sábado, 2 de enero de 2010

Saludos de fin de año

Hace solo siete meses, precisamente en el mes de junio, que nos dimos a la tarea de incursionar a través de un Blog para llegar a sectores vinculados con el cooperativismo y la economía social.

Sabíamos que afrontábamos un desafío concreto al poner en marcha un proyecto nuevo, que podía generar expectativas al tener que encarar aspectos hasta ahora desconocidos en nuestra actividad, el escribir, pero lo hicimos porque queríamos poner en claro ante la gente nuestro pensamiento y cual era la intención.

El haber transitado varias décadas en movimientos sociales, principalmente en el sector cooperativo de crédito, nos habilitaba hacerlo porque conocíamos de antemano la situación por la cual transitaban sectores importantes de la sociedad, en la búsqueda de alternativas que llevasen a mejorar la situación social y económica que muchos padecen.

Siempre sostuvimos la necesidad que tiene el país en modificar sustancialmente aquellas políticas instaladas, mucho tiempo atrás y, que aún siguen vigentes por ser aplicadas con escasas diferencias en el presente, que no resolvieron lo principal, porque siguen haciendo de la inequidad en la distribución de la riqueza el sostén principal de un modelo económico que se hace necesario cambiar.

Convencidos de que otro modelo de país es posible nos dimos a la tarea de colaborar con nuestra modesta opinión, pero a la vez, buscando en el debate con la gente no solo protestas sino ideas que puedan dar cabida a proyectos alternativos, para contribuir a lograr ese objetivo a través de cambios en las políticas económicas y sociales implantadas.

Si tenemos en cuenta lo que pasó en este espacio de tiempo transcurrido, nos sentimos mas que conformes por los resultados obtenidos; cerca de 2.500 entradas al Blog Sentido Solidario nos dan la pauta que se manifestó interés en conocer nuestra opinión y de alguna manera, valoramos y agradecemos los comentarios que se suscitaron al respecto que demostraron su interés sobre los temas expuestos.

Estamos elaborando un balance de lo actuado en este año que fenece y en el mes de enero vamos a exponer las consideraciones a que nos lleve el análisis, en tanto queremos expresar a los seguidores del Blog, como así también a todos aquellos que lo visitaron hasta el presente, un afectuoso saludo y nuestro reconocimiento por la atención prestada deseándoles un Feliz año nuevo.

Esperamos que en el nuevo año continúen las colaboraciones para lograr construir un vínculo permanente dentro de la sociedad trabajando por el bien común recordando aquello de que: “El país se hace desde adentro y por todos, sino no se hace”.

Segundo Camuratti

domingo, 27 de diciembre de 2009

Cooperativismo y política

En el transcurso de las distintas etapas que le tocó asumir en el país al cooperativismo durante el siglo pasado, debió soportar el acoso y la denuncia de que las cooperativas hacían política de parte de los sectores del privilegio, que nunca pudieron asumirlo a pesar de sus virtudes.

Fue precisamente el cooperativismo de créditos quien en mayor medida irritó los ánimos de esos actores, porque supo encausar sus necesidades en las reivindicaciones y la defensa de un sector social que habría perspectivas concretas, sobre la capacidad que el hombre común tiene para acompañar y dirigir los procesos populares.

No cabía ninguna duda que este desafío hería los intereses de los grupos económicos é ideológicos, que habían hecho del manejo del dinero y su incidencia en la economía un instrumento propio y exclusivo para regular a su antojo el bienestar de grupos sociales que ahora entraban a disputar sus intereses.

El arma que pretendieron utilizar fue la misma que siempre les servía para combatir a aquellos que cuestionaron su primacía: el ataque artero, no sobre el centro de la cuestión, sino recurriendo al atajo que creían sería el mas vulnerable, el factor político, logrando instalar incluso dentro del mismo estamento cooperativo, resabios de sentimientos adversos a admitir que las cooperativas al funcionar generaban políticas.

Lo que sucedía no era casual, de la misma manera que no lo fueron las dos dictaduras que subvirtieron el orden institucional del país durante muchos años, porque si hilamos fino nos vamos a encontrar que representaban a los mismos intereses.

Pero allí fallaron, toda actividad económica, social y porqué no cultural tiene un costado político, quien lo niegue miente tratando de confundir la opinión pública precisamente con argumentos que también de por si poseen una alta dosis de política en defensa de intereses particulares.

El tiempo como testigo se encargó de demostrar con claridad el fin perseguido por quienes atacaron en distintas etapas al cooperativismo de créditos: en algo tenían razón cuando lo decían, el problema sí era político, el quid de la cuestión pasaba por tratar de impedir que sectores populares organizados en cooperativas fuesen los encargados de orientar el destino y una buena parte de los fondos generados por el ahorro nacional administrándolo en función del crédito, y cual debería ser el sector social que habría de recibir ese aporte.

En 1995 la Alianza Cooperativa Internacional modifica el 5º articulo de los principios cooperativos y plantea en el artículo 4º la “Independencia política”, que a pesar del tiempo transcurrido no vulnera el criterio anterior sobre lo que en su momento fuera “Neutralidad política y religiosa”; la Alianza no dice no a la palabra “política” porque interpreta el significado justo de lo que quiere decir la misma, asumiendo la palabra en su forma global y no en su esencia local que podría devenir como partidismo, confundiendo a la opinión pública.

El tiempo no pasa en vano y en su transcurso, muchos acontecimientos han sucedido y se modificaron distintas conductas en el desempeño y el crecimiento del movimiento cooperativo para mejor en nuestro país, pero de la misma manera debemos lamentar que el agiornamento que se dio en muchos niveles, no haya alcanzado para trasladar el interés por el tema político y transferirlo como debería haberse hecho al sujeto, dirigente e integrante de la sociedad, por eso decimos que el motivo sigue vigente.

Justo es de entender, que la prédica constante de la condena hacia lo político en las entidades cooperativas por aquellos que quisieron encasillar a las cooperativas como entes amorfos e insulsos ausentes del sentir y las necesidades de la gente, (pretendiendo despojarla de su capacidad de acción y reflexión), dejara sus huellas en la buena fe del imaginario colectivo de los cooperadores; de allí que nos encontremos que en los órganos de gobierno formadores de leyes, los dirigentes cooperativos prácticamente sean muy pocos y por lo tanto brillan por su ausencia, y eso incide cuando se tratan en el parlamento leyes necesarias para el movimiento o aquellas que afectan al sector cooperativo, costando mucho tiempo y esfuerzo el aprobarlas o removerlas.

Es por eso que hoy aún nos preguntamos hasta donde deben mantenerse alejados en la actualidad del quehacer político propiamente dicho los dirigentes cooperativistas.

Si tenemos en cuenta que en sociedades como la nuestra, en que la política en función de gobierno constituye el elemento de dirección de la actividad nacional, cuando en la acción política se resuelven las prioridades nacionales tales como las orientaciones del desarrollo y las formas y montos de la distribución de la riqueza nacional a través de los presupuestos, se defiende o se entrega la soberanía y en definitiva se generan las leyes que en última instancia constituyen las reglas para el juego social, es simplemente absurdo que los dirigentes cooperativistas como sujetos sociales, se marginen de la participación política, demostrando una aparente indiferencia que lo único que consigue es que sectores que no ven con buenos ojos al cooperativismo, o aquellos definidos como anticooperativos abarquen más terreno y ganen mejores posiciones.

Entendemos que para bien del movimiento cooperativo y, en esta instancia, sería lógico y necesario en las actuales circunstancias, que esos dirigentes con libertad de conciencia, se enrolen en partidos cuyos programas sean afines a los postulados cooperativos y militen en ellos, y si logran ser propuestos como candidatos y son electos, actúen sin temor levantando bien alta la bandera del hecho político institucional y el significado que este tiene dentro del esquema solidario del acto cooperativo.

Sería anacrónico el pensar con mentalidad colonial en pleno siglo XXl, que ese dirigente cooperativo, hoy integrante del Consejo de Administración de una cooperativa, deba perder el legítimo derecho que como ciudadano le corresponde, de actuar con su presencia y sus ideas políticas.

Segundo Camuratti

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Tiempos de confusión: ¿cooperativismo o qué?

Estamos transitando tiempos complicados por oportunidades y amenazas que a la vez nos habilitan y nos exigen cumplir nuestro rol activamente como cooperativistas, para que este sector de la economía social no sea utilizado por algunos como una herramienta de explotación o evasión, o al mismo tiempo, que otros lo usen para amortiguar el conflicto social desvirtuando la autogestión autentica y la genuina cooperación.

Estamos transitando como lo dice el epígrafe, momentos complicados en actividades hoy instrumentadas que se enmarcan dentro del sistema cooperativo que no llevan a otra cosa que abrir la discusión de si lo que se hace pertenece y se corresponde con la identidad de la entidad cooperativa.

Por lo tanto no vamos a obviar el desafío aportando nuestro humilde punto de vista sobre el particular: si nos atenemos a lo que define la Alianza Cooperativa Internacional respecto del significado de la organización cooperativa cuando dice; una cooperativa es una asociación autónoma de personas que se han unido voluntariamente para hacer frente a sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales comunes por medio de una empresa de propiedad conjunta y democráticamente controlada, clasificándola además como entidad de servicio sin fines de lucro, definiciones con las cuales coincidimos y estamos totalmente de acuerdo.

Esto es digno de tener en cuenta precisamente cuando aparece en el contexto económico y social del país alternativas puestas en práctica por el Ministerio de Desarrollo Social del país auspiciando el proyecto “Argentina Trabaja” para incorporar al trabajo a 100.000 trabajadores.

Aquí tenemos que dejar en claro que aplaudimos este acontecimiento porque todo aquello que se realice desde el Estado para mejorar la situación de sectores sociales en la actividad del trabajo merece el reconocimiento de la sociedad en su conjunto.

Pero con lo que no coincidimos es como aparece, desdibujando los hechos y generando confusión la figura cooperativa en la organización de los núcleos de trabajo que habrán de tomar a su cargo las tareas a encarar por los mismos, que no se condice en su accionar con el armado y el funcionamiento de la estructura cooperativa tal cual sosteníamos en el comienzo de este trabajo.

No creemos que se hayan producido desvíos en el desarrollo del proyecto porque dentro de la órbita del Ministerio de Desarrollo Social actúa el Organismo que vela por el quehacer cooperativo y mutual, el INAES,- Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social- Presidido por el Doctor Patricio Griffin que conoce e interpreta, entendemos concientemente, lo que es y significa este sector en la actividad económica-social en la vida del país, pero algo sucedió para que el hecho se de así.

Como entendemos que la actividad a desarrollarse en el Plan “Argentina Trabaja” merecía, para afianzarlo dentro de la sociedad, y en beneficio de generar nuevos puestos de trabajo incorporando mas fuerza laboral en la economía del país, darle un carácter asociativo especifico y propio a través de un estatuto o reglamento que lo ubicase plenamente, de echo y de derecho, dentro de esta nueva construcción que lleva adelante el Estado para mejorar el sistema de vida de un sector laboral importante.

Estamos transitando por efectos de la crisis una etapa complicada de la vida del mundo, y por sentirnos dentro de él llegan los coletazos a nuestro país por los remezones que se producen, por lo tanto debemos ser concientes y cuidarnos de que no podemos agregar más confusión que desnaturalice el entendimiento que debe reinar en toda sociedad que se precie como tal, haciéndole perder tiempo precioso en discusiones que demoren la construcción de un país que sirva y beneficie a todos los argentinos.

Segundo Camuratti

domingo, 29 de noviembre de 2009

El cooperativista no nace, se hace. 3ra. Parte

En distintos momentos de la historia la carencia de factores sustentables generados por los sistemas vigentes, especialmente los económicos, obligó al individuo a buscar caminos diferentes para hacerlo. Uno de ellos fue organizarse utilizando el derecho de asociarse con fines útiles como alternativa válida para resolver esos problemas.

Por ese motivo la integración de las personas se dio con un fin específico: constituirse en miembro de un grupo humano con la intención, en la mayoría de veces, para mejorar sus condiciones de vida ó resolver sus otras necesidades a través de una asociación colectiva; la cooperativa, adquiriendo allí la calidad de participante de una entidad, no de cooperativista.

Pero la instalación conveniente de esos proyectos no pueden realizarse exclusivamente con buenas intenciones, deseos ó el acuciamiento de la necesidad; para que ciertamente funcione la entidad cooperativa se necesita organizarla dentro de los cánones fijados por la sociedad como emprendimiento sostenible de origen social. Para lograrlo hacía falta conocimientos y eso solo abría de conseguirse invirtiendo la ecuación a través de la formación propia del individuo orientándolo con el fin específico, incorporando la educación cooperativa.

Esta lo llevó a ir asumiendo en los principios cooperativos la experiencia para pensar y actuar colectivamente, evaluando sus acciones y asociándolas en sintonía al marco incuestionable que fijan esos preceptos; al hacerse cargo de estos conocimientos puede decirse que ese componente de la entidad cooperativa recién comienza a adquirir la formación necesaria para llegar a convertirse en un cooperativista; por eso decimos “que no nace, se hace”.

La reformulación de los principios cooperativos dados en el Congreso Centenario de la Alianza Cooperativa Internacional realizado en Manchester en el año 1995 amplía su acepción, adecuando los mismos a una concepción más subjetiva de las necesidades de los cooperadores, haciendo centro en las exigencias del individuo y la sociedad en el contexto del mundo actual.

1) Libre membresía; 2) Democracia cooperativa -un hombre, un voto-; 3) Participación económica de todos los asociados y justicia distributiva; 4) Autonomía e independencia de toda ingerencia política; 5) Educación, información y capacitación; 6) Integración de la cooperación entre cooperativas y; 7) Compromiso e interés con la comunidad.

Podríamos decir que el marco conceptual de estos nuevos principios rompe con el paradigma individualista del mundo moderno porque hace centro con todos sus efectos, tanto en el asociado como en la sociedad, llevando una nueva manera de actuar al campo colectivo de la cooperación.

Adoptar este pensamiento modifica el aspecto cultural del individuo inculcando en él, con más razón que nunca, el sentir solidario del acto cooperativo contribuyendo con ello a convertirlo en una expresión distinta del vínculo de la empresa con el sector social.

Hasta ahora hablamos de la incidencia de la educación en el asociado de una entidad cooperativa para que cumpla su función de adherente a un sistema sin fines de lucro en el papel de obtener los diversos servicios que esta preste; pero las cooperativas en su organización constitutiva tienen un estatuto y de acuerdo a ellos deben ser regidas por un consejo de administración salido de las filas de los asociados, que tienen que cumplir en la práctica con la administración de la entidad, colectivamente, en la función para lo cual se los designen y por lo tanto serán los encargados de la gestión de la misma.

Esos consejeros habrán de capacitarse para cumplir su gestión y para su formación, si es que no la tienen, es muy probable que necesiten adquirir conocimientos administrativos propios de la empresa a asumir que deben estar en consonancia con la esencia de la propiedad cooperativa; es dable admitir que esa capacitación debe provenir indefectiblemente a través de la educación cooperativa orientada con esos fines.

Segundo Camuratti (Continuará)

lunes, 16 de noviembre de 2009

El cooperativista no nace, se hace. 2da Parte

Mencionamos anteriormente las distintas corrientes y el criterio ideológico heterogéneo que la mayoría de estas tienen dentro del universo cooperativo, por lo tanto no habremos de identificarlas como entes de pensamiento uniforme, y que si bien todas son respetables no pueden amalgamar un encuadramiento único.

Por otra parte sería un error pretender en un mundo unipolar hoy, que la diversidad de la educación cooperativa construya un andamiaje que trascienda el objeto social de la corriente que la impulsa adoptando esquemas sistemáticos.

En tanto el movimiento cooperativo continúe tal cual funciona actualmente predicando la integración y esta sea solo informal, lo primero y preferible que se puede aplicar para difundirla es una educación cooperativa que conlleve en la práctica, como hecho ineludible e inexcusable, los principios rectores que le dieron vida a la cooperación en su origen.

Lo secundario pero que no le va en zaga por la importancia que tiene, es el rol que debieran asumir en el quehacer político sus dirigentes por lo complementario que esto significa; pero este es un tema del que nos ocuparemos más adelante.

La esencia del problema educativo transita por andariveles internos y externos de la identidad cooperativa, partiendo desde la base del sector social y terminando dentro del sector público.

Desde lo interno corresponde considerar la ventaja, si bien es repetitivo el mensaje, de lo que significa obrar en conjunto por la propia voluntad de los interesados ayudándose los unos a los otros, es decir cooperando para obtener mejores resultados por el accionar colectivo, que a través del esfuerzo individual.

Para poder introducir la idea de actuar así en la gente, ésta debe saber porque tiene que cooperar y como hacerlo adecuadamente; es aquí donde debe aparecer la ecuación de la educación cooperativa y por lo tanto, este es el principio sustancial y requisito fundamental para aplicarla.

Aunque pueda aparecer como elemento preconcebido y natural, en la práctica no está demostrado de manera evidente que esto, por entenderse cosa común se de así en todas partes.

Aquí debemos considerar los distintos enfoques que se dan dentro del movimiento cooperativo sobre como debería desarrollarse la educación cooperativa teniendo en cuenta el como y el porque en los factores orientativos de la línea programática que asume la función de la entidad cooperativa, y si ella es la que se corresponde.

Hemos sostenido con argumentos precisos el doble carácter que debe asumir la identidad de la cooperativa, ser una “empresa eficiente con contenido social” explicando con esto el cómo y el porqué; lo decimos con claridad para que se entienda que la educación cooperativa debe ser sostenida apuntalando esta concepción con equidad y sin desvíos.

Pueden existir y esta probado que así sea, el motivo de producir en distintas circunstancias una afectación en la enseñanza de la educación cooperativa valorando excesivamente al como sin preocuparse del porqué.

Es decir, el espíritu de la enseñanza se concentra principalmente en el concepto administrativo de la empresa cooperativa en lo técnico y económico ha modo de objeto principal, (el “como”) dejando de lado el educar de manera eficiente el sentido real del movimiento cooperativo como instrumento de transformación de la manera de pensar del sujeto que la integra para mejorar su condición de vida, (el “porqué”).

Esta manera de encarar la educación promueve un desacople específico y perfecto en la ignorancia del doble carácter con que definimos el funcionamiento de la entidad cooperativa, “empresa eficiente con contenido social”.
(Continuará)

lunes, 19 de octubre de 2009

El cooperativista no nace, se hace. 1ra Parte

Es muy común desde el decir popular sobre la vocación exhibida por personas, “nació para ser tal o cual cosa”, apuesta remanida para calificar la actitud de aquellos que consiguieron instalarse en el candelero de los éxitos al cumplir con determinada función.

Pero en el examen que se puede hacer de la historia arrancando de muy lejos en el tiempo, la realidad nos marca concretamente que la cooperación nació de muchos factores como una concepción para cambiar el sistema de vida resolviendo necesidades de sectores importantes de la sociedad.

Desde el socialismo utópico al día de hoy, pasando a través de Owen, Saint Simón, Fourier y la Sociedad Equitativa de los Pioneros de Rochdale, el camino recorrido por el cooperativismo en nuestro país y todo lo transcurrido con posibilidades ciertas de aplicación y funcionamiento, se dieron en aras de proyectos devenidos para resolver necesidades propias de sectores importantes a través de organismos colectivos y desarrollados en la medida que la intención y la experiencia recogida en el hacer, (trasmitida muchas veces de generación en generación) fuese marcando el camino a seguir.

En el transcurso de los acontecimientos se establecieron normas que luego transformadas y fijadas como principios decían lo que se debía hacer y como se podrían llevar a cabo, y las instrumentaron para que cumplieran esos fines sin trasgredir los códigos propios que le imprimían los forjadores de las iniciativas.

Se fue generando sin habérselo propuesto originariamente quienes lo impulsaban, un sistema alternativo de economía solidaria enfrentada a la economía individual del mercado lucrativo subyacente, que marcó por su trascendencia ganar espacio dentro de las comunidades.

Es cierto y debemos tenerlo en cuenta que todo lo sucedido no fue casual, hubo ideas concretas de lo que se quería hacer.

En concurrencia, pudieron establecer definitivamente esas ideas que las necesidades no pasaban solo por resolver las penurias del individuo como tal, sino que el sistema tenía otras carencias; estas eran poder incorporar a pleno al individuo socio de una cooperativa que por sí actuaba como agente pasivo, al círculo del accionar colectivo transformándolo en actor activo del proceso cooperativo.

Para ello no existía un instrumento superior que la educación, teniendo presente que la educación era el soporte indispensable para sustituir la ecuación del conocimiento practico a través de lo didáctico referido a la esencia de la cooperación; allí comienza a emerger la educación cooperativa como elemento necesario para acompañar los procesos de desarrollo cooperativo encuadrados dentro de premisas concretas afines con los postulados de un servicio solidario.

Convencidos que el cooperativismo debía cumplir con una función transformadora en la manera de pensar de la sociedad, al incorporar el acto solidario dentro de un andamiaje colectivo influenciado por el origen individual de sus integrantes, debía de tratar de encarrilarlo aceptando y respetando la diversidad plural de los intervinientes en lo que llamaríamos la sociedad cooperativa, teniendo en cuenta las distintas lecturas que se pueden hacer de la realidad de las corrientes que se expresan en el espectro cooperativo, sin pretender uniformarlos.

Justo es de entender cuando hablamos de educación que esta debe ser la prioridad de un país que necesita desarrollarse como Nación y por lo tanto debe ser responsabilidad del Estado contribuir a su implantación desde lo público, admitiendo la participación de otros sectores en las distintas especificidades que componen el entretejido social y económico.

jueves, 1 de octubre de 2009

Homenaje a un ilustre cooperativista

Dentro de muy pocos días, el 3 de octubre, habrá de cumplirse un lustro de la desaparición de quien fuera uno de los mas destacados dirigentes del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos: Floreal Gorini.

Es por eso que no podíamos estar ausentes desde la columna de Sentido Solidario para rendirle el justiciero homenaje recordatorio a quien fuera el más claro ideólogo de un largo periodo de tiempo en la vida del Instituto Movilizador.

Pero es nuestro deber tener presente que este acto evocativo, es solo una fecha, porque la presencia de quien hablamos está vigente de manera permanente en el sentir de un amplio sector de cooperadores, y nos afirma más en el convencimiento de lo que fue su trayectoria en su paso por la vida, elemento digno de imitar por la presente y futuras generaciones.

Traemos a la memoria, decimos, la figura de un dirigente que entendió que respetando los principios y trabajando con convencimiento se puede avanzar a pesar de las adversidades que se deban afrontar.

De la misma manera que con ladrillo tras ladrillo se levanta una casa, con idea tras idea supo delinear un pensamiento, que edificó la importancia que este conlleva en la construcción de la coherencia humana y política, que constituye el ejemplo en el modo de vivir de las personas, y eso trasunta al valor que tiene el significado de vivir como se piensa.

La importancia radica cuando ese pensamiento no solo se utiliza para transitar la vida, sino se convierte en herramienta fundamental y faro, para guiar y transmitir hacia el imaginario colectivo, lineamientos con alto contenido humanitario en beneficio de la sociedad en su conjunto.

Los mismos principios que marcaron la integridad de su conducta llevaban implícito un pensamiento hecho carne que supo definir, con claridad y seriedad cual debía ser la salida para resolver situaciones, teniendo siempre presente aquello de que el fin no justifica los medios.

Desde ese entonces el itinerario de su vida fue marcado en un solo sentido, la defensa de los intereses de sus iguales, por eso no tuvo términos medios, siempre sus consignas, su actitud y su trabajo, estuvieron encaminados con un único objetivo, el bien común de los que menos tienen.

De esa larga etapa podemos rescatar buceando en sus escritos, si sabemos leerlos, párrafos enteros de distintas épocas con un solo hilo conductor, su preocupación por los demás y el bienestar del hombre, teniendo en cuenta el devenir del futuro y sus implicancias sobre la humanidad.

Su destino diríamos, nació prácticamente junto a los trabajadores y se profundiza en las múltiples ocupaciones que desarrolló, conduciendo un colectivo, fabricando sombreros o como bancario, y las llevo a cabo siempre intentando representar los intereses de su clase sin concesiones.

Esa vocación de servicio lo llevaría a incorporarse al movimiento cooperativo de crédito que estaba emergiendo, precisamente cuando comenzaba a manifestarse que faltaba el financiamiento a través del crédito en el campo popular para su desarrollo, y el IMFC iniciaba la inmensa tarea de construir un sistema financiero alternativo, que sirviera a los sectores populares.

Su experiencia sindical y política junto a una camada de importantes é inolvidables cuadros sociales y políticos, alimentaron desde el inicio, la faceta diferencial que debía interpretar ese cooperativismo desde el Instituto Movilizador, tal es así que en esos primeros años se comenzaba a perfilar lo que Gorini denominaría mas adelante, como una corriente especifica y por lo tanto distinta del cooperativismo, que el no dudaba de asociarla al objetivo socialista de construcción social, sosteniendo que la movilización y la participación popular consciente por una nueva sociedad, eran factores fundamentales para definir el curso transformador de la cooperación.

Para quienes fuimos sus discípulos siempre tuvo a mano la palabra justa, el consejo, una clase didáctica mas, transmitiéndonos el enorme caudal de conocimientos que acumuló en su larga y fecunda militancia en distintos movimientos, ya fueran estos gremiales, sociales o en su quehacer político siempre tenido en cuenta.

El mejor homenaje que le podemos rendir a Floreal es transcribir un párrafo de un discurso en un acto por el Día Internacional de la Cooperación que pinta de cuerpo entero su manera de pensar.

“Por eso la cooperación se plantea junto al trabajo y a la educación como una tarea constante, permanente, regular. Porque solo la cultura elevará al hombre, y el hombre hará transformar el trabajo y llegará a hacer que la máquina trabaje por él, y que lo suplante en aquellas tareas más brutales, inhumanas y pesadas”.

Aquí debemos detenernos todos un instante para preguntarnos: ¿Cuánto de filosofía y de humanismo tiene este razonamiento fundado en solo cuatro palabras: Hombre – Cultura - Educación –Transformación -. Cuatro palabras que fueron el paradigma del pensamiento de Floreal Gorini en su vida.

Segundo Camuratti