativa y tributaria además de tener que soportar la carencia de políticas de fomento, por lo tanto, se hace difícil desarrollar entidades de economía social con legislaciones, reglamentos y normativas que no las ubican ni las tienen en cuenta como tales.

Justo es reconocer que mayoritariamente el cooperativismo es sano, es honesto y buen administrador, pero también intuimos que de seguir así las cosas, no reconocido ni entendido en la función que desarrolla, pausadamente va a ir abandonando la necesidad de hacer de este un instrumento de liberación y transformación social desvirtuando la esencia de la corriente que la auspicia.

Las cooperativas no van a poder realizar su contribución a la transformación social y a superar la crisis que padece nuestro país, si sólo se limita a ejercer resistencia frente a los vaivenes cada vez más pronunciados a que la lleva el sistema vigente.

Sin embargo han podido demostrar porque está comprobado en los hechos, que el cooperativismo ha aportado su esfuerzo por encontrar soluciones reales a los problemas de pobreza y exclusión social, como alternativa de democracia económica, de diálogo y de impulsor activo en el proceso de paz.

En la intención de trabajar para bien de la sociedad sus dirigentes deben incentivar la concientización de los cooperadores, en la sana razón de que las cooperativas son instrumentos de transformación, llevando su accionar junto con otros movimientos sociales, de trabajadores, de derechos humanos, de pequeños empresarios, de estudiantes, de desocupados, de marginados y también de la cultura para que juntos reivindiquen la necesidad de transformar el injusto sistema capitalista.

El efecto de la globalización en un mundo que está en permanente transformación y cambio, determina la necesidad de ubicar los valores esenciales teóricos de cada doctrina en el contexto correspondiente a cada período histórico para cumplir con su misión, por ese motivo el factor subjetivo de la membresía cooperativa debe avanzar en la implantación de la educación del sector como tarea prioritaria que contribuya a modificar la manera de pensar y actuar del imaginario colectivo de la sociedad, para que se produzcan los cambios necesarios que nos lleven a un modelo de país mas solidario.

Se requiere crear un nuevo paradigma donde se privilegie al ser humano, -la medida de todas las cosas- y no al capital.

“En tiempos donde se hace necesaria la unidad de todos los argentinos, trabajando hoy mas que nunca por el bien común, sería fundamental para evitar la fragmentación de la sociedad y dotar de contenido social a todas las situaciones que se presenten, que al cooperativismo se le permita ocupar el lugar que le corresponde para que pueda contribuir, mediante su opinión y sus valores y principios que son ejemplo de respeto, tolerancia y genuino ejercicio de la democracia participativa”.

Segundo Camuratti

lunes, 21 de septiembre de 2009

Homenaje póstumo

A través de los medios de comunicación hemos conocido hace pocas horas la infausta noticia del fallecimiento del Dr. Aarón Gleizer.

A la edad de 76 años desaparece una de las mentes más claras, precisas e idóneas que tenía el movimiento cooperativo de Argentina.

Estudioso al máximo de los conceptos colectivos del genuino cooperativismo, supo discernir en sus profundos análisis de la realidad el verdadero propósito del acto cooperativo, en la construcción de un sistema alternativo de economía, la social, identificada con la necesidad de importantes sectores de la sociedad para solucionar sus problemas por medio de la instancia solidaria.

En el pedestal de su obra oral y escrita supo mantener siempre, como guía y argumento, el significado de los valores y principios cooperativos defendidos con férrea concepción doctrinaria.

Quienes tuvimos la oportunidad de acompañarlo durante muchos años en el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, siempre supimos que acudíamos en su persona al memorioso docente en la búsqueda de la orientación autentica como referente para encauzar nuestra tarea, en el convencimiento de que sus deducciones sobre el camino a transitar iban a ser las mas precisas y verdaderas a tener en cuenta.

Aquellos que tengan la voluntad y la posibilidad de investigar su excelente trayectoria, podrán extraer y utilizarlo como ejemplo en la lectura que se debe hacer, de una persona que dedicó su vida y su esfuerzo, en la tarea de servir a un movimiento que le debe mucho por todo lo realizado en el ideario de apuntalar la pureza, de un sistema que expresa en sus actitudes el contenido solidario del sentimiento humano.

Sentido Solidario no puede menos que recordar y rendirle el merecido homenaje a un grande cooperativista, lamentando el hecho de no haber conocido en tiempo su deceso, algunos sabrán porque, para acompañarlo a su última morada.

Segundo Camuratti

jueves, 17 de septiembre de 2009

De qué cooperativismo hablamos 3ra. parte

(Final entrega anterior) “Esta referencia nos indica que el pragmatismo, con diversas variantes, llega hasta nuestros días y está en la práctica de muchas de las cooperativas actuales”.

Lo queremos dejar señalado porque de ese distinto compendio de ideas surgen luego dos modelos; “cooperativa empresa ó empresa cooperativa”, demostrativos de que existe una figura contrapuesta en el objeto social que las distingue. (2)

Sin embargo tanto unas como otras son entidades que han nacido o nacen dentro del espectro económico-social de los países, con una infinidad inconmensurable de matices que los unen o separan, dispersos o diversos –cualquiera de estas dos acepciones caben-, quizás por el predominio de las diferentes ideas que reflejan la realidad del pensamiento existente en la comunidad que las instala.

No pretendemos en este encuadre de situación atenernos a establecer parámetros referidos sobre las cualidad de los distintos modelos de entidades que alberga el movimiento cooperativo, por lo tanto no está implícita la intención de pecar por no ser imparciales; tenemos posición tomada desde un primer momento, -lo citamos como argumento de este trabajo- y por lo tanto lo titulamos “de que cooperativismo hablamos”.

Señalamos, eso sí, la existencia de distintas corrientes cooperativas y su influencia para que las tengan en cuenta al evaluarlas cada cual desde su punto de vista respetándolos, pero queremos dejar en claro a la vez que nos hemos apoyado desde siempre en aquella corriente que se nutre del pensamiento de los socialistas utópicos, cuyos valores fundamentales son la adhesión voluntaria a la cooperación, la solidaridad, la democracia participativa, la ayuda mutua, la propiedad común de los medios de producción, (entendiendo por propiedad común a la misma cooperativa) y el acto colectivo de dar para recibir.

Pero para que este modelo se haga realidad efectiva, tiene que sobrepasar del mensaje dialectico a la realización concreta demostrando que la idea es posible llevarla a la praxis, sino todo queda formalmente incorporado al manual de las buenas intenciones.

Es indispensable reunir los elementos esenciales que contribuyan a convertirse en una de las maneras mas adecuadas para desarrollar una nueva construcción transformadora en la economía social, que permita enfrentar al pensamiento dominante que propicia el individualismo exacerbado, que margina a una gran parte de la población, empobrece a la mayoría y fractura la sociedad.

En el transcurso del tiempo lo esencial es no perder la memoria, como fiel testigo esta nos tiene que acompañar permanentemente en cada uno de los momentos que vivimos, recordándonos hechos a veces gratos, y otros quizás no tanto, que nos permitan alimentar la perseverancia que nos lleve a continuar las tareas detrás de los objetivos básicos que nos plantea la cooperación, partiendo del supuesto qué, “Para los pueblos que no tienen memoria se les hace muy difícil escribir su historia”.

Debemos comprender que no es precisamente el libre albedrío sino los principios cooperativos quienes deben proyectar la base sobre la cual se asiente la organización estructural y el funcionamiento institucional de toda cooperativa.

Podemos demostrar con elementos precisos que el sustento de la cooperación, ha sido y será la correcta aplicación de esos principios que privilegian lo colectivo por sobre lo individual, enmarcados dentro del universo conceptual de la solidaridad, único precepto que no admite la alquimia de pretender integrar al sujeto, la persona humana, con el capital, el objeto, en una mixtura ambivalente que jamás podrá fraguar.

(2) Ver Blog Tiempos de reflexión. 21/07/09

Continuará